El protocolo de los Sabios de la SGAE


Ayer hablaba del manifiesto y me planteaba si se podía tratar de un engaño para incautos. Sin embargo, he descubierto un dato que demuestra que se trata de un documento auténtico.

El manifiesto se intitula así:

Manifiesto del mundo de la cultura: «Otra política y otros valores para salir de la crisis»

Así que sólo era necesario examinar si lo firmaba o no «el mundo de la cultura» para acreditar su autenticidad.

Y sí, señores. Pacientemente he ordenado y contado a qué se dedican los abajofirmantes y el resultado es demoledor. Aquí los tienen, ordenados:

Manifiesto

Digamos que no se ven economistas, físicos, matemáticos o biólogos. Veo un ingeniero y un cardiólogo. Hay uno que es investigador, pero no sabemos si investiga con células madre o es investigador privado. Hay muchos profesores: quizás alguno de ellos sepa sumar miles de millones y pueda enseñar a Almudena, pero sí podemos decir que la mitad de la lista está formada por escritores, actores, editores, cantantes, y periodistas, y que una parte muy importante de ellos dirige esas cosas llamadas Fundaciones que sirven básicamente para sacarte una buena tajada, no dar ni chapa y pasar el rato.

Así que sí. Como todos sabemos, la cultura, en España, está sostenida por juntaletras con mundos interiores y actores nunca atraídos por Hollywood. El manifiesto, en consecuencia, no sólo procede del mundo de la cultura, sino que merece que le prestemos atención: ¿quién puede hacer un diagnóstico sobre lo sucedido mejor que estos hombres y mujeres del saber?

Y eso he hecho.

Después de dos años de una crisis que ha creado millones de desempleados y ha provocado que el número de personas hambrientas y desnutridas en el mundo alcance un nuevo récord, están bien claras las causas de esta grave situación.

Me encanta el comienzo. Dicen que se ha alcanzado un nuevo récord. ¿Y cuál será? ¿Será superior al existente en algunas crisis del pasado? Por remontarnos a los dos últimos siglos. ¿Será peor que el de la rebelión Taiping que provocó en China entre 20 y 50 millones de muertos? ¿O que las hambrunas en Sudamérica, África, China y la India en la segunda mitad del siglo XIX? ¿Quizás peor que las que se sufrieron en varios países europeos y que provocaron la emigración masiva a Estados Unidos y Argentina? ¿Quizás peor que la epidemia de gripe o la muerte de millones por la guerra y la miseria en las dos guerras mundiales? No, debe ser peor que los diez millones de muertos de Ucrania por el hambre, o los cincuenta en China por los planes (ah, esos queridos planes estatales) de Mao.

Y es extraño, porque después de estar acostumbrados a las hambrunas en África y en la India, resulta que llevamos 25 años en los que una serie de países emergentes han conseguido que sus poblaciones se alimenten y estudien y se compren cosas. Ahí están los mil millones de hindúes, les podemos preguntar. O los doscientos millones de brasileños.

Uno creía que, pese a estos dos años, nos encontrábamos en la época de más prosperidad de la historia. Pero no. Seguro que Pepe Viyuela o Emma Cohen manejan alguna fuente desconocida.

Dejar en plena libertad a los capitales financieros y dejar que los mercados sean los únicos reguladores de las relaciones económicas sólo lleva, como estamos comprobando, a la inestabilidad permanente, a la escasez de recursos financieros para crear empleo y riqueza y a las crisis recurrentes.

Por fin lo entiendo. «Plena libertad». Se trataba de eso. En el mundo no hay leyes ni ná. Esto es la selva. En fin, tendré que tirar, por falsa, mi base de datos, en la que aparecen esos miles de putos reglamentos que no hay quien entienda.

Se ha demostrado también que la falta de vigilancia e incluso la complicidad de las autoridades con los poderosos que controlan el dinero y las finanzas, esto es, la falta de una auténtica democracia, sólo produce desorden, y que concederles continuamente privilegios, lejos de favorecer a las economías, las lleva al desastre.

«Se ha demostrado», dicen. Y ellos lo deben saber. No hay más que ver que, para ellos, la falta de una «auténtica democracia» es la falta de vigilancia y la complicidad con «los poderosos». Para los que no se enteran, los poderosos son los ricos que no son de izquierdas. Con un ejemplo lo verán mejor: Sting no es un poderoso.

