Ateísmo para vagos


En broma o en serio (o cuarto y mitad de cada uno, que para eso soy de letras), suelo utilizar, con mi paciente esposa, un argumento, de esos que cortan como un bisturí, cuando no quiero hacer algo. Si yo digo no, y ella dice sí, y surge la pregunta: ¿por qué hay que hacer lo que tú digas?, siempre contestó que no es lo mismo hacer que no hacer. Si la alternativa se sitúa entre hacer A o B, la prevalencia “a priori” no puede afirmarse. Sin embargo, quedarme como estoy no es en realidad una elección. Yo no elijo seguir igual, ya estoy igual; todo lo más elegiré dejar de estar igual. Así, la alternativa entre seguir sentado en el sofá viendo la televisión o ir a casa de mi suegra no es tal. ¡Es un falso dilema! Por eso, si no estoy de acuerdo con ir, que la consecuencia sea seguir viendo la televisión no es una imposición, es simple resultado de mi estado previo.

Esto lo cuento porque viene al hilo de algunos pensamientos que tiene uno cuando se encamina enfurruñado a casa de la suegra, superado por la razón de la fuerza frente a la fuerza de la razón. A menudo se sustituye la pregunta por la respuesta simplemente quitando los interrogantes. Mejor explicado: ante preguntas legítimas (y cuándo no lo son), la ausencia de respuestas que amplíen nuestra información (eso que Kant llamaba “juicios sintéticos”) no legitima que convirtamos la pregunta en respuesta. Yo no creo que el argumento fundamental sobre la cuestión de si Dios existe o no, sea que se trata de una hipótesis innecesaria, o que simplemente introduce un problema más sin respuesta (ya que el ser creador es más complejo que lo creado). Creo que el argumento fundamental es otro, sobre el que ya he dicho algo en otras ocasiones, de pasada. Si nos preguntamos por el origen y la complejidad del universo, el mundo y sus criaturas, y decimos que la respuesta es Dios, la respuesta sólo sirve si sabemos decir algo de Dios. Sin embargo, la esencia y los atributos de Dios son auténticos “flatus vocis” en toda la literatura mundial sobre la materia. Al menos los dioses de muchas religiones están limitados de alguna forma. Sabemos que aquél causa el trueno con un martillo y que los piojos de aquel otro dan lugar al pueblo chino. Esos dioses soberbios y rijosos del panteón griego tienen una biografía: digamos que se puede decir algo de ellos. De Dios, sin embargo, no podemos decir nada. No es que su hipótesis sea innecesaria, es que, por definición, su existencia es puramente gramatical. Y si no me creen, díganme algo de Dios a lo que no pueda aplicarse la misma objeción.

Así, Dios es la manera de ver la botella medio llena: cambiar la pegunta por un símbolo, en vez de reconocer que no tenemos respuesta para la pregunta.

Bueno, es eso, y un McGuffin estupendo.

*******


¿Por qué razón se escoge un colegio religioso para educar a tus hijos? Ustedes me dirán, “hombre, se me ocurre más de una razón”.

A este juez, sin embargo, sólo se le ocurre una.

Olvidando que su sueldo (el del juez) y el dinero del colegio, lo pagan los mismos impuestos.

*******

Rouco se queja de que no hay alternativas académicas a la clase de religión. Cae también en la falacia de creer que creer y no creer son alternativas.

Como si fuera lo mismo hacer pan y rascarse la barriga.


Anuncios

21 comentarios en “Ateísmo para vagos

  1. Como McGuffin, insuperable; ni el hijo de Funes.
    – – – – –
    Lo del juez tiene su aquél. Había un cura en Piedras Blancas que no casaba a cualquiera (aunque le pagase el sueldo): defendía, con razón, que hay otros contratos matrimoniales, y que si uno no aparece por la iglesia entre la comunión y la boda -ni muestra arrepentimiento alguno; pues los malos cristianos, cristianos son-, qué coño pide luego. La Iglesia no es un servicio público del Estado, como la sanidad o los registros. O la educación.

    Además, a la hora de elegir un colegio religioso para educar a mis hijos, la verdad, tampoco se me ocurre más que una razón. Otra cosa es que haya varias razones para elegir un colegio bueno, sea religioso o no.

    Creo que el asunto da para discutir algo más. No lo despache tan alegremente, que lo estamos marcando al hombre.

  2. El ejemplo del cura no sirve.

    El cura sólo sirve para lo que sirve.

