Todo lo que siempre quiso saber sobre la fotosíntesis y la respiración celular y no se atrevió a preguntar (IV)


Ya, ya nos vamos acercando al clímax. Les ruego un poco más de paciencia. Antes de entrar en harinas, hay que saber algo acerca de la luz y los colores.

Puede que ustedes no lo sepan, pero a las plantas no les gusta el verde. Descubrir esto es frustrante. Toda la vida diciendo que las plantas son para las ovejas y que donde esté un buen chuletón que se quite cualquier verdura y, de pronto, descubres que a las plantas tampoco les gusta el verde.

Nos dicen los listos que la luz puede describirse como una onda o como una partícula y que eso parece paradójico pero no lo es. Y los demás decimos “¿Y?” Y ellos nos hablan de experimentos mentales y de rendijas y de interferencias. El asunto es intrigante, pero no puedo detenerme aquí sin colapsarme, así que opto por decirles dónde estoy aunque desconozcan ustedes la velocidad a la que escribo.

Y estoy intentando hablar del color. La luz, nos dicen unos, es una parte del espectro electromagnético, concretamente la parte visible. Otros nos dicen que todo el espectro electromagnético es luz, y que, precisamente por eso, hablamos de luz visible. A mí me da igual, pero se podían aclarar. Esto es el espectro electromagnético:



El espectro es un dibujo que resulta de la frecuencia de las ondas electromagnéticas. Las que son más cortas andan más allá de los azules y las que son más largas más allá de los rojos. Las más cortas son además más energéticas: por eso los rayos gamma te convierten en un ser verde cabreado, porque son capaces de alterar a las pacíficas moléculas del ADN, mientras que las ondas de radio a lo más a lo que llegan es a cabrearte, pero sin mutaciones. Ahora veámoslo desde el punto de vista de la partícula mensajera: el fotón. Los fotones son luz empaquetada, y pueden ser más o menos energéticos. Hay una equivalencia entre la energía y la longitud de onda: a más energía, longitud de onda más corta. Si la energía (es decir la longitud de onda) se encuentra dentro del rango de la luz visible, veremos la luz (por eso es visible, claro). Y su color depende de cuál sea esa longitud de onda, de cuánta sea su energía.

Cuando el fotón llega a un objeto puede atravesarlo, puede ser absorbido o puede ser reenviado de vuelta. Si hay mucha luz presente y en todas las longitudes de onda del espectro visible (y esto es lo habitual cuando el astro rey nos ilumina) el color es resultado de la absorción y la reflexión. Algunas moléculas presentes en el objeto iluminado absorben algunas longitudes de onda concretas (alterando la molécula – ¡¡esto es importante!!) y el color es el resto: todo lo que no es absorbido. Si las absorbe todas, el objeto es negro; si las refleja todas, el objeto es blanco.

Pues bien, en los tilacoides de los cloroplastos de las células de las plantas de la Tierra (¡¿no se habrán olvidado ya de los cloroplastos?!) hay unas moléculas que se dedican básicamente a absorber longitudes de onda.

La más reconocida por su labor es la molécula de clorofila que resulta muy atractiva, además de por su méritos intrínsecos, por parecerse a una maraca:



A la clorofila le mola la luz violeta, la azul y la roja. Y desprecia la luz verde. Ya ven por qué las vemos de ese color.

Sin embargo, como tampoco es cosa de andar despilfarrando, también están presentes otras moléculas que absorben otras longitudes de ondas: los carotenos absorben el azul y el verde, y le dan ese color tan molón a las zanahorias; las ficocianinas absorben el verde y el amarillo, y se las encontrarán en algún restaurante exótico en el que sirvan algas azules (por cierto me encanta el apellido de las ficocianinas: biliproteínas).

Vean lo efectivas que son las plantas al ponerse las pilas:



Todas esas moléculas, junto con moléculas transportadoras de electrones (¡¿no se habrán olvidado de ellas?!) forman, en las membranas de los tilacoides (ya, ya les hablaré de los tilacoides), unas cosas llamadas fotosistemas.

Allí, en los fotosistemas de los tilacoides tiene lugar la fotosíntesis.

Pero de eso les hablaré otro día.

Eso sí, no todas las plantas son buenas…