La prisión de oro

A menudo la evolución de una lengua ha tenido como motor la necesidad de preservar algún texto sagrado.

Lo que resulta extraordinario es que, una vez alcanzada la perfección suficiente para contener y develar la voz de los dioses o de sus mensajeros, se haya convertido en piedra. Eso sucedió con el sánscrito.

En el siglo IV a. e. un ¿gramático? llamado Panini decidió resolver para siempre el problema de pronunciar con exactitud las sagradas y exactas formas de los Vedas. Lo hizo escribiendo el Ashtadhyayi, una obra que reúne cuatro mil sudras, máximas, que no sólo recoge, de forma detallada, el léxico usado por los brahmanes, sino que fija procedimientos reglados y casi automáticos para su ampliación. La obra resultó tan convincente que rápidamente se la conoció como samskrta, perfecta. Y esa reputación produjo un efecto asombroso.

Los jainas y los budistas usaban otros idiomas para sus textos sagrados. También se utilizaba una forma del sánscrito diferente, llamado prácrito, en la vida cotidiana y en la propia administración. Sin embargo, el poderoso instrumento gramatical de Panini fue capaz de convertir a la forma religiosa del sánscrito en la única digna para cualquier lenguaje religioso y cultivado. Porque la gramática perfecta fue la que se utilizó para la alfabetización general que se produce en la época Gupta y no se podía ser una persona cultivada sin haberla aprendido de memoria. Al final, no sólo todos los textos sagrados de las otras dos grandes religiones de la India (antes de la aparición de los sikhs) se tradujeron al sánscrito, sino que ese fenómeno se aplicó a cualquier producción de nivel. La literatura, la poesía, los dramas, las obras técnicas y científicas. Todas utilizan el sánscrito. Y, como ha ocurrido en otros momentos y con otros lenguajes, las reglas se convirtieron en un acicate para la búsqueda de la perfección formal y la sutileza. Esa búsqueda alcanzó cotas no superadas durante un milenio. Mientras aquí destrozábamos el latín y el griego, olvidando los signos de la civilización, en la India, los poetas nos hablaban de las ocho pasiones de los hombres, el amor, la risa, la vitalidad, la ira, el miedo, el dolor, la repugnancia y el asombro, con ejemplos de dioses que parecen hombres y hombres que parecen dioses.

6 comentarios en “La prisión de oro

  1. Definitivamente, sus padres dilapidaron el dinero en usted. ¡Horas de camión y carreteras con nieve para qué! Sánscrito, época Gupta, sihks…

    Por cierto, que los viejos fans tenemos más peligro que nadie (o eso me han dicho). Lo digo por su entrada de ayer y la fiebre.

  2. “A Panini también se le llamó Shalaturíia (śālāturīya): ‘natural de Shalatura’’, una aldea en la margen derecha del río Indo, en el noroeste de la India” (Wikipedia).

    Debe tratarse de un error de transcripción, ya que Panini era natural de Siurana, provincia de Tarragona, y llegó a la India en misión diplomática, enviado por alguno de los reyes catalanes de la dinastia mitjana. De hecho, está documentado su intento de enseñar a los hindúes a bailar la sardana, que resultó estéril debido a la inmadurez de aquel pueblo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s