Receta para guisar el pulpo


Hay un aspecto interesante en lo sucedido ayer con las adhesiones nacionales que no he visto subrayado en ningún lugar. Si el Tribunal Constitucional realiza una faena de aliño, quedándose en el conocido y trilero “ni pa ti ni pa mí”, sin tocar el Estatuto en su núcleo, y los órganos de los partidos catalanes (ya saben, los comités de dirección, los periódicos, el Fútbol Club Barcelona, el Colegio de Abogados de Barcelona, etc), después de la que han montado, se lo toman con tranquilidad, habrán conseguido el objetivo de desactivar cualquier crítica contra la sentencia. Terminarán siendo, ellos, los razonables. Al exigir que no se toque una coma y “transigir”, provocarán el alivio de muchos, que les perdonarán sus actos pasados. Además, cuanto mayor sea la reacción contra el texto, más “justificado” quedará su comportamiento anterior. Al fin y al cabo, ellos montan el cirio e inmediatamente preguntan a todos los demás: “tú, si sale una sentencia que declare el Estatuto constitucional, ¿no vas a meterte con el TC?”. Y los que no habían abierto la boca tienen que contestar: “no, no yo acataré la sentencia, diga lo que diga”. Alguien dirá que es obvio, que hay que acatar la sentencia. Sin embargo, en ese acatar hay algo más. El retraso en dictarla no es neutral. La prueba es que el retraso “sine die” implica la constitucionalidad de hecho del Estatuto. Llevamos tres años tragando THC (y no se me ha colado una letra) y ahora, esto, es sólo una hostia para ver si estamos bien dormidos. La jugada es magnífica: ya estamos listos para una nueva prueba de madurez.

Nos acaban de decir que necesitan espacio


Hace un par de años, con la excusa de un artículo de Azúa, di mi opinión sobre la posibilidad de celebrar referendos sobre independencia (en Cataluña y en otros sitios).

No se trataba de una ocurrencia de última hora: lo vengo defendiendo desde hace muchos, muchos años. Como vengo manteniendo desde hace muchos años, por ejemplo, que sólo un estado acomplejado se abstiene de recuperar competencias cuando se usan contra ese estado, tal y como ha sucedido en el País Vasco.

Cuando los que mandan se apuntan a unas tesis (de tanta importancia) y se apoyan, para ello, en la voluntad no manifestada de la gente, no queda más remedio que falsar la tesis. Lo malo es que el día que queramos falsarla, la tesis habrá muerto.

Lo del Estatuto de Cataluña y la sentencia del Tribunal Constitucional es simplemente grotesco. La irresponsabilidad de los magistrados, que llevan tres años vacando, es enorme. Hagan lo que hagan, su dejación ha permitido que los hechos se impongan sobre las normas. Y la prueba más evidente de su irresponsabilidad se encuentra en el Yo acuso que han publicado doce periódicos catalanes. Lo primero que dicen es que llevan tres años esperando, ocultando interesadamente que sin esos tres años y la cocción lenta de las conciencias mediante actos, leyes y reglamentos de desarrollo del Estatuto, ese manifiesto conjunto habría resultado imposible.

Ahora, antes de seguir, les contaré una historia: en un matrimonio en apuros, ella dice que necesita espacio. Él se resigna. Ella comienza a estudiar una oposición a algo y él paga (y pinta) un piso. Allí, ella podrá estudiar. Sin embargo, meses más tarde, la cosa sigue sin mejorar. El suegro, que conoce los delicado de la situación, paga un viaje a toda la familia a Nueva York; un viaje por todo lo alto. Allí van los padres, los hijos y los cuñados y cuñadas. Ella va también, claro. Es Navidad, y un viaje romántico y familiar puede que reconduzca la situación. Se hacen fotografías en lo alto del Empire y van al Madison a ver a los Knicks. Él vuelve a sonreír, ahora que parte lanzas de nuevo. Cuando vuelven del viaje, sólo dos o tres días después, ella le dice: “te abandono”. Al poco tiempo, él se entera de que, en el pisito monacal, ella se ha dedicado infatigablemente a regar los cuernos que le han ido creciendo al marido en la cabeza.

Después de contarles esto, va mi petición: ya les hemos pintado el piso. Por favor, no seamos tan gilipollas como para pagarles el viaje a Nueva York.

Tres o cuatro paridas


Cuenta Martin Gardner sobre 4’33”, la obra de Cage …

Yo no he oído una ejecución de 4’33”, pero amigos que lo han hecho me dicen que es la mejor composición de Cage.

