Fakes

Me manda uno de mis hermanos inventados (el de la inventada fotografía del “dogedar”) una fotografía de una clínica china de recogida de donativos espermáticos, en la que unas, aparentemente, asépticas empleadas masturban a los donantes con gran profesionalidad. Ha circulado por muchos blogs, por lo que he visto. Por desgracia para los que dicen “no me lo puedo creer”, se trata de la imagen promocional de una película porno japonesa. Un fake, que dicen los enterados.

También creo que es un fake esto, aunque todavía no tengo pruebas. Pero hay que ver lo que me han hecho reír los jodíos …


Todo lo que siempre quiso saber sobre la fotosíntesis y la respiración celular y no se atrevió a preguntar (I)

Cuando estudiaba en el colegio, me contaron que la fotosíntesis era un milagro. Y algo más, que no se sabía bien cómo funcionaba. Así lo creí durante mucho tiempo (y me pareció un asunto extraordinario) hasta que investigué algo más sobre el asunto y descubrí que el impersonal “se” debía aplicarse al profesor en cuestión.

No obstante, el descubrimiento no impidió que siguiera maravillándome. Sólo las plantas trabajan, amigos míos. Los demás somos unos vampiros, unos parásitos. Nos aprovechamos del trabajo duro.

Esta “guerra” tiene sólo dos mil millones de años. Cuando se empezaron a agotar las moléculas orgánicas creadas en esos turbulentos días en que se formó el planeta, la cosa se puso chunga para las células que vivían bostezando en la sopa original. Hubo suerte: algunas células “aprendieron” a utilizar la energía que les llegaba del Sol para fabricar azúcares. El proceso terminó produciendo oxígeno y la cosa volvió a ponerse chunga.

El oxígeno, aunque les hayan contado otra cosa, es bastante cabroncete. Tiene la manía de combinarse con gran facilidad y cuando anda suelto se dedica a romper pacíficas moléculas. Por eso el dietista les quiere vender antioxidantes y así luchar contra los radicales libres que se dedican a acortar su triste vida llena de zanahorias, soja y kiwis.

Por otro lado, como combustible es estupendo. Así que, aparecieron otras células que usaban oxígeno para producir energía y darse una fiesta. Al principio lo hacían torpemente, mediante un proceso denominado glucólisis. Pero luego, cuando aprendieron a fabricar y utilizar enzimas, empezaron a producir grandes cantidades de energía. Unos descendientes de aquéllas células llamaron a ese proceso “respiración celular”.

Les juro que se trata de algo fascinante. Pero para poder hablar del asunto, es necesario comenzar con las reacciones exergónicas y endergónicas, los catalizadores, y con unos amiguitos trascendentales, las moléculas portadoras de energía. Sin ellas, ¿sabe que le pasaría … ahora?

¡¡Estaría muerto!!

Las más importantes son el ATP (adenosín trifosfato) y el NAD+ (dinucleótido de nicotinamida adenina) y sus parientes.

De momento, les dejo la foto de ambas y algunos recursos “nemotécnicos” en un vídeo educativo.

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Tabúes sobre el aborto


Soy partidario de una ley de plazos en el asunto del aborto. Y sólo admitiría una excepción: que peligre la vida de la madre por razones físicas. Sólo esa. Incluso en el supuesto de violación, no entiendo por qué si se fija un número de semanas, va a poder sobrepasarse. Para tomar la decisión el plazo es suficiente. Considerada la cusa eficiente de esa decisión, no veo, si se admite que se tome más allá del plazo, por qué limitarla al embarazo y no permitir a la madre que mate al niño fruto de la violación mientras duerme en la cuna.

Dicho esto, hay tres tabúes (generalizados entre los “pro” y los “contra”) en este asunto que enmarañan siempre la discusión:

1.- El primero es que la vida humana es sagrada. Si conviniéramos que las prohibiciones sobre este particular son resultado de acuerdos derivados de una experiencia de siglos, nos iría mucho mejor. Porque las reducciones al absurdo presentan un problema en cuestiones éticas: siempre hay alguien que es feliz viviendo en el absurdo, sin concluir que los postulados absolutos puedan estar equivocados. Como este tabú está generalizado, nos encontramos a la ministra Aído explicando que un feto no es una vida humana.

2.- El segundo es que abortar es siempre un trauma para la mujer que aborta. Esto lo he oído siempre en cualquier debate, como preámbulo. Sin embargo, nadie me lo ha probado. Y sospecho que se trata de la típica generalización para calmar ánimos y para evitar acusaciones de desalmado. Me parece más razonable que, a menudo, la mujer que aborta no padezca ningún trauma, sino que se sienta aliviada.