Dejar que los bancos se dediquen con absoluta libertad a incrementar artificialmente la deuda con tal de ganar más dinero es lo que ha provocado esta última crisis.

¡¿Está claro?! ¡¡¿¿Está claro??!! El problema es ése. Vean, un diagnóstico en tres líneas. Si lo hubiéramos sabido antes, uno de los firmantes, escogido al azar, podría haber fijado la política financiera en los últimos años. Porque el problema ha sido ése. Ya sé que antes hablaban de falta de «recursos financieros», pero no es lo mismo.

Pero también es una evidencia que las políticas neoliberales basadas en reducir los salarios y la presencia del Estado, el gasto social y los impuestos progresivos para favorecer a las rentas del capital, han provocado una desigualdad creciente. Y que la inmensa acumulación de beneficios de unos pocos, en lugar de producir el efecto «derrame» que pregonan los liberales, ha alimentado la especulación inmobiliaria y financiera que ha convertido a la economía mundial en un auténtico e irracional casino.

Seguimos con las «evidencias». A ver. ¿Reducir salarios? Si se habían reducido, ¿cómo es que los bancos le daban créditos a la gente y la gente los devolvía? ¿Que la inmensa acumulación de beneficios es la que ha producido la especulación? ¿Era eso? ¿Todas las putas casa que se compraban en España las compraba Botín? ¿Botín vive en Aghartta?

Espero ansioso que nos digan dónde está esa inmensa acumulación, considerando el hundimiento del producto interior bruto de los países ricos.

Y es evidente que esos desencadenantes de la crisis no tienen que ver solamente con los mecanismos económicos, sino con la política controlada cada vez más por los mercados, por el poder al servicio de los privilegiados y por el predominio de la avaricia y el afán de lucro como el único impulso ético que quieren imponer al resto del mundo los grandes propietarios y los financieros multimillonarios.

Seguimos con las evidencias. La conjura de los poderosos (que atentan contra el pueblo y la democracia) ha quedado desvelada. Y ya ha llegado la hora de decir verdades como puños:

Por eso la crisis económica que vivimos es sobre todo una crisis política y cultural y ecosistémica.

¡Joder! ¡Qué huevos! ¡Tiembla las oligarquías! ¡¡Ecosistémica!!

Las prácticas financieras neoliberales que la han provocado se justificaron con el predominio de unos valores culturales marcados por la soledad, el individualismo egoísta, la degradación mercantil de los conceptos de felicidad y de éxito, el consumo irresponsable, la pérdida del sentido humano de la compasión y el descrédito de las ilusiones y las responsabilidades colectivas.

Maravilloso. La soledad, el individualismo, el éxito, el consumo. Y el adjetivo que lo envuelve todo: ¡¡mercantil!! Lo mercantil es malo. Ah, esos malvados neoliberales, siempre hablando del individuo, olvidando que hay que dar, y compartir y seeeer bueeeennoooossss.

Los debates surgidos en torno a esta crisis demuestran que en las democracias occidentales se ha establecido un enfrentamiento peligroso entre los poderes económicos y la ilusión política. Los partidarios del mercado como único regulador de la Historia piensan que el Estado debe limitarse a dejar que los individuos actúen sin trabas, olvidando que entre ellos hay una gran desigualdad de capacidades, de medios y de oportunidades. Por eso le niegan capacidad pública para ordenar la economía en espacios transparentes, y para promover los equilibrios fiscales y la solidaridad social. Y por eso desacreditan el ejercicio de la política.

Ahí está. Un debate serio es un debate con conceptos serios. Conceptos como ilusión y solidaridad y transparencia. Conceptos rigurosos,

Pero la política no debe confundirse con la corrupción, el sectarismo y la humillación cómplice ante los poderes económicos. La política representa en la tradición democrática el protagonismo de los ciudadanos a la hora de organizar su convivencia y su futuro. Palabras como diálogo, compromiso, conciencia, entrega, legalidad, bien y público, están mucho más cerca de la verdadera política que otras palabras por desgracia comunes en nuestra vida cotidiana: corrupción, paraíso fiscal, dinero negro, beneficio, soborno, opacidad y escándalo.

Más, más. Ya los ven, son incansables. Como se nota la presencia de tanto poeta. Dejemos que florezcan mil flores, coño. Todo el mundo sabe que el hombre solo es un lobo. Que no se puede tener ética si no nos damos las manos y nos preguntamos a qué huelen las nubes. Que el deseo de éxito sólo produce corrupción y dinero, y el dinero es negro.

Como esta crisis es política y cultural, debemos salir de esta crisis reivindicando la importancia de la política, la educación y la cultura. No podemos confundir la sensatez y la verdad científica con diagnósticos interesados en perpetuar el modelo neoliberal y sus recetas financieras.

¡Qué hermosa la referencia a la «verdad científica»! Hacía mucho que habíamos dejado de lado el adjetivo «científica» al hablar de estas cosas. Porque la verdad científica está enfrentada (ya lo dicen los sabios) con el modelo neoliberal.

Ahora resulta prioritario buscar una respuesta progresista a la crisis. Para evitar nuevas crisis en el futuro hay que luchar en primer lugar contra todas las manifestaciones de la desigualdad. Y para ello es necesario garantizar el trabajo decente que proporcione a mujeres y hombres salarios dignos y suficientes, y el respeto a sus derechos laborales como fundamento de un crecimiento económico sostenible.

¡¡Muy bien!! Ahora nos dicen cómo.

Así mismo, es imprescindible que se lleven a cabo reformas fiscales que garanticen la equidad, la solidaridad fiscal, sin paraísos ni privilegios para millonarios, y la mayor contribución de los que más tienen, para que el Estado pueda aumentar sus prestaciones sociales y ejercer como un potente impulsor de la actividad económica.

¡Ah! Esto nos suena. Y ahora vamos a dar ejemplos de lo que propugnamos: (______________)

Frente a los daños ecológicos de la ambición especulativa, una respuesta progresista supone revisar los marcos jurídicos para que sea posible una mayor protección de nuestro ecosistema y establecer suficientes incentivos para promocionar la producción y el consumo sostenibles.

¡Eso! Salvemos al Pisuerga, ahora que pasa por Valladolid.

Frente a un modelo productivo basado en la especulación financiera e inmobiliaria y en la consideración de que nuestros recursos son ilimitados, una respuesta progresista supone invertir más en educación, investigación y cualificación laboral.

Efectivamente. Ya es hora de alcanzar el éxito en esas materias del progresista gobierno coreano y dejar en evidencia los paupérrimos ejemplos de los países capitalistas como Estados Unidos.

Frente al desprestigio de la política, una respuesta progresista supone devolverle la autoridad a los espacios públicos y a los representantes de los ciudadanos para que regulen en nombre del interés común las estrategias del mercado.

Eso. Frente al desprestigio de la política, derivado del hecho de que esté llena de golfos y trincones que aprovechando las regulaciones inexistentes (que ya tiro mi base de datos), se han puesto cerdos con la pasta de todos, vamos a dejarles que regulen más cosas. Y de paso que contraten a los firmantes para que escriban, componga y canten el himno de la economía sostenible. Yo les proporciono la primera estrofa:

Q’a mí me pongaaan dooonde haigaaaaa

Frente a la misoginia y la discriminación de género, una respuesta progresista supone consolidar las políticas de igualdad, defender el derecho a la reproducción y medidas específicas para evitar que las mujeres se vean relegadas al paro o a la economía sumergida y a soportar muchas más horas de trabajo no retribuido que los hombres, sufriendo así en mucha mayor medida que éstos los efectos de la crisis.

¡Qué bonito, coño! ¡Qué más da que no digan cómo! Si lo que importa es la intención.

Frente al racismo y a la xenofobia, una respuesta progresista supone defender los derechos de los trabajadores extranjeros y asegurar el respeto jurídico a la dignidad las personas.

¡Sí señor! Seguro que los catedráticos y los profesores de universidad estarán encantados de hacerles sitio.

Frente a la soledad social, la pobreza y el egoísmo, una respuesta progresista supone apostar por los valores culturales de la solidaridad, que no son ideales utópicos trasnochados, sino la mejor muestra de la dignidad cívica de los sentimientos humanos.

¡¡Esto es el paroxismo!! Desde la fraternité no se había escrito nada igual. ¡¡Dignidad cívica de sentimientos humanos!!

Me encuentro sumido en tal estado de excitación nerviosa, que voy a regalar todos mis bienes y a seguirlos. Porque estos tíos seguro que van a alguna parte.

Yo+también+he+ido+al+Bulli