Receta para guisar el pulpo


Hay un aspecto interesante en lo sucedido ayer con las adhesiones nacionales que no he visto subrayado en ningún lugar. Si el Tribunal Constitucional realiza una faena de aliño, quedándose en el conocido y trilero «ni pa ti ni pa mí», sin tocar el Estatuto en su núcleo, y los órganos de los partidos catalanes (ya saben, los comités de dirección, los periódicos, el Fútbol Club Barcelona, el Colegio de Abogados de Barcelona, etc), después de la que han montado, se lo toman con tranquilidad, habrán conseguido el objetivo de desactivar cualquier crítica contra la sentencia. Terminarán siendo, ellos, los razonables. Al exigir que no se toque una coma y «transigir», provocarán el alivio de muchos, que les perdonarán sus actos pasados. Además, cuanto mayor sea la reacción contra el texto, más «justificado» quedará su comportamiento anterior. Al fin y al cabo, ellos montan el cirio e inmediatamente preguntan a todos los demás: «tú, si sale una sentencia que declare el Estatuto constitucional, ¿no vas a meterte con el TC?». Y los que no habían abierto la boca tienen que contestar: «no, no yo acataré la sentencia, diga lo que diga». Alguien dirá que es obvio, que hay que acatar la sentencia. Sin embargo, en ese acatar hay algo más. El retraso en dictarla no es neutral. La prueba es que el retraso «sine die» implica la constitucionalidad de hecho del Estatuto. Llevamos tres años tragando THC (y no se me ha colado una letra) y ahora, esto, es sólo una hostia para ver si estamos bien dormidos. La jugada es magnífica: ya estamos listos para una nueva prueba de madurez.