Lo extraordinario es que no opine quien no la ha oído y sí opinen los que la han oído.

También se cuenta* que en 1974 se publicó un libro con todas sus páginas en blanco llamado The nothing book, y que tuvo varias ediciones. La radicalidad del autor fue, sin embargo, mal recompensada: el autor de otro libro en blanco presentó una demanda por plagio. Supongo que el asunto quedaría en nada. Y espero que el primer autor del libro en blanco no tuviera un negro (le imagino farfullando mientras corrige las galeradas).

Al leer el sucedido, me he preguntado si se adujo el principal argumento: un libro en blanco es un plagio de lo que hay escrito antes de que empiece el Gilgamesh.

* Saco noticia de estas nadas de un libro sobre la nada que acabo de empezar a leer. Por fortuna tiene palabras impresas. Ya les contaré que tal.



Maravillas de la naturaleza:





Me ha gustado mucho este resumen de la película “2012”.



Joder, gmail me ha mandado a spam un correo en el que un colega me hablaba de la cumbre de Copenhague. Las noticias vuelan.



Este fin de semana ha sido el congreso de UPyD. Por su altura intelectual, me ha impresionado este análisis.



De nada.

Retorno al pasado

Hace una par de meses me entretuve, en casa de un amigo, echando un vistazo a una colección de cinco películas de Jacques Tourneur (la colección se llama Tourneur essential, y la recomiendo vivamente). Me pillaron, y mis hijas (bien aconsejadas) me las regalaron, junto con otra colección de Bergman, por mi cumpleaños.Una de esas películas es Retorno al pasado. Quería hablar de ella por comparación. El cine negro me ha gustado desde siempre y, este verano, aprovechando las vacaciones, y siguiendo una pequeña tradición familiar, pensé que era hora de incluir alguna película de este tipo entre las que iba a ver con mis hijas. Y pensé en dos películas que no veía hacía mucho: El sueño eterno y El halcón maltés. Fue curioso: a ellas les gustaron bastante, aunque se hicieron el lío típico. Sin embargo, a mí me decepcionaron muchísimo. Al fin y al cabo, se supone que abren el género y luego todo va cuesta abajo.

La decepción tiene que ver con un guión lleno de situaciones forzadas, con brillantes diálogos que no vienen a cuento, con la rigidez teatral de muchas situaciones, con interpretaciones artificiales de personajes artificiales. Me parecieron, incluso, infantiles, y no, no hablo de realismo, hablo de la credibilidad de la historia, que puede faltar en las chabolas de Kibera y, sin embargo, existir cuando un español busca a un asesino con seis dedos en una mano para decirle prepárate a morir.

Sin embargo, hace dos días vi la película de Tourneur, que es de la misma época (concretamente, 1947). Todos los defectos de las otras dos películas desaparecen en ésta. El guión es simplemente extraordinario. Hay frases espléndidas, pero siempre vienen a cuento. El mismo planteamiento, basado en un enorme flashback, ayuda a crear esa idea de inevitabilidad que flota durante toda la película. La mala, Jane Greer, es muy mala, pero no es una mala de manual, sino una superviviente. Mitchum, ese actor que no necesitaba aprender a ser alto, resulta totalmente convincente, y miren que es difícil convencerse de que ese hombre se deje arrastrar por una femme fatale. Algo parecido sucede con Kirk Douglas, que está especialmente brillante en el momento en que descubre que ella, la mala, le ha vuelto a mentir. La sutileza de Tourneur es, como siempre, un activo. Evita que se vea la violencia, pero nos muestra sus consecuencias, y llena la película de escenas al aire libre y repletas de sol, introduciendo los contrastes que hacen más potentes las otras, las que coparían la película negra de un director mediocre (en eso me recuerda mucho a Chinatown, la genial película de Polanski). Es curioso como la claridad (los datos están siempre ahí, disponibles, y por anticipado) tan propia de Tourneur afianza tu sensación de que todo el pescado está vendido, a la vez que se evitan las soluciones “evidentes”, como la presumible intervención justiciera del ex-novio de Virginia Huston o la respuesta que da el chico sordomudo. Esa escena, precisamente, la última de la película, es magistral.

El resumen es sencillo: puede que me haga viejo y ya no vea lo que debo ver en las cientos de visitas de Bogart a una misma casa o en las apariciones de la mala que busca a lo “memento” el tesoro de los Caballeros de Malta, pero mi decadencia está en buena compañía, en ese lugar en el que You say to yourself, “How hot can it get?”