    En un colegio religioso concertado, el 99 % es igual a uno público. La diferencia se encuentra sólo en el 1 %. Un colegio religioso concertado es, básicamente, igual a un colegio público, y, además, se paga con los impuestos de todos (no con la asignación) ya que atiende a un servicio público (las bodas y las comuniones no son servicios públicos).

    En España hay tres tipos de colegios:

    1.- Privados.

    2.- Públicos tipo A.

    3.- Públicos tipo B.

    En los públicos tipo A. te imponen algunas cargas: pagar unas “donaciones”, gastarte cierta pasta en añadidos como uniformes, material escolar (en cantidades arbitrarias), excursiones variadas (en cantidades arbitrarias), seguros, servicios médicos, etc. Y además, al niño le dan clases de religión y hace la comunión.

    Esas cantidades no son excesivas, pero sirven como filtro. La gente que no puede (o no quiere) permitirse eso lleva a sus hijos a un Público tipo B. También hay quien los lleve a un público tipo B por el tema de la religión, pero personalmente creo que, salvo que ese asunto sea muy importante para los padres, el factor fundamental será el de la calidad del colegio y el tipo de compañeros que tendrá.

    Por ejemplo, la presencia de alumnos extranjeros es decisiva. Conozco a unas cuantas personas que (pese a estar despotricando toda la vida de los colegios religiosos) han llevado a sus hijos a un colegio concertado, por la “gente” que se va a encontrar en el colegio público. Ese “gente” puede significar bajo nivel escolar por la presencia de muchos niños que, presumiblemente, no van a poder seguir un ritmo normal (por varias razones) o puede significar algo más, ya que, para muchos padres, la escuela es el lugar donde sus hijos harán amigos, y quieren que éstos reúnan determinadas características (básicamente de clase social, para entendernos).

    Todo esto es producto del mantenimiento de un sistema (que ningún partido, salvo IU, quiere tocar y sobe el que nadie habla sinceramente) absurdo que ha desahuciado la enseñanza pública. Bueno, en general de un sistema que ha excluido la excelencia (y la precisa inversión) de la educación.. Es muy gracioso comprobar cómo aquella pareja tan “moderna”, una vez llegan sus hijos a la edad escolar, empieza a derrapar y termina haciendo con sus hijos lo que juró no hacer.

    Y, termino, estoy seguro de que el 90 % de los padres que llevan a sus hijos al colegio al que van mis hijas (al que asisten muy pocos hijos de inmigrantes, pese a que el sistema de puntos, supuestamente, favorece el acceso de personas con rentas bajas), si se suprimiese la religión, seguirían llevándolos. Porque al margen de que se consideren o no católicos, las razones fundamentales que aparecen en las conversaciones suelen tener poco que ver, estrictamente hablando, con la religión.

    El sistema simplemente está favoreciendo la existencia de colegios públicos con mejor nivel académico (y con más paz dentro de las aulas).

  3. No hay ninguna diferencia entre un ateo vago y un creyente vago…los dos creen y no creen con el mínimo esfuerzo, muy propio de estos tiempos de sostenibilidad…

  4. “De Dios, sin embargo, no podemos decir nada. No es que su hipótesis sea innecesaria, es que, por definición, su existencia es puramente gramatical. Y si no me creen, díganme algo de Dios a lo que no pueda aplicarse la misma objeción”.

    Onmipotente, omnisciente, ubicuo, eterno, único, creador, juez, uno y trino.

    (Y muy mal el título. Siempre que sea posible -y siempre es posible- hay que elegir títulos borgianos: “Darle nombre de Dios no nos ayuda”).

  5. Me alegra que alguien haya hecho lo que pedía.

    Ahora toca aplicar la objeción:

    ¿Qué existencia más allá de la puramente gramatical tienen los términos omipotente, omnisciente, ubicuo, eterno, único, creador, juez, uno y trino?

    La mejor manera de evitar la objeción es darme un ejemplo de algo a lo que pueda asociarse cualquiera de esos adjetivos.

  6. Aclaro algo más: creador y juez se dice de Dios, pero añadiendo que es creador y origen de todas las cosas y juez último.

  7. “¿Qué existencia más allá de la puramente gramatical tienen los términos omipotente, omnisciente, ubicuo, eterno, único, creador, juez, uno y trino?”

    Eso depende de si Dios existe o no existe.

    Si existe un Dios con esos atributos, la existencia de esos atributos más allá de la mera gramática está garantizada.

