Glorias de Castilla calentando los pies

Este fin de semana corría el viento frío y no paraba. En broma les decía a las niñas: “¡aguantad! ¡sois castellanas!”, mientras veíamos el río Águeda desde las murallas de Ciudad Rodrigo, y enfilábamos hacia la Catedral de Santa María y su Pórtico del Perdón.

Pórtico del perdón

Habíamos comido entre fotografías de payasos y corridas de toros, en la plaza, que parecía uno de esos documentales en los que se pasan las imágenes a gran velocidad, entreverada de sol y de lluvia. Luego desandamos el camino, hacia el Castillo del Buen Amor, con fondo arcoiris, un pie al sur y otro al norte de Salamanca.Llegamos anocheciendo, por expreso deseo del donante, pero las risas desencuadernaron el momento. Eso es lo que pasa con los niños, que son capaces de joder los marcos más incomparables, aunque sí se me pasó un fugaz pensamiento sobre este lugar, allá cuando se construyó, y los kilómetros de páramo alrededor.

Había que fijar una contraseña, porque las puertas de las habitaciones quedaban cerradas con grandes llaves. No puedo contarla, so pena de traición, pero cumplió su cometido, pese a los kilómetros de pasillo de nuestra habitación. Tras la cena y ruta de las esquinas, amenacé con visitarlas a la hora de las brujas descolgándome por el muro, pero no parece que resultase muy creíble como felino después de cuatro platos y dos postres.

castillo-del-buen-amor

Y nevó. Poco, pero bastante. Desde la cama, mirando al techo, a la bóveda del torreón, a cinco o seis metros de alto, el lugar parecía absurdo y familiar. Estaba negro en la ventana y descubrí alguna luz a lo lejos, quizás un coche en la carretera de Topas.

No hizo aparición ningún fantasma. Ni a nosotros ni, supongo, a las parejas que desayunaban encantadas de haberse conocido en la sexta acepción. Seguro que los Alonso nunca hubieran sospechado que en el siglo XXI la juerga no iba a estar en la mazmorra.

Y por lograr cierta simetría, vimos al Duero, negro y rotundo, desde el Real Monasterio de Santa Clara, ese lugar que fue palacio de la amante del padre y de la amante del hijo, hasta que las clarisas decidieron derribar las puertas pintadas de rojo, verde y negro, para mayor gloria de Dios, y artesonar el techo con pan de oro y mocárabes, supongo que para lo mismo.

Sta. Clara

Entrando en Medina del Campo descubrí que se había hermanado con un pueblo francés, y que se pueden inventar chistes variados con el Castillo de la Mota. Por cierto, hice un par de fotografías estupendas: por desgracia, las hice con la cámara de un turista y no tuve cuajo de pedirle copia. Ah, desde Mónaco se ve la Colegiata de San Antolín mientras hueles el cordero.

En Madrid, todo bien. Lo mejor es que el fantasma hizo aparición: avisó al portero de mi casa de que me habían robado el coche. Cuando bajé a verlo, resultó que todo había sido un sueño de alguien: del fantasma, del portero, o quizás mío.

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3 comentarios en “Glorias de Castilla calentando los pies

  1. VOY A TARDAR TIEMPO EN PERDONARLE QUE NO ME AVISARA PARA TAN IMPORTANTE RUTA. BUENO, CREO QUE YA LE HE PERDONADO, PERO QUE NO VUELVA A OCURRIR O LA COSA SERÁ MÁS SERIA. pOR CIERTO, VIÓ UD. ALGÚN MORLACO POR ESAS TIERRAS?

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