3.- El tercero es que nadie “está por meter en la cárcel a las mujeres que abortan incumpliendo la ley”. Y yo me pregunto: ¿por qué esta unanimidad? Bien al contrario, yo pienso que si se aprueba una ley de plazos, la consecuencia de abortar fuera de los plazos debería ser la prisión. En las leyes se establecen, a menudo, límites cuantitativos que convierten a una conducta en delictiva. Y yo estoy seguro de que mucha gente que es contraria al aborto, transigiría con una ley que lo restringe a las etapas iniciales, y castiga severamente la conducta cuando se produce con posterioridad. Porque esas personas, pese a la cháchara, distinguen perfectamente entre un embrión de quince días y uno de doce semanas.

Sólo una solución de compromiso que sea razonable y la exigencia de una conducta responsable nos permitirán convivir dentro de este embrollo. Naturalmente, y como era de esperar, el proyecto actual, construido sobre esos tabúes y con otros “añadidos” socialdemócratas, es un magnífico bodrio.

Nunca te irás a la cama sin aprender algo nuevo


Llego a casa a las diez y media de la noche. Llevo toda la tarde dándole a la “húmeda”, intentando explicar por qué pasan las cosas que pasan en los juzgados. Mi hija mayor me persigue mientras me “destrajeo”. Quiere que le explique no sé qué de las plataformas continentales, las dorsales oceánicas y las zonas de subducción, porque mañana tiene un examen. De paso, aprovechando la tectónica de placas y Valladolid, consigue que le pregunte y le recomiende algún recurso nemotécnico para herciniano y Pamir, entre bocado y bocado, que voy cenando.

Luego aparece la pequeña. Por algún extraño azar del destino le han encomendado explicar a sus compañeros como se fabrica el Dalsy. No me pregunten cómo es posible tamaño dislate. Mira que hay cosas chulas que se pueden explicar a los niños de nueve años, antes que esto …

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Así que, después de abandonar los abismos oceánicos, me pongo a buscar cómo se fabrica el ibuprofeno, con cierto fatalismo, por decirlo suavemente.

Menos mal que la imagen de la molécula vale más que mil palabras …

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… y que la síntesis de la dichosa es un ejemplo de química verde. Gracias a los premios recibidos, mi hija podrá dejar de lado el tricloruro de aluminio y los catalizadores de níquel y paladio, y centrarse en que fabricarlo no daña el medio ambiente.

Por fin he terminado. Me he preparado un café. Y me he tomado un ibuprofeno.


No pronunciarás el nombre de Dios sin las matemáticas adecuadas


Al parecer fue John Von Neumann el que sugirió a Claude Shannon y Warren Weaver que utilizasen el término entropía para medir la cantidad de información. La sugerencia tenía su punto de coña: llámale entropía, total, nadie sabe lo que es. El uso, en realidad, también tenía que ver con la similitud entre las ecuaciones que se utilizan cuando hablamos de entropía termodinámica y de entropía “informacional”. Sin embargo, muchos consideran que esta coincidencia trajo más confusión que claridad, porque tratan de cosas muy diferentes. La entropía termodinámica nos habla de la realidad. Nos indica cómo será el panorama en la dirección del tiempo futuro. O lo que es lo mismo, la segunda ley de la termodinámica nos dice que la banca gana siempre. Sin embargo, la cantidad de orden o desorden en el mensaje sólo podría relacionarse suficientemente con un proceso físico tan definido si fuéramos capaces de hacer, con el bit, algo parecido a la descripción exacta e inexorable de la pérdida de calidad de la energía que mide la entropía termodinámica (en el supuesto de la segunda ley). Pero la cantidad mínima de información puede exigir un gasto energético muy grande o muy pequeño.

La incertidumbre termodinámica es machaconamente real, porque es simple consecuencia de la medida de distribución de la energía, antes de que se alcance la paz del cementerio cósmico. La incertidumbre del mensaje nos dice qué cantidad de orden hay o va habiendo en la información que recibimos. Pero, de forma sorprendente, descubrimos que la información sobre el mundo real tiene que aumentar cuando aumenta el desorden.

Esta parte de la cuestión es la más extraña. Si queremos informar de un estado más desordenado, deberemos emplear muchos más bits que si debemos informar de uno más ordenado. Es más “barato” describir las estanterías de un supermercado antes de que se abra el comercio que después de que pase un huracán. El desorden nos exige más cantidad de información.

Por eso es tan ilusoria la idea de que una mínima entropía termodinámica exija una presencia de un sujeto “cósmico” (al que por convención, llamaré Dios) repleto de información.

