Felicitémonos


Tiendo a escribir entradas muy largas.

La razón es sencilla: escribir sentencias está al alcance de cualquiera.




Hace tiempo que nos hemos vuelto muy prácticos en el asunto de los regalos de boda, de comunión, etc. Primero asumimos que lo de las listas de bodas conseguía el doble objetivo de no tener tres relojes despertadores y cinco cafeteras. Después dimos el paso lógico una vez enterados de que lo de la lista era un fraude (¡en todas estaban los mismos cachivaches!) y que la feliz pareja sólo pretendía sacarnos la pasta, pagando el peaje de la comisión por no querer reconocerlo abiertamente. El paso lógico lo dieron los primeros valientes que mandaron la invitación con el número de su cuenta corriente.

Yo, que soy práctico por naturaleza, considerando el buen rollito de nuestro Gobierno y del ciudadano hispánico, en general, creo que el ejemplo debería extenderse:






La eterna búsqueda del equilibrio entre la libertad y el orden nos lleva a hacernos preguntas que seguramente no tienen respuesta, como por ejemplo: ¿es proporcionada la respuesta represiva?