Ateísmo para vagos


En broma o en serio (o cuarto y mitad de cada uno, que para eso soy de letras), suelo utilizar, con mi paciente esposa, un argumento, de esos que cortan como un bisturí, cuando no quiero hacer algo. Si yo digo no, y ella dice sí, y surge la pregunta: ¿por qué hay que hacer lo que tú digas?, siempre contestó que no es lo mismo hacer que no hacer. Si la alternativa se sitúa entre hacer A o B, la prevalencia “a priori” no puede afirmarse. Sin embargo, quedarme como estoy no es en realidad una elección. Yo no elijo seguir igual, ya estoy igual; todo lo más elegiré dejar de estar igual. Así, la alternativa entre seguir sentado en el sofá viendo la televisión o ir a casa de mi suegra no es tal. ¡Es un falso dilema! Por eso, si no estoy de acuerdo con ir, que la consecuencia sea seguir viendo la televisión no es una imposición, es simple resultado de mi estado previo.

Esto lo cuento porque viene al hilo de algunos pensamientos que tiene uno cuando se encamina enfurruñado a casa de la suegra, superado por la razón de la fuerza frente a la fuerza de la razón. A menudo se sustituye la pregunta por la respuesta simplemente quitando los interrogantes. Mejor explicado: ante preguntas legítimas (y cuándo no lo son), la ausencia de respuestas que amplíen nuestra información (eso que Kant llamaba “juicios sintéticos”) no legitima que convirtamos la pregunta en respuesta. Yo no creo que el argumento fundamental sobre la cuestión de si Dios existe o no, sea que se trata de una hipótesis innecesaria, o que simplemente introduce un problema más sin respuesta (ya que el ser creador es más complejo que lo creado). Creo que el argumento fundamental es otro, sobre el que ya he dicho algo en otras ocasiones, de pasada. Si nos preguntamos por el origen y la complejidad del universo, el mundo y sus criaturas, y decimos que la respuesta es Dios, la respuesta sólo sirve si sabemos decir algo de Dios. Sin embargo, la esencia y los atributos de Dios son auténticos “flatus vocis” en toda la literatura mundial sobre la materia. Al menos los dioses de muchas religiones están limitados de alguna forma. Sabemos que aquél causa el trueno con un martillo y que los piojos de aquel otro dan lugar al pueblo chino. Esos dioses soberbios y rijosos del panteón griego tienen una biografía: digamos que se puede decir algo de ellos. De Dios, sin embargo, no podemos decir nada. No es que su hipótesis sea innecesaria, es que, por definición, su existencia es puramente gramatical. Y si no me creen, díganme algo de Dios a lo que no pueda aplicarse la misma objeción.

Así, Dios es la manera de ver la botella medio llena: cambiar la pegunta por un símbolo, en vez de reconocer que no tenemos respuesta para la pregunta.

Bueno, es eso, y un McGuffin estupendo.

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¿Por qué razón se escoge un colegio religioso para educar a tus hijos? Ustedes me dirán, “hombre, se me ocurre más de una razón”.

A este juez, sin embargo, sólo se le ocurre una.

Olvidando que su sueldo (el del juez) y el dinero del colegio, lo pagan los mismos impuestos.

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Rouco se queja de que no hay alternativas académicas a la clase de religión. Cae también en la falacia de creer que creer y no creer son alternativas.

Como si fuera lo mismo hacer pan y rascarse la barriga.


Todo lo que siempre quiso saber sobre la fotosíntesis y la respiración celular y no se atrevió a preguntar (III)


Ya sé que todos ustedes, estimados lectores, esperan con impaciencia el momento en que desvele todos los milagros de la fotosíntesis y la respiración celular, y que les ha quedado un regusto indefinible por las explicaciones introductorias. Son de aquéllos que no leen los agradecimientos, los prefacios y las introducciones. ¡Mal hecho! ¿Cómo van a poder degustar las maravillas que les esperan sin el aparato adecuado? Paciencia, pues. Pronto hablaremos de esos procesos extraordinarios, pero antes deben saber algo sobre los cloroplastos y las mitocondrias.

Las células se dividen básicamente en procariotas y eucariotas. Las primeras son más pequeñas y más simples. No tienen núcleo, por lo que el ADN no está separado del citplasma. Las bacterias son procariotas típicos.



Las eucarióticas son mayores, más complejas (llenas de orgánulos), y tienen un núcleo en el que se encuentran los cromosomas que contienen el ADN. ¡Usted es un montón de células eucarióticas!