    Visto así, el argumento no es exactamente una objeción, sino una petición de principio.

  8. Discrepo.

    Si Dios existe, existe con esos términos. Esos términos no añaden nada a Dios. Son maneras más largas (o simplemente diferentes: por ejemplo omnipotente) de decir Dios. Básicamente porque no hay una referencia que podamos utilizar para decir qué significa omnipotente.

    Al final, el problema básico es que, aunque Dios quisiera demostrar que existe, no podríamos saber que lo ha probado.

  9. Rediscrepo.

    Su argumento era que los atributos divinos son meras construcciones verbales sin ningún sustento real, del tipo “círculo cuadrado”, “madera de hierro” o “ira mineral”. Pero esa falta de sustento real es precisamente lo que se discute: si existe un Dios con todos esos atributos, ya hay un sustento real.

    Por otro lado, los únicos atributos inseparables de un Dios que explicara el origen del Universo serían el de “creador” y el de “único”. Omnipotente, omnisciente, etc. no tienen por qué predicarse necesariamente del concepto Dios.

    Por último, parece dar usted por supuesto que la única manera de explicar qué significa un término es ofrecer una referencia real. No veo por qué. Los conceptos de “flogisto”, “unicornio” o “los números en los que ningún hombre pensará” son fácilmente definibles y comprensibles por nuestro entendimiento, a pesar de que nunca podríamos ofrecer una referencia real, un ejemplo.

  10. Si no me equivoco, su argumento podría reformularse así:

    Dios es superfluo. Dios no añade información a la pregunta “Cuál es el origen del mundo?”, porque al decir “Dios” nos estamos limitando a decir “origen del mundo”.

    Ocurren, sin embargo, dos cosas:

    1. Que incluso esa definición mínima y circular añade alguna información, porque podría ocurrir que el mundo no tuviera un origen. Así, al decir “Dios” ya estaríamos decantándonos por una alternativa.

    2. Que los creyentes siempre han sido conscientes de esa pobreza o de ese vacío conceptual de Dios, y por eso lo han enriquecido con otros detalles o atributos que le proporcionen un poquito de chicha informativa (omnipotencia, omnisciencia, eternidad, bondad, justicia, martillos, piojos, etc.)

  11. De Dios no se puede decir nada proque no lelgamos a comprenderlo ni conocerlo, porque nuestros parámetros no nos lo permiten. Por eso cualqueir ocsa que se diga de Él habrá de ser siempre en modo superlativo: omnisciente, omnipotente, …. (según la teología)
    Por otro lado, ya Sto. Tomás de Aquino intentó demostrar la existencia de Dios mediante la prueba de las cinco vías. Sin embargo, cuando acabó de demostrarla apostilló: Estas vías solo sirven si tiene uno fe proque de otro modo después de haberlas leído seguirá sin creer (la frase no es literal, claro).
    En cierto modo es algo aprecido a la discusión sobre la propiedad privada (si existe o no, etc.) Uno o está convencido de su existencia o ya le pueden dar argumentos que no servirá de nada.

    Por último, uno problema educativo es la inexistencia casi total de centros público tipo A no confesionales.

  12. Disculpe la tardanza; andaba con cosas domésticas. Le contesto:

    ——-

    Su argumento era que los atributos divinos son meras construcciones verbales sin ningún sustento real, del tipo “círculo cuadrado”, “madera de hierro” o “ira mineral”. Pero esa falta de sustento real es precisamente lo que se discute: si existe un Dios con todos esos atributos, ya hay un sustento real.

    ——–

    Yo creo que el Dios del que hablo (diferente de los dioses de muchas religiones) es un Dios que por tan perfecto, tan poderoso, tan sin límites, cuando es definido (no de forma trivial) lo definimos sin añadir nada, sino utilizando términos conocidos llevados a un punto que resultan incomprensibles. Digo trivial porque algunos atributos de Dios (por ejemplo, el que envió a su hijo bienamado a la tierra; o el uno y trino) pueden ser excluidos sin que éste resulte afectado. En consecuencia, si Dios (la palabra) no nos dice nada, esos atributos “esenciales” tampoco nos dicen nada (sólo parecen decirlo por referencia a esos atributos que sí conocemos como poderoso o creador de una obra concreta). Decir “si existe Dios ya hay un sustento” no añade nada. No sé qué pueda ser Dios por su nombre o por el nombre de esos atributos “esenciales”, porque no sé qué significan (o mejor si significan algo).

