Les traigo la entrada de este blog por dos razones:
En primer lugar, porque es curioso comprobar cómo en Suiza (¡en Suiza!) parece reproducirse esa división Norte-Sur entre trabajadoras-vagos. También aquí se menciona el PER (por cierto no se habla de la minería asturiana) y los catalanes se quejan de que con sus impuestos se les paga los ordenadores a los niños extremeños. En realidad, en Suiza, la cosa es Noreste-Sudoeste, aunque la explicación se da rápidamente: en un lado germánicos currantes, en el otro, vagos franceses e italianos. Uno de los comentarios menciona el caso belga, y se repite la versión PIGS de la vida.
La segunda razón es un poco más frívola. Un comentarista dice que no le gusta el artículo, que está lleno de prejuicios y es maniqueo. La autora del blog le responde
Et vous avez raison puisqu’il ne s’agit pas là d’un article mais d’un post, écrit sur un blog. Pour lire un article, achetez le journal. Cordialement,
Tiene usted razón, ya que no se trata de un artículo sino de un post escrito en un blog. Para leer un artículo, cómprese un periódico. Cordialmente,
¡Qué jodía! La gracia que me ha hecho.






La idea de dignidad humana, por sí sola, no debería plantear muchos problemas. Es -bueno, debería ser- una forma abreviada, además de solemne, de decir que el hombre es acreedor por parte de otros seres racionales finitos -ángeles, marcianos y hombres- de un respeto muy grande que viene en la Declaración de Derechos del Hombre. Pero casi todo el mundo, olvidando esa modesta función de la ‘dignidad humana’, la reifica. El paso siguiente, más erróneo todavía, consiste en convertirla en la causa del derecho cuando sólo es un sinónimo del mismo. “El hombre -dice casi todo el mundo- merece muy buen trato a causa de su dignidad especial”, cayendo en la redundancia de decir que el hombre merece un respeto especial porque merece un respeto especial.
Mañana hará su aparición el especimen sindical de nueva generación. El arma total. La silicona ya es historia. Nace: el piquete liberado.
los franceses nos han dado pal pelo (2.5-1.5) por culpa de un Qg3 inoportuno en el tablero 4.
ivanchuk 6 de 6 en el tablero 1. eso supone una actuación con un elo equivalente de 3382. monstruo.
[3]
oiga, eso es cuánto es en cristianosronaldos?
De pequeñitos cantábamos (voceábamos, vociferábamos, desafinábamos):
“Qué buenos son los padres escolapios, qué buenos son que nos llevan de excursión”.
Mañana podremos revivir nuestra infancia y cantar:
“Qué buenos son los sindicatos de clase, qué buenos son que nos llevan de excursión”.
Porque lo de mañana es una excursión, una romería, el jueves alrdero adelantado, si quieren, proque huelga lo que se dice huelga… huelga decir que no.
[0] ¿Alguien sabe si el patrón se repite en las antípodas?
He dejado un comentario chez Marie Maurisse. Que lo está moderando, dice. Lo he hecho porque, por andar turisteando, me he quedado sin abrazo.
Estoy seguro que en cada ciudad habra un objetivo para que se visualice la huelga. En la mia que cierre El Corte Ingles.
4
ese cristianoronaldo me suena de algo, es jugador de snooker?
sin buscarla me he encontrado con esta cita:
Let the Gypsies come and blossom.
We miss them.
They can help us by irritating our fixed orders.
They are what we pretend to be; they are true Europeans.
They do not know any borders.
Günter Grass
Almudena Grandes y Miguel Ríos, republicanos, se alinean con la Casa Real. Mañana suspenden todos sus actos públicos. Porque descontarles, lo que es descontarles un euro, eso no sucederá.
Una vez leídos los comentarios sobre los presuntos derechos de los restantes homínidos, sigo pensando que ni siquiera los que dicen que basta con algún procedimiento limpio de definiciones esencialistas, y aun más limpio de la hojarasca propia de la antropología mística, para poder atribuir un derecho fundamental a un individuo. Por ejemplo, el derecho de los negros de America a la libertad vendría de su lucha victoriosa. El ejemplo, descrito por mí con las palabras que más me convienen, es ambiguo, como suelen serlo algunos planteamientos positivistas sobre este asunto.
Si en la expresión ‘lucha victoriosa’ hacemos hincapié en la victoria, lo que decimos es que tienen ese derecho porque se lo ganaron. Sobra añadir que, si hubieran sido más ambiciosos y hubieran esclavizado a los blancos, el resultado sería para el observador positivista igual de satisfactorio. Lo dicho se resume así: lo que sucede sucede.