En esta imagen vemos una comparación entre una típica célula eucariota animal y otra vegetal.

Ambas tienen mitocondrias, pero sólo las vegetales tienen cloroplastos. Unos y otros son centrales energéticas. Pero son diferentes. En los cloroplastos tiene lugar la fotosíntesis y, por eso, sólo aparecen en algunos organismos unicelulares (algas fundamentalmente) y en los vegetales. Las mitocondrias, sin embargo, son comunes a todas las células eucariotas, porque en ellos se extrae la energía de las moléculas que sirven de alimento para producir, básicamente, ATP (recuerden la entrada anterior). Sobre todo son importantes porque la mitocondria es el único lugar en el que puede utilizarse oxígeno para producir ATP (¡la respiración celular!). Y ese proceso aeróbico es tan eficaz que seguramente explica el éxito de la célula eucariota.

Y aquí llega la parte más interesante. La parte que explica que les haya hablado de las células procariotas y las eucariotas.

Los cloroplastos y las mitocondrias son especiales. Tienen un cierto aire de familia, con esa pinta de judías rodeadas por una membrana doble. Y además tienen ADN propio. Lo curioso es que ese aire de familia se extiende a la propia célula procariota. Hay bacterias fotosintéticas que se parecen muchísimo a los cloroplastos de las algas unicelulares; incluso tienen un tamaño similar. Además el ADN de las bacterias (y el de los cloroplastos y las mitocondrias) no es como el de la célula eucariota, ya que no está unido a las proteínas que forman los cromosomas. Al contrario, el ADN aparece en forma de anillo desnudo. Además, los cloroplastos y las mitocondrias tienen sus propios ribosomas (una especie de fábricas de producir proteínas) y pueden crecer, duplicar su ADN e, incluso, dividirse, como lo haría cualquier célula. Más aún, la célula eucariota no puede producir cloroplastos y mitocondrias. Si, durante la división celular, una de las células hija recibe todos los cloroplastos o todas las mitocondrias, la otra no podrá crearlos (como sí sucede con otros orgánulos).

El hecho de que tengan ADN añade otra característica: a diferencia del ADN del núcleo, el ADN de una mitocondria casi siempre procede de la madre. Esto es fácil de comprender: el óvulo pone todos los orgánulos, mientras que el espermatozoide sólo introduce material genético (salvo en contadas ocasiones en las que introduce sus mitocondrias). Como el ADN mitocondrial no se recombina, sino que sólo varía por mutación, es un marcador estupendo: se ha utilizado para medir variabilidades genéticas y para fijar tiempos en la antigüedad de las especies. Si recuerdan la historia esa de la Eva negra, antepasada de todos nosotros, el cálculo se basó precisamente en el análisis de las variaciones del ADN mitocondrial.

Pues bien, Lynn Margulis (aunque existían precedentes) planteó la hipótesis de que esas características extrañas y la similitud de las mitocondrias y los cloroplastos con las células procariotas, se podía explicar si aquéllos en sus orígenes habían sido eso precisamente. De ser cierta, los cloroplastos y las mitocondrias habrían sido bacterias, atrapadas dentro de células eucariotas que, en vez de ser destruidas, se habían convertido en simbiontes.

Además de lo dicho, había una razón más. Como dije antes, las mitocondrias y los cloroplastos tienen una membrana doble. Si eran producto de un “engullimiento”, la unión de la membrana propia y de la membrana de la célula eucariota explicaría esa doble membrana.

El proceso habría sido un ejemplo más del triunfo de las “buenas soluciones”. Imaginemos, hace unos mil millones de años, células eucarióticas primitivas que viven de engullir otras células (fundamentalmente procariotas, ya que son más pequeñas). Para esas células el botín es escaso, ya que la extracción de energía, que se realiza en el citosol, el líquido en el que “flotan” los orgánulos, es anaeróbica (no utiliza oxígeno), mediante glucólisis. Ya veremos este mecanismo con más detalle en otra entrada, pero se puede anticipar que no es muy eficaz: un par de ATP y dos NADH por molécula de glucosa. Esas células eucarióticas tendrían que comer mucho y gastar mucha energía para sobrevivir. Bueno, también usan la fermentación alcohólica, pero no quería insistir mucho en ésta por no dibujar una célula eucariota primitiva no sólo ineficiente, sino beoda.