    ———

    Por otro lado, los únicos atributos inseparables de un Dios que explicara el origen del Universo serían el de “creador” y el de “único”. Omnipotente, omnisciente, etc. no tienen por qué predicarse necesariamente del concepto Dios.

    ———

    Bueno, usted me dice qué significa omnipotente y omnisciente (al menos parcialmente o por referencia). Da por sentado lo que yo no admito, que usted sepa qué es omnipotente u omnisciente. Por el mismo procedimiento yo podría decir que ese “omni” incluye necesariamente que se predique de Dios. Al menos de ese Dios límite al que parecen referirse los cristianos, los musulmanes, los judíos.

    ———

    Por último, parece dar usted por supuesto que la única manera de explicar qué significa un término es ofrecer una referencia real. No veo por qué. Los conceptos de “flogisto”, “unicornio” o “los números en los que ningún hombre pensará” son fácilmente definibles y comprensibles por nuestro entendimiento, a pesar de que nunca podríamos ofrecer una referencia real, un ejemplo.

    ——–

    Ya lo dijo Gaunilo y se lo refutó Kant (creo). No vale el ejemplo, porque un “unicornio” no es “Dios”. Podemos imaginar algo que no existe; incluso describirlo. Lo que no podemos es imaginar a Dios (al Dios del que hablo). El ejemplo de esos seres o entes imaginarios es estupendo: yo creo que no refuta mi tesis, sino que la confirma.

    ——-

    Si no me equivoco, su argumento podría reformularse así:

    Dios es superfluo. Dios no añade información a la pregunta “Cuál es el origen del mundo?”, porque al decir “Dios” nos estamos limitando a decir “origen del mundo”.

    ———

    No del todo. Dios no añade información porque no la añade. Y “origen del mundo” (en el sentido de ente creador) tampoco añade nada porque no sabemos (por las razones dichas) qué significa. Digamos que el concepto Dios es tan problemático como el concepto “creador del mundo”, “omnipotente” u “omnisciente”.

    ———

    Ocurren, sin embargo, dos cosas:

    1. Que incluso esa definición mínima y circular añade alguna información, porque podría ocurrir que el mundo no tuviera un origen. Así, al decir “Dios” ya estaríamos decantándonos por una alternativa.

    ——–

    Podría ser. Es un buen argumento (aunque Averroes creía que el mundo era eterno y creía que Dios existía). Yo creo (contra Averroes), sin embargo, que optar por un mundo increado es rebajar a Dios. Ese Dios ya no sería el Dios del que hablo. Sería alguien muy poderoso (una especie de superhéroe o un dios de esos que hacen truenos con un martillo). Por tanto, no añade información. Uno es creyente en “Dios” y el otro no.

    ——

    2. Que los creyentes siempre han sido conscientes de esa pobreza o de ese vacío conceptual de Dios, y por eso lo han enriquecido con otros detalles o atributos que le proporcionen un poquito de chicha informativa (omnipotencia, omnisciencia, eternidad, bondad, justicia, martillos, piojos, etc.)

    ——-

    Me da que esa chicha no es tanta como parece: sólo es una proliferación de nombres.

  13. Bien, sí. Aunque lo de la propiedad me parece diferente. Como derecho que es, es una construcción legal. Sin derecho, lo más que hay es la posesión y la fuerza. Lo problemático es decir que la propiedad es un derecho natural, pero no por propiedad, sino por “derecho natural” que es algo muy, muy problemático.

    En cuanto a lo de los centros públicos tipo A no confesionales, en algunas ocasiones, he dicho (ya sabe en conversaciones de bar) que la primera reforma educativa que haría sería la siguiente: crear (en la medida que lo permitiera el presupuesto) centros públicos de élite (a partir por ejemplo de 9 ó 10 años), en los que el requisito para entrar fuese exclusivamente académico. Y gastarse en ellos el dinero necesario para contar con los mejores medios y los mejores profesores. Es la única forma que se me ocurre de promover la meritocracia con independencia del dinero.

  14. He estado fuera toda la tarde, con unas ganas locas (el adjetivo es literal) de volver a casa y leer su respuesta. Es brillante, no hace falta decirlo, pero tengo la impresión de que no avanzamos. Con Dios suelen pasar estas cosas.