Pero otras veces se insiste más en la lucha. En estos casos tengo la impresión de que lo que se está diciendo es que el derecho a su libertad lo ganaron los negros en el momento en el que lo reclamaron, aunque jamás hubieran tenido éxito. Nótese que ahora lo ganado no es exactamente el derecho sino la legitimidad de ese derecho, el derecho a tener ese derecho; y nótese también que el derecho a tener derecho se parece mucho al iusnaturlismo, y nótese, por último, lo que quiero destacar: es la concesión de otros, más que el propio éxito, lo que cuenta a la hora de reconocerles su derecho a ser (considerados) plenamente humanos.
Iré un poco más lejos. No es tanto la reclamación como la posibilidad de reclamar la que parece contar como motivo para concederles su plena condición humana. ¿Cuál podrá ser el motivo de conceder a quien no ha llegado a reclamar que lo traten como a un humano que hubiera gente dispuesta a tratarlo como a tal? No se ocurre otra respuesta que el hecho de que los que querían tratarlo como un humano ya lo consideraban humano desde el principio.
Espero haber mostrado cómo, de atenernos a la segunda interpretación de ‘lucha victoriosa’ la solución tiene que ver con la creencia en la pertenencia de los negros a esa comunidad de seres racionales que no son medios sino fines, etcétera.
El reacio a estos juegos clasificatorios responderá que el hecho de tener en cuenta la posibilidad -una alta probabilidad y no una inocua posibilidad lógica, advertirá- de que algunos exijan un derecho para concederlo se basa en el hecho -y repetirá: hecho- de nuestro temor a que nos traiga problemas no dárselo, y no en ningún galimatías legitimador. Pero sigue en pie la sospecha de que ha tenido que recurrir a una definición de hombre que le permitiera saber de antemano donde podía detenerse en sus concesiones. No habría podido evitar, si mi sospecha es acertada, la rancia, escolar y hortera pregunta por la esencia del hombre.
Y encima ahora viene el hominidista y pregunta qué problema hay en dar un paso más y conceder algún derecho a los que no pueden reclamarlos pero son homínidos, esto es, muy semejantes a los hombres si los comparamos con otros animales.
No me convence que, para negar el regalo de derechos a otros animales, se diga que no son de los nuestros. Es una pobre idea del hombre la que sólo ve en él un ser dispuesto a mirarse, y a rascarse, el ombligo. Además de la empatía, nuestra razón nos descentra, nos distrae de nosotros; nos hace observadores. Y, puestos a observar, la razón tiene sus gustos. Por ejemplo, le gusta mucho armonizar datos y resultados, de tal modo que si los datos son continuos también le gusta que lo sea el resultado. Si en una función la variable independiente es continua, confiamos en que la dependiente también lo sea.
Hay en nosotros una especie de estética de la razón que nos prohíbe, por ejemplo, responder a la inmensa variedad de la naturaleza -una escala gradual hecha, como quien dice, de infinitas e infinitesimales diferencias- con un sí o no, hombre o no hombre, susceptible de ser tratado con respeto o a patadas. Naturalmente, la escala de las respuestas nunca se acercará a la riqueza de la naturaleza; pero romperá al menos la dicotomía. Es más, aunque poco más, racional.
¿Bastaría para satisfacer esa curiosa necesidad de la razón con graduar nuestros deberes con los demás bichos sin tener que conceder a nadie más que a los hombres la titularidad de derechos? No, porque entonces tendríamos la dicotomía formada por los que tienen derechos y los que no tienen. La razón demanda, por ello, que también el concepto de derecho amplíe su campo de aplicación, y que de paso se haga más elástico, otro modo de acercarse a la gradualidad inagotable de la naturaleza.
La única objeción que pongo a la propuesta a favor de los grandes simios se basa en lo que tiene, y tiene mucho, de derrame bondadoso. Eso no me gusta; no, no me gusta.
Buenas noches.
Se me fue el santo al cielo, y no terminé la primera frase del comentario anterior. Lo intento de nuevo:
Una vez leídos los comentarios sobre los presuntos derechos de los restantes homínidos, sigo pensando que ni siquiera los que dicen que basta con algún procedimiento limpio de definiciones esencialistas, y aun más limpio de la hojarasca propia de la antropología mística, para poder atribuir un derecho fundamental a un individuo, pueden desentenderse de los viejos argumentos esencialistas.
No quiero revisar el resto a la vista de tan mal comienzo. Además nunca se sabe si no es mejor lo que uno no ha querido decir. Buenas noches de nuevo.