En realidad, esa equivalencia, de existir, nos indicaría que Dios no es, como nos llevan diciendo profetas, gurús y filósofos desde el origen de los tiempos, incognoscible por su infinita complejidad. Si nuestro sujeto cósmico está lleno de orden, describirlo debe ser insultantemente sencillo.

Más sencillo que describir las manchas del jaguar, un resplandor, una espada o los círculos de una rosa, que diría Tzinacán. Incluso llamarlo 1/4 del área de Planck me parece excesivo. Todos los atributos de Dios podrían decirse con un simple berrido.

Hot!


Hace poco hablaba con un amigo de cine. Después de coincidir en cuán deleznable es Malditos bastardos, la película de Tarantino, nos deslizamos hacia comentarios de viejos, recordando los personajes de La Diligencia o la escena de patinaje de Tiempos Modernos. Es difícil comprender el genio de los que inventan algo que luego será imitado por todo el mundo. Salvo, claro está, que no sepas que ese recurso, esa manera de hacer las cosas, que ves por vez primera, es eso, una copia. Casi siempre, una mala copia.

Son casi las dos de la mañana. Acabo de terminar de hacer dos cosas: de trabajar y de escuchar esto, de corrido …

back out

Entre 1925 y 1928, en Chicago, Louis Armstrong grabó algunas de las piezas más extraordinarias de la historia de la música. Lo hizo, utilizando conjuntos creados sólo para las sesiones de grabación y que no tocarían jamás fuera de estudio. Son los famosos Hot Five y Hot Seven.

La calidad de esas piezas varía, naturalmente, pero lo que no cambia es el poder de Louis Armstrong. Sobresale por encima de todos los instrumentistas, de manera fulgurante, a veces brutal. Cuando alguno de ellos toca excepcionalmente, Armstrong le supera. Así sucede con Johnny Dodds en Aligator Crawl o en Potato Head Blues. Y no se trata sólo de maestría técnica, de control del sonido, de una extraordinaria capacidad rítmica entre acentos dificilísimos, de virtuosismo en los saltos y en el fraseo pleno de sonido y emoción. Hay algo más. Armstrong, en esas grabaciones, inventa el lenguaje del jazz; de sus líneas melódicas, de sus improvisaciones, de la fuerza del desarrollo rápido, chispeante, sorprendente, homogéneo y lógico, de sus ideas musicales, beberán todos los que llegan después.

La cumbre de esta revolución es el extraordinario stop time de Potato Head Blues.


Óiganlo unas cuantas veces y ahora, canten, si son capaces, a la vez (desde el minuto 2’04”):

S T PHB

Bromas


En El Mundo de ayer aparece un vídeo que, por lo visto, se ha convertido en noticia en todo el mundo (ésta vez en minúsculas). Se trata de un programa japonés de cámara oculta en el que la gracia es observar a un pobre hombre aterrorizado que se arrastra porque cree que están matando a todos los que le rodean.



Había pensado comentar que es increíble que sea noticia que los japoneses se pasen en uno de sus programas. Al fin y al cabo, ahí está la reprimenda de Homer al final del inmortal capítulo Los Simpson en Japón para resumir dos verdades evidentes: que a los japoneses les gusta ver a la gente pasarlas putas y que lo mismo nos pasa a todos los que no somos japoneses (estos plurales no tienen por qué incluirle a usted en concreto, ¡ni a mí!).

Sin embargo, después de ver el vídeo, la idea que me venía a la cabeza era algo más turbadora. Me preguntaba, ¿por qué se ríe la gente? Porque uno puede comprender que el productor llegue al punto de idear una salvajada de este calibre. Le va en ello la pasta, y como es de letras no sabe que, a veces, cuando se llega un poquito más lejos se pasa del estado líquido al gaseoso. Lo que es difícil de comprender es por qué la gente se ríe. Sí, ya lo sé, están predispuestos. Pero, ¿no ven la cara de horror del pobre hombre? ¿No les avergüenzan sus lloros? ¿No les asquea la flechita que nos indica, por si acaso, el recorrido que seguirá mientras se arrastra, como una cucaracha? ¿No se imaginan, ni por un instante, como protagonistas de una situación similar?

Quizás la respuesta sea sencilla.

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Lublin
Irak
IRAQ WAR GAMES

Entrada absolutamente en serio


Al parecer este vídeo ha dado que hablar a mucha gente. Véanlo, sobre todo a partir del minuto 3’24” …



A esta señora todo el mundo la ha puesto a caer de un burro. ¿Y por qué? Pues simplemente por tener empatía, por preocuparse de los demás, por sufrir cuando sufren los que están en su entorno.

