Ya semos sostenibles o el bloguero esquirol


Yo pensé que después de esas noticias de los últimos tiempos, esas filtraciones pequeñas en el muro, en el dogma del cambio climático, cambiarían la página gore de El Mundo; pero no, ahí sigue, real, y no, no es ciencia ficción.



Eso sí, no deje usted, estimado lector, de escuchar música verde.



Una de los sucesos más acojonantes (y más risibles) de los últimos tiempos ha sido la reunión de la Ministra de Cultura con 14 blogueros, 14, autoproclamados representantes de nos cuántos miles que han firmado un manifiesto. El evento ha sido retransmitido en vivo por los propios blogueros -previo reparto de almohadillas-, que así nos han demostrado cómo mola su pistola. Es lo malo de la «cultura» de los «interlocutores sociales»; que tienes, ministra y todo, que hacer el paripé con la opinión-spam.



Por cierto, he leído el manifiesto.

Lo más gracioso es que se habla todo el rato de la obsolescencia de ciertos modelos y tal y cual, pascual. ¡Obsolescencia! Por los cojones. Mira que rápido se han organizado, tal que puta SGAE, para defenderse contra la primera medida seria que puede hacer daño a su «modelo» internáutico. Medida que, por cierto, es tela de tecnológica: dejarte sin el cacharro.

¡Ay, madre! Cuántas proclamas se hacen en nombre de la libertad.



He echado un vistazo por encima al anteproyecto de ley de economía sostenible, y es, como de costumbre, un montón de bullshit que sirve para citar cienes de veces la palabreja de moda y para crear un nuevo aparato administrativo (me imagino los codazos que se están dando ya los candidatos) que haga lo que la ley no hace.

Bueno, he sido injusto. También propone la reforma de un montón de leyes de la mitad del texto para atrás (ya saben, la parte que vale, la de las disposiciones adicionales y finales). Sólo pasa que esta vez no la llaman ley de acompañamiento, para disimular y convencernos de que la modificación del catastro nos mete en el siglo XXI de cabeza.

Por cierto, la reforma que tanto cabrea a los blogueros, les cabrea no porque no haya jueces de por medio, que los hay. Les cabrea porque el juez aparece después y la ineficacia de nuestra administración de justicia ya no juega a su favor, sino en su contra. Me recuerda a aquella reforma de la Ley de Enjuiciamiento Civil que hacía ejecutables las sentencias no firmes sin necesidad de avalar. Es, en consecuencia, una forma más de la vieja excusa del «mal pagador».