Menudencias

Tres días atrás representé a un amigo en una junta de copropietarios. No venía, porque se discutía el ejercicio de acciones judiciales contra él. Me acompañaba su mujer. Tras mucho frío y muchas horas, sus vecinos decidieron que sí, que iban a demandar. Para lo que quiero contar no importa por qué, sólo importa que la decisión cuestiona su honradez. Uno de los vecinos, uno que había estado discutiendo sobre las flores del jardín, sobre los vigilantes y la pintura de las puertas del garaje, al pasar al lado de la mujer de mi amigo, cuando ya nos íbamos, le murmuró: “a sufrir”. Me lo contó luego. Ella nada tiene que ver con los hechos que habían motivado la decisión. Nada en absoluto.
Qué miserable.

* * * * *

Mi padre tenía un conocido al que llamaba “Quintín, el amargao”. Era un tipo desagradable y hosco. Había pasado, adolescente, mucha hambre en el Madrid de la Guerra Civil, y contaba peripecias asombrosas, brutales, que desgraciadamente no recuerdo con detalle.

Fui abogado suyo en un par de asuntos sobre arrendamientos, cuando empezaba. En una ocasión, tomando una cerveza, me contó una historia terrible: había tenido un enfrentamiento con un vecino que había durado décadas de discusiones, peleas y demandas. El vecino había muerto hacía poco de un infarto, y le vi, con un brillo maligno en los ojos, vanagloriarse: estaba sinceramente convencido de que le había causado la muerte con el último de sus pleitos.

Ya murió. Supongo que sólo nos acordamos de él algún sobrino heredero y yo.

* * * * *

Un hombre es detenido por agredir a su mujer en presencia de los hijos pequeños de ambos. El atractivo de ella es sobresaliente; parece una modelo.

La historia se aclara lentamente. Son nigerianos. Ella se fue hace meses de la casa. Y él ha cuidado a los niños desde entonces. Hasta que un día regresa y se empeña en llevárselos. Él se niega, y ella llama a la policía, acusándole de haberla pegado.

También lentamente se va percibiendo la sinceridad de él y la mendacidad de ella. En un momento dado, la juez le pregunta a él: “¿su mujer se dedica a la prostitución?”

Y él contesta: “ha habido …, entiéndame, está el asunto del dinero y de las llamadas …, pero yo no he visto nada, y no puedo decir eso”. Y se calla.

La juez sólo añade: “esto le honra”.

Anuncios

4 comentarios en “Menudencias

  1. Lo de desagradable y además hosco, me ha gustado.

    11. Todo el mundo tiene derecho a la “no ingerencia en batallas campales entre otros nicks”.

  2. Pues sí, Tsevanrabtan. Como dice Protactínio en un post correspondiente a la entrada anterior, ayer estábamos él y yo -acompañados de su estupenda familia- bajo la torre de Santa María, ahora cubierta de andamios. Una niebla espesa nos borró Gredos, Santa Cruz y la sierra de Guadalupe, algo comprensible, pero también las casas y jardines cercanos. Nos vengamos adecuadamente del puré de guisantes atmosférico con una mesa a base de cabrito, cerdo ibérico y retinto y, lo mejor de todo, una animada conversación.

    Si le soy sincero, no me parece bien que estuviera usted en Agosto y no me lo advirtiera. Sabe que, más allá de diferencias de criterio en temas puntuales, hay un aprecio de base y me hubiera dado una alegría.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s