A diferencia de nuestra primitiva y chapucera célula eucariota, algunas células procariotas habrían desarrollado los enzimas necesarias para utilizar oxígeno en el desdoblamiento de las moléculas alimenticias. Para una célula así, el interior de una de esas gordas e improductivas células eucariotas debía ser un vergel: un montón de “restos de comida” sin usar que, gracias a su mejora teconológica, podía ser aprovechado. Y para la célula eucariota, la presencia de un fabricante tan extraordinario no era nociva, sino al contrario, ya que parte del ATP producido se volcaría en su propio citosol. Así que, si la teoría es cierta, una de esas procariotas “modernas”, una vez engullida, en vez de ser devorada por la célula eucariota, “decidió” quedarse y fabricar ATP, y de paso dividirse dentro de la célula. Cuando la eucariota se dividió a su vez, sus descendientes ya tenían una población de “bacterias”, dentro, suficiente. La combinación de ambas era invencible.

Posteriormente, una de estas células engulliría también un procariota fotosintético. El proceso sería el mismo: la procariota usaría el ATP de la célula para producir azúcares que serían luego usados por las mitocondrias para producir más ATP. De esas procariotas descenderían los cloroplastos.

Estaríamos formados, por tanto, por el resultado de una fusión ancestral de dos tipos de células, de las que descenderían todas las células vegetales y animales. Sin esa fusión, la aparición de organismos pluricelulares hubiera resultado energéticamente mucho más difícil.

Pero la tecnología provendría de las células más pequeñas.

Mírese al espejo: usted es básicamente una enorme bacteria con ínfulas.


Atracción fatal


Hoy he tenido una experiencia espantosa. Iba a un juicio en una ciudad del sur de Madrid y he cogido el metro. Para los que no sean de Madrid, hay una línea que conecta el metro de Madrid capital con Metrosur, la línea que une todas las grandes ciudades del suroeste. Con buena lógica, se llamó a la parada que une ambas redes de metro, Puerta del Sur.

Yo iba como siempre, despistado, pensando en las cosas de la vida, la muerte, el amor y las lentejas, cuando, al subir al metro en esa estación, Puerta del Sur, un individuo extravagante (desgarbado, con sandalias sobre unos calcetines de rayas, sudadera con personajes de los Simpson y chupa de tipo militar, una especie de cartera de cuero colgada en bandolera y con una cara de tarado que tiraba para atrás), que estaba a unos metros, me ha gritado: “Eh, tú … tú eres tsevanrabtan”.

Claro, en ese momento, lo único que se me ha ocurrido decir ha sido: “No, no, usted se confunde”. El tipo se ha acercado y ha repetido, en voz alta: “Que sí, que tú eres tsevanrabtan, que he visto las fotos en las que te presentas a presidente”. Todo el vagón nos estaba mirando, pensando que el sujeto estaba loco.

“Yo soy …….. Te sigo desde siempre, desde lo de Arcadi, y ahora, a veces, escribo en las cuatro esquinas del mundo, pero no tienes razón con lo de brema, te crees mejor que los demás, y eso no puede ser, ya lo dijo Memoria histérica y ayer quedó claro que Adrede es un hijoputa”.

La gente alucinaba. Intenten repetir lo que había dicho, olvidando (hagan el esfuerzo) que saben de qué habla. Imagino a la señora de enfrente preguntándose “¿Quién será ése que es un hijoputa adrede?”

(Hago una parada en el relato del suceso, para copiarles algo que me ha hecho mucha gracia de lo tonto que es:

Anyway, President Obama today met with Chinese leader Hu Jintao. But in China, the first name is actually the surname, so he’s known as President Hu. So, of course, every time he meets an English-speaking leader, it’s like the Abbott and Costello routine. “Sir, Hu’s here.” “Who’s here to see me?” “That’s what I’m telling you. Hu.” “What are you talking about?”)

El tío no paraba. Yo no había vuelto a abrir la boca. “Al Fedeguico habría que haberlo echado el primer día, es un cabrón. La culpa la tenéis los administradores, el blog habría sido mejor sin el niño clic y el niño lisérgico, y toda esa mierda zapateril (aquí la gente suspiró -eso lo habían comprendido) que sólo sirve para que el sablista y follandeiro no escriban más que de higos a brevas, y para que pasten el bose-einstein (aquí el gesto de comprensión venía de un tipo con pinta de estudiante de físicas de la Juan Carlos I) y el puto Aldeans de mierda, y se haya ido un tío tan cojonudo como Borde”.

De nuevo la gente, que ya parecía haberse acostumbrado al follón de nombres y había empezado a asumir la normalidad de la anormal escena, ha empezado a mirarse, extrañada por el hecho de que alguien pudiera ser, a la vez, cojonudo y borde.