Se suele decir que la auténtica compasión es la que se tiene por aquéllos que están cerca. Ya saben la historia esa que cuenta, ¿Cela quizás?, del bautizo de chinitos pagado por ancianas españolas, merced a sus duros para las misiones. Y nos parece muy gracioso ver como disfrutan llamando, a un chinito, Félix, a otro Julián, a otro Dionisio.

En realidad, lo risible es que están comprando buena conciencia: no conocen a los chinitos salvados, en el mejor de los casos, de la grisura del purgatorio, así que cualquier esfuerzo caritativo es suficiente por definición.

Eso no pasa cuando ayudas a alguien que está cerca, o padeces con él (que eso es compadecerse). No, en esos casos, la ayuda o el sufrimiento tienen que ser reales, porque hay un sinalagma, una reciprocidad: el que ayuda recibe su ración de sufrimiento.

¿Y por quién se preocupa esta señora?: por las personas que le rodean, ésos que han perdido su trabajo y ya no pueden llevar a sus hijos al colegio de siempre, o que no pueden comprar en el supermercado porque, aunque tienen patrimonio, ya no tienen cash, que la cosa de vender está difícil. Y ya sabemos, desde Einstein, que todo es relativo. El que tiene mucho sufre brutalmente si su estatus se ve afectado. Esa frase tan criticada sobre los “pobres de siempre” y la costumbre de serlo, se ha sacado de contexto de forma demagógica. El sufrimiento es siempre personal. Psicológicamente, el que más tiene, más sufre cuando lo pierde. Y no sólo porque la pérdida relativa sea mayor. A menudo se olvida que la vida desahogada permite desarrollar ciertas capacidades intelectivas y afectivas, una espiritualidad superior, un instinto para las cosas exclusivas, que luego ya no se pierde. El “pobre de siempre” está más embrutecido (no me entiendan mal, no es culpa suya, pobre -valga la redundancia).

En realidad, yo creo que la jauría de perros es producto de la envidia. La gente no soporta a esta persona; no soporta el repiqueteo constante de las pulseras, la casa sin armarios, que hable de como “mamá” la llevaba a desfiles de moda de niños, los “saltitos” que da cuando sale del probador (demostrando un espíritu juvenil admirable), sus meditaciones mañaneras, su magnífico hieratismo, tan aristocrático y constante que a veces hace difícil entender lo que dice.

Yo no creo que albergue malos sentimientos hacia los pobres. Ni siquiera tengo claro qué entiende por “pobre”, aunque nos da una pista al referirse a pobres que piden. Simplemente no los considera, porque no los ve más que desde un punto de vista antropológico. Los pobres, para ella, son un “argumento” que sirve para dejar claro que las personas de su entorno lo pasan realmente mal. Mejor dicho: lo pasan incluso peor porque no tienen costumbre.

Yo quiero romper una lanza por ella y denunciar este plebeyo linchamiento.

De pobres, probos, robos y bobos


Los embajadores venecianos son una de las fuentes más preclaras de lo que pasaba en las cortes europeas (incluyendo la de Estambul) y de cómo eran las sociedades en la baja Edad Media y la época moderna. Además eran unos cotillas de tomo y lomo. La habilidad y la constancia de esos hombres era resultado de una política de estado. No se escogía a cualquiera: los que mandaban valoraban la información sólo un poco por debajo de la propia riqueza. No es extraño que aparezcan en muchos libros de historia.

Todo esto lo cuento porque me encontré hace poco con las opiniones de Felipe II sobre un tema de moda: el sueldo y el patrimonio de los servidores públicos. Y me hizo mucha gracia, porque podría aplicarse perfectamente a la época actual.

Al parecer, Felipe II era bastante tacaño con los emolumentos de sus agentes y consejeros. Dice el embajador veneciano: Da poco, reparte pocas mercedes, acostumbra a decir que sus ministros ya se hacen a sí mismos bastantes regalos y gratificaciones, pues todos los que tienen alguna intervención en los caudales públicos se enriquecen.

Así sigue siendo España. Un lugar en el que un diputado, un senador, un ministro, o un presidente del Gobierno, percibe sueldos miserables considerada la enorme responsabilidad e importancia de su función. Un lugar en el que es poco probable que alguien honrado se dedique a la política si es brillante o sobresaliente. Un lugar en el que personas que controlan los inmensos recursos del estado se dicen transparentes porque nos enseñan sus nóminas y notas de un registro de la propiedad.

Yo creo que se han pasado. Que han sobreactuado. Me recuerdan al típico empresario chorizo-con-bugaguapo-barco-y-pelucodetequierounhuevotío, que lleva al juzgado su mileurista declaración de la renta y la carta de despido, firmada por algún mandado, para demostrar lo mal que le va en la vida.

Lo malo es que, incluso cuando se sobran, siempre hay algún gilipollas que se lo cree.