Caput


Puede que me consideren un morboso, pero esta noticia me ha impactado. Luego alguien dirá que los franceses son unos románticos. Ya.

Sin embargo, como solución es cojonuda. Te casas y ya eres viudo/a. Recibes los regalos de boda y te evitas invitar a los de él o ella. Sobre todo porque los parientes del difunto no serán nada generosos, y no es cosa de darles de comer a cambio de nada.

No le veo más que ventajas. El único inconveniente que se me ocurre tiene que ver con la cuestión criminal. Es difícil evitar la idea de, antes de romper el compromiso (con lo que eso supone), cargarte a la novia, por ejemplo. En el derecho castellano se prohibieron los pactos sucesorios (sucesiones irrevocables en vida) porque los herederos tendían a dar buena cuenta del heredable. Por eso se les llamó pactum corvinum, pacto de los cuervos.

Y es que hay que tener un par para dejar colgado al otro o romper el compromiso el día de la boda. Aunque eso sí, bien hecho, puede convertirse en obra de arte. Me contó un amigo una de esas obras maestras. En una boda con cientos de invitados, en el momento en que el novio tenía que consentir el matrimonio, se dio la vuelta y dijo: «no me voy a casar. He descubierto que ….. me ha sido infiel con ése (señalando a uno que estaba sentado en un banco), así que no me caso. Eso sí, como el banquete lo paga mi familia, todo el que haya sido invitado por parte nuestra, puede ir al banquete». Y fueron.

Antes que eso, mejor que te maten y se casen con tu foto.




¿Quieres formar una banda de heavy metal? ¿O eres un marica?

Un comentario en “Caput

  1. Usted disculpe un uso tan frívolo de un tema tan serio, pero leyendo la historia me se ha ocurrido un palindromete:

    El último Inca: Tupac Caput

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