En fin, el asunto se me estaba escapando de las manos. Me imaginaba al tío persiguiéndome por las calles de Móstoles, explicándome (¡Y yo sin UHF!) los males del nickjournal y sus soluciones.

Es cierto que la gente me miraba con cierta compasión. Me habían creído. De verdad creían que yo no era el tal tssraratsán, y que era la víctima de un paranoico.

Hasta que he estallado:

“¡Me tienes hasta los huevos! ¡Tenía que haber cerrado el chiringuito y haber echado zotal! ¡Y como no me dejes en paz te juro que meto tu IP para que me salga como spam y le pido a Mercutio que te mande a la sentina!”

El hombre, en ese momento, ha dicho: “Vale, tío, no es para ponerse así. No mezcles la sábana con la vida real. Venga, ya me piro”.

Y se ha bajado en una estación que está cerca de un conocido “supermercado” de productos estupefacientes. Bueno, a lo mejor vive allí su abuela. Al irme, el tío me miraba desde el andén, con una cara que parecía una jetilla, pero no sé si una de ésas que sonríen o una que vomita.

Lo malo es que, cuando he mirado alrededor, la gente del vagón no me quitaba ojo. El único pensamiento que me ha venido a la cabeza ha sido: “qué pena no tener los cubos de basura debajo de su cara de cotillas, se iban a enterar”.

En fin, lo cuento por dos razones: porque ha pasado (y quiero contar lo que pasa, tengo un compromiso con los hechos) y porque no quiero banear a nadie. Así que seguirá apareciendo por aquí, supongo, pero si un día se pasa, diré quién es.

Ah, una cosa más: aunque reúne todos las características de Funes, no es Funes.

Caput


Puede que me consideren un morboso, pero esta noticia me ha impactado. Luego alguien dirá que los franceses son unos románticos. Ya.

Sin embargo, como solución es cojonuda. Te casas y ya eres viudo/a. Recibes los regalos de boda y te evitas invitar a los de él o ella. Sobre todo porque los parientes del difunto no serán nada generosos, y no es cosa de darles de comer a cambio de nada.

No le veo más que ventajas. El único inconveniente que se me ocurre tiene que ver con la cuestión criminal. Es difícil evitar la idea de, antes de romper el compromiso (con lo que eso supone), cargarte a la novia, por ejemplo. En el derecho castellano se prohibieron los pactos sucesorios (sucesiones irrevocables en vida) porque los herederos tendían a dar buena cuenta del heredable. Por eso se les llamó pactum corvinum, pacto de los cuervos.

Y es que hay que tener un par para dejar colgado al otro o romper el compromiso el día de la boda. Aunque eso sí, bien hecho, puede convertirse en obra de arte. Me contó un amigo una de esas obras maestras. En una boda con cientos de invitados, en el momento en que el novio tenía que consentir el matrimonio, se dio la vuelta y dijo: “no me voy a casar. He descubierto que ….. me ha sido infiel con ése (señalando a uno que estaba sentado en un banco), así que no me caso. Eso sí, como el banquete lo paga mi familia, todo el que haya sido invitado por parte nuestra, puede ir al banquete”. Y fueron.

Antes que eso, mejor que te maten y se casen con tu foto.




¿Quieres formar una banda de heavy metal? ¿O eres un marica?

COMUNICADO


Mirando en el tablero de wordpress, he visto que a en la última hora ha entrado mucha gente desde el nickjournal. He mirado el origen del tráfico y he descubierto que se encontraba en un comentario en el que se me acusaba de ver, con malos ojos, Factual, el diario digital de inminente lanzamiento que dirigirá Arcadi Espada.

Pues bien, para dejar clara mi postura sobre el particular, diré que:

1.- Efectivamente, les deseo lo peor de lo peor. En particular, me gustaría que el diario fracasase estrepitosamente, considerando que forma parte del equipo de redacción una serie de personas que francamente me desagrada hasta la náusea.

2.- No sé lo que van a publicar, puesto que no ha salido ni un solo número, pero seguro que es todo mentira.

3.- Mis deseos y mi opinión sobre el particular, que ahora hago públicos, ya les ha sido trasladado a los propios interesados.

4.- El día que cierren, cosa que espero suceda pronto, yo estaré preparado para recordarles su fracaso merecido, no sea que se les ocurra iniciar algún proyecto nuevo.

Gracias por su atención.

ACTUALIZACIÓN UNOS DÍAS MÁS TARDE: