Negros estúpidos



Sitúense hace un par de años, en una conversación entre abogados. Nosotros defendíamos a unos europeos que habían sido estafados por unos nigerianos que utilizaban la (¿lo adivinan?) famosa «estafa nigeriana». Hay variantes, pero la más habitual es la del ministro de petróleo que tiene que sacar de su país un porrón de miles de millones de dólares y necesita la cuenta corriente de alguien para hacerlo. Si aceptas, el «ministro» te dará una comisión enorme. Al final, o terminas viajando a Nigeria y te extorsionan, o terminas anticipando los gastos de la enorme transferencia. Sí, nuestros clientes habían picado y adelantado «sólo» noventa mil euros. Pues bien, el abogado de los nigerianos nos confesaba que sus clientes jugaban con un factor insuperable: según decían, los blancos siempre piensan que los negros son gilipollas. Como ven, en la estafa, el negro es como el tonto del timo de la estampita, pero no necesita parecer tonto, porque es negro. Nos hemos reído mucho recordando esta conversación, mientras el gobierno español compraba estampitas a los somalíes.

Hace unos veinte años una mujer se reía delante de un televisor mientras veía El show de los Cosby. Su hijo, al pasar, le preguntó qué le hacía tanta gracia, y la mujer contestó «que vayan vestidos y lleven zapatos».

Hace algo más de cien años, un comerciante llega a la corte de Menelik II (no les pongo aquí un link porque pienso dedicarle una entrada y por una razón que verán más adelante) el emperador de Etiopía. Le muestra un moderno fusil y, para explicarle cuán útil puede serle, le dice «pum, pum». Menelik II le mira y, con sorna, lleva al comerciante a su arsenal y le muestra sus cien mil fusiles. Los mismos que servirán para humillar a los italianos en Adua.

Puede parecer que son cosas del pasado. Sin embargo, si leen sobre Menelik II en la wikipedia española, terminarán pensando que el emperador, por muy esforzado que nos parezca, no pasaba de ser un imbécil que usaba como trono una silla eléctrica desenchufada, confundía un puente en miniatura con uno de verdad, y murió al intentar tragarse el Libro de los Reyes (sic), extraordinaria anécdota que en otras páginas y blogs es culminación de un banquete que nos dicen que empezó por el Génesis y que le llevó a la muerte después de tragarse todo el Pentateuco, hasta el punto de hacerle candidato a un premio Darwin. Puede que la anécdota, en su versión menos extrema (hojas sueltas del Libro de los Reyes) sea cierta. Al fin y al cabo en Reyes I se cuenta la vida de su antepasado Salomón (así lo creía él) y puede que alguien se haya confundido con el Kebra Negast (El libro de la gloria de los reyes), un libro del siglo XIV que nos cuenta que el primer Menelik (nacido David y ladrón del Arca de la Alianza) era hijo de la Reina de Saba y del propio Salomón. No obstante, es un poco raro, considerando que el Negus lleva cuatro años impedido y es muy anciano, aunque está afectado seguramente por la sífilis (y la consecuente demencia). El retrato parece haberse extendido desde la wikipedia inglesa, a la que llega por un capítulo llamado People who ate their own words-or other’s words, sacado de un libro llamado The People’s Almanac Presents the Book of Lists, un libro, ya lo ven, tan específico y erudito como ese otro que aparece en la wikipedia española, ese «El libro de los hechos insólitos» de Gregorio Doval, por lo que veo un experto en citas).

Pero esas dudas, ¿qué importan, considerando que la anécdota se refiere a un negro estúpido?