    Usted insiste en la clave de su argumento, que voy a resumir ahora de un modo distinto: “omnipotente”, “omnisciente”, “creador”, etc., son conceptos que a primera vista parece que significan algo, pero que realmente no significan nada.

    Pues bien, yo creo que sí significan algo. “Omnipotente” quiere decir “que puede hacer todo aquello que es posible”; “omnisciente” quiere decir “que sabe todo aquello que puede saberse”; “creador” quiere decir “que hace existir algo”; etc.

    Yo creo que comprendemos perfectamente estas expresiones, como lo prueba el que las usemos con soltura en frases del tipo “El hombre no es omnipotente, pues hay muchas cosas que no puede hacer”.

    Usted replicará que las comprendemos -o creemos comprenderlas- de un modo puramente lingüístico, como comprendemos el “círculo cuadrado” que antes le citaba, pero que esa comprensión no es una verdadera comprensión. Es en este punto donde su argumento cojea y donde seguirá cojeando mientras no explique usted qué entiende por “comprensión”.

    Por lo que ha escrito hasta ahora, me parece intuir que entiende usted por “comprender” algo así como “formarnos una imagen del concepto en la mente”. Es decir, una comprensión visual, plástica. Si esto es así, habrá que excluir como explicaciones válidas del universo, o de algunos aspectos del universo, las proporcionadas por la Teoría de la Relatividad y por la Mecánica Cuántica, e incluso la acción a distancia de la vieja teoría de la Gravitación Universal.

    Al lado de las esferas tetradimensionales o de la dualidad onda-partícula, los conceptos de omnipotencia y omnisciencia casi parecen diáfanos y cotidianos.

  15. Lo que son las coincidencias.

    Me han regalado esta tarde “Guapo y sus isótopos”, de Sánchez Ferlosio, y he leído en el metro de vuelta a casa el primer capítulo.

    Mis calcetines de rayas temblaron de emoción dentro de las sandalias al leer ahí estas líneas de Husserl: “Si las palabras ‘cuadrado redondo’ o ‘círculo cuadrado’ no tuviesen sentido, ¿cómo íbamos a comprender la pregunta de si existen y negarla? Incluso para rechazarla necesitamos representar de uno u otro modo esa materia contradictoria… Si a estos absurdos se les llama ‘sin sentido’, esto no puede significar sino que no tienen evidentimente ningún sentido racional”.

    Todavía no sé si este párrafo respalda mi argumento, el de Tse o ninguno.

  16. Bueno, parece que hacemos círculos cuadrados, efectivamente. Pero por zanjar el tema por mi parte, le diré que creo que omnipotente y omnisciente es como Dios, conceptos que “parecen” diáfanos, en comparación la mecánica cuántica. Parecen precisamente porque no nos referimos con ellos a lo que se supone se refieren. Yo creo que cuando alguien piensa en “omnipotente” piensa en alguien poderoso, poderosos, muy poderoso, y lo que tu digas más infinito, como hacíamos de niño. Igual pasa con círculo cuadrado: yo creo que alguien que cree que entiende “círculo cuadrado” sólo pasa repetidas veces , a gran velocidad, de un círculo a un cuadrado y acelerando cree comprender algo que simplemente no significa nada (o que todo lo más significa “transición entre estados incompatibles) . La mecánica cuántica, sin embargo, nos parece oscura porque el lenguaje matemático es difícil y porque, y esto creo es lo más importante, las consecuencias de ese sus formulaciones son extrañas comparadas con el aparente mundo real.

    En cualquier caso, esto era ateísmo para vagos y empieza a incumplir sus propósitos, joder!

    Algo más, veo que el tarado de Puerta del Sur ha aparecido por aquí y mucho más civilizado: bien está!

  17. Se diría, en efecto, que el Dios del que se puede hablar, o que resulta imaginable, es un Dios desdiosado, venido a menos. De ahí la teología negativa, de grato recuerdo, y la idea de que el Uno se multiplica en hipóstasis que participan o emanan de Él, pero no lo agotan. No obstante, la conciencia de ese desnivel no me parece distinta (o al menos no tan distinta) de la que se da cuando admitimos que resulta imposible explicarle cabalmente qué es un orgasmo a alguien que nunca lo ha sentido, o cuando reconocemos que aquello que decimos siempre es defectivo respecto a aquello de lo que hablamos. Dicho de otro modo, lo que sin duda está ahí es esa sensación de lo inefable o desconocido (acompañada con la certeza de que nunca lo será). Llámalo Dios. O equis.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s