Al parecer este vídeo ha dado que hablar a mucha gente. Véanlo, sobre todo a partir del minuto 3’24” …
A esta señora todo el mundo la ha puesto a caer de un burro. ¿Y por qué? Pues simplemente por tener empatía, por preocuparse de los demás, por sufrir cuando sufren los que están en su entorno.
Se suele decir que la auténtica compasión es la que se tiene por aquéllos que están cerca. Ya saben la historia esa que cuenta, ¿Cela quizás?, del bautizo de chinitos pagado por ancianas españolas, merced a sus duros para las misiones. Y nos parece muy gracioso ver como disfrutan llamando, a un chinito, Félix, a otro Julián, a otro Dionisio.
En realidad, lo risible es que están comprando buena conciencia: no conocen a los chinitos salvados, en el mejor de los casos, de la grisura del purgatorio, así que cualquier esfuerzo caritativo es suficiente por definición.
Eso no pasa cuando ayudas a alguien que está cerca, o padeces con él (que eso es compadecerse). No, en esos casos, la ayuda o el sufrimiento tienen que ser reales, porque hay un sinalagma, una reciprocidad: el que ayuda recibe su ración de sufrimiento.
¿Y por quién se preocupa esta señora?: por las personas que le rodean, ésos que han perdido su trabajo y ya no pueden llevar a sus hijos al colegio de siempre, o que no pueden comprar en el supermercado porque, aunque tienen patrimonio, ya no tienen cash, que la cosa de vender está difícil. Y ya sabemos, desde Einstein, que todo es relativo. El que tiene mucho sufre brutalmente si su estatus se ve afectado. Esa frase tan criticada sobre los “pobres de siempre” y la costumbre de serlo, se ha sacado de contexto de forma demagógica. El sufrimiento es siempre personal. Psicológicamente, el que más tiene, más sufre cuando lo pierde. Y no sólo porque la pérdida relativa sea mayor. A menudo se olvida que la vida desahogada permite desarrollar ciertas capacidades intelectivas y afectivas, una espiritualidad superior, un instinto para las cosas exclusivas, que luego ya no se pierde. El “pobre de siempre” está más embrutecido (no me entiendan mal, no es culpa suya, pobre -valga la redundancia).
En realidad, yo creo que la jauría de perros es producto de la envidia. La gente no soporta a esta persona; no soporta el repiqueteo constante de las pulseras, la casa sin armarios, que hable de como “mamá” la llevaba a desfiles de moda de niños, los “saltitos” que da cuando sale del probador (demostrando un espíritu juvenil admirable), sus meditaciones mañaneras, su magnífico hieratismo, tan aristocrático y constante que a veces hace difícil entender lo que dice.
Yo no creo que albergue malos sentimientos hacia los pobres. Ni siquiera tengo claro qué entiende por “pobre”, aunque nos da una pista al referirse a pobres que piden. Simplemente no los considera, porque no los ve más que desde un punto de vista antropológico. Los pobres, para ella, son un “argumento” que sirve para dejar claro que las personas de su entorno lo pasan realmente mal. Mejor dicho: lo pasan incluso peor porque no tienen costumbre.
Yo quiero romper una lanza por ella y denunciar este plebeyo linchamiento.






Sí, señor Tse, así los quiero yo: valientes. Desciende un 21% el número de ricos españoles, caen los precios en los hoteles de lujo, las rebajas llegan a los hoteles de lujo; noticias todas de la prensa económica. ¿Dónde vamos a parar? Sólo una crítica a mi amiga Carmen: qué es eso de “por solidaridad, por ética, procuro gastar mucho menos”. Mujer, no, ¡es justo al revés! ¿Qué será de los pobres asalariados y accionistas de Lacroix, Hermès, Chanel, Bulgari? ¿O es que pretende que acaben todos como Escada? En la bancarrota. Tse, su buen corazón le pierde, poca empatía hay en ese comentario. ¡A ver si no es sincera!
Presunto culpable
http://www.elpais.com/articulo/opinion/conocia/mato/purgo/elpepuint/20091022elpepuopi_1/Tes
Es un viejo chiste: el agricultor se lamenta al intermediario, de que con esta tan mala cosehca apenas tiene para alimentar a sus hijos.
- Eso no es nada, apriétese un pco el cinturón. Pero fíjese yo, – responde el intermediario -, a ver cómo pago ahora el chalet de la sierra, el apartamento en los alpes, el yate, el club de Tenis, el colegio, la asistenta, la cocinera, el jardinero, los trajes, las anchoas de Santoña, el Infinity…
Pero, hombre de Dios…ha puesto usted un vídeo de porno duro…se me han saltado los colores…
jejeje
Cuando lo de Banesto hubo alguno que cogió una depresión: “estoy arruinado… mi vida se va al carajo, qué depresión… me voy de vacaciones a las islas griegas a ver si se me pasa.”
por cierto que vi ese vídeo en ‘directo’.
Me preguntaron si todos los ricos eran tontos. Conteste que la muestra mostrada no es representativa. De hecho hay que ser un poco tonto para mostrarte en la tele: ya seas rico o seguidor del realmadrid.
Les leo, pero no termino de tenerlo claro: ¿ustedes están a favor en contra?
justo a mí me pasa lo mismo, no termino de tenerlo claro
un consejo: pregúntele a rajoy
Depende.
Esa mujer jamás saldrá del armario: vive en uno.
Yo la envidio un poco, no mucho; Tse la apoya porque es su vecina.
¿Cómo fue eso, qtyop?
Es la primera vez que veo a esa señora (Tse no deja de sorprenderme). Probablemente es “la hija de” o la “señora de”. Estoy con Tse, ¿nos meteríamos con el protagonista del anuncio de La Caixa? Sí, ese que dice: tengo una inteligencia límite… limitada. Pues eso, ¿qué culpa tiene ella de su genética?
Holly Golightly, la heroína de Desayuno en Tiffany’s, hablando de Tiffany’s precisamente: ‘He descubierto que lo mejor es coger un taxi y presentarse en Tiffany’s. Eso me calma en seguida, esa tranquilidad, ese espacio. Nada malo puede ocurrirte allí, en medio de esos hombres guapos enfundados en sus estupendos trajes, y de ese maravilloso olor a platería y a carteras de cuero de cocodrilo’.
Una tesis sobre esa cosa… Si no te afecta diretahente, te afecta indirectahente (pronunciación efecto postesado del cogote hacia los mofletes). La herdad es que no he ido nunca, pero debe ser muy dihertido (sentencia acerca de los mercadillos; el Banquillo Central Euroheo, un poner).
¡Señora, gaste más, coño, gaste que en estos momentos la solidaridad y la ética no necesitan de su contención, sino de su dispendio, carajo!
Eso sí, suher solidaria, la tía.
(Lo siento, pero esto ya es el mismo colmo de todo. Me traslado a vivir a Marte.)