Crucifijos


Hace tiempo discutimos esto de los crucifijos.

Ahora reaparece la cuestión. Siete jueces del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha dictado una sentencia en la que da la razón a Dª Soile Lautsi, ciudadana italiana, de origen finlandés, a la que no convencía que sus hijos tuvieran que estudiar en la escuela pública, con la presencia de crucifijos colgados. El asunto ha provocado un gran escándalo en Italia y Berlusconi ya ha advertido de que no piensa cumplir la sentencia.

El fallo, adoptado por unanimidad, contiene algunas afirmaciones relevantes. Se las dejo (pido disculpas si mi traducción no es lo suficientemente buena):

(c) El respeto a las convicciones de los padres debe ser posible mediante una educación capaz de proporcionar un ambiente escolar abierto e incluyente y no de exclusión, independientemente del origen social de los alumnos, de sus creencias religiosas o de su origen étnico. La escuela no debería ser escenario de proselitismo o de predicación; debería ser un lugar de encuentro de diferentes religiones y convicciones filosóficas, donde los estudiantes pueden aprender acerca de los sus pensamientos y tradiciones respectivas.

(d) La segunda frase del artículo 2 del Protocolo N º 1 implica que el Estado, en cumplimiento de sus funciones asumidas en educación y formación, ha de garantizar que los conocimientos de los programas educativos se difunden de manera objetiva, crítica y pluralista. Está prohibido perseguir una finalidad de adoctrinamiento que no respete las convicciones religiosas y filosóficas de los padres. Ése es el límite que no debe sobrepasarse.

(e) El respeto a las convicciones religiosas de los padres y las creencias de los niños implica el derecho a creer en una religión o a no creer en ninguna religión. (…)

El deber de neutralidad y la imparcialidad del Estado son incompatibles con cualquier discrecionalidad sobre la legitimidad de las creencias religiosas o sus formas de expresión. En el contexto de la educación, la neutralidad debe garantizar el pluralismo (Folgerø, § 84).

(…)

48. Para el tribunal, estas consideraciones llevan a la obligación del Estado de abstenerse de imponer, incluso indirectamente, creencias allí donde las personas dependen de él o en los entornos en que son especialmente vulnerables. La escolarización de los niños es materia particularmente sensible porque la fuerza vinculante del Estado se impone a los espíritus que aún no han desarrollado (dependiendo del nivel de madurez del niño) la capacidad de tomar distancia crítica respecto al mensaje contenido en una opción preferente expresada por el Estado en materia religiosa.

(…)

50. Para examinar esta cuestión, el tribunal tendrá en cuenta la naturaleza particular de los símbolos religiosos y su impacto en los alumnos más jóvenes, especialmente en los hijos de la demandante. Efectivamente, en países donde la inmensa mayoría de la población profesa una religión en particular, la manifestación de los ritos y los símbolos de esta religión sin restricciones de lugar y forma, puede constituir una presión sobre los estudiantes que no practican ninguna o que practican una diferentes (…)

51. El Gobierno (párrafos 34-44 ut supra) justifica la obligación (o el hecho) de exponer el crucifijo, en cuanto porta un mensaje moral positivo de la fe cristiana, que trasciende los valores laicos de la Constitución, habida cuenta el papel de la religión en la historia de Italia y las raíces de esta tradición en el país. Considera neutral y laico al crucifijo, por cuanto la historia y la tradición italianas están relacionadas con el cristianismo. Y argumenta que es un símbolo religioso, pero también puede representar otros valores (véase el Tribunal Administrativo de Veneto, No. 1110 de marzo 17, 2005, § 16, apartado 13 supra).

En opinión del tribunal, el símbolo del crucifijo tiene significados plurales, entre los que predomina el religioso.

52. El tribunal considera que la presencia de crucifijos en las aulas va más allá del uso de símbolos en contextos históricos específicos. Y considera igualmente que el carácter tradicional, en sentido histórico y social, de un texto utilizado por los parlamentarios cuando juran no priva a ese juramento de su carácter religioso (Buscarini y otros contra San Marino [GC] N º 24645/94, ECHR 1999-I).

53. El demandante alega que el símbolo se enfrenta a sus convicciones y viola el derecho de sus hijos a no profesar la religión católica. Sus convicciones demuestran una seriedad y coherencia suficiente para que la presencia obligatoria de la cruz pueda razonablemente crear un conflicto con las mismas. La interesada ve en la exposición del crucifijo la evidencia de que el Estado se alinea con la religión católica. Ése es el sentido oficialmente aceptado por la Iglesia católica, que atribuye al crucifijo un mensaje básico. Por lo tanto, la reluctancia de la demandante no es arbitraria.

54. Las convicciones de la Sra. Lautsi se refieren también al impacto de la exposición del crucifijo en sus hijos (apartado 32 supra), de once y trece años de edad en aquel momento. El tribunal reconoce que, como se comenta, es imposible no notar el crucifijo en las aulas. En el contexto de la educación pública, se percibe necesariamente como parte integrante de la escuela y por lo tanto puede considerarse como un «símbolo externo de gran alcance» (Dahlab contra Suiza (diciembre), N ° 42393/98, ECHR 2001 — V).

55. La presencia del crucifijo puede ser fácilmente interpretada por los estudiantes de todas las edades como símbolo religioso y éstos sentirán que se les educa en un ambiente escolar caracterizado por una religión en particular. Lo que puede ser estimulante para algunos estudiantes religiosos puede ser emocionalmente perturbador para los estudiantes de otras religiones o para los que no profesan ninguna religión. Este riesgo está particularmente presente entre los estudiantes pertenecientes a minorías religiosas. La libertad negativa no se limita a la ausencia de servicios religiosos o de la enseñanza religiosa. Incluye las prácticas y los símbolos que expresan, en particular, o en general, una creencia, una religión o el ateísmo. Este derecho negativo merece una protección especial, si es el Estado el que expresa una creencia, colocando a la persona en una situación de la que no puede desembarazarse de su percepción o, de hacerlo, lo consigue mediante un esfuerzo y sacrificio desproporcionados.

56. La exposición de uno o más símbolos religiosos no puede justificarse ni por la demanda de otros padres que desean una educación religiosa en consonancia con sus creencias, ni tampoco, como sostiene el Gobierno, por la necesidad de un compromiso necesario con de los partidos políticos de inspiración cristiana. El respeto a las creencias de los padres en cuestión de educación debe tener en cuenta el respeto a las otras creencias de los otros padres. El Estado tiene la obligación de neutralidad religiosa en la educación pública, allí donde la asistencia es necesaria con independencia de la religión, y allí donde debe tratarse de inculcar en los estudiantes el pensamiento crítico.

El tribunal no ve como la exposición en las aulas de las escuelas públicas, de un símbolo que es razonable asociar con el catolicismo (la religión mayoritaria en Italia) pudiera servir al pluralismo educativo, que es esencial para la preservación de una «sociedad democrática» tal como es concebida por la Convención. El tribunal observa a este respecto que la jurisprudencia del Tribunal Constitucional está en la misma dirección (véase el apartado 24).

57. El tribunal considera que la exposición obligatoria del símbolo de una confesión determinada en el ejercicio de funciones públicas en las que se producen situaciones específicas de control gubernamental relevante, particularmente en las aulas, restringe el derecho de los padres a educar a sus hijos según sus creencias y el derecho de los escolares a creer o no creer. El tribunal considera que ello constituye una violación de estos derechos, porque las restricciones son incompatibles con el deber del Estado de respetar la neutralidad en el ejercicio de las funciones públicas, especialmente en el ámbito de la educación.