The snow in Seville falls severely miles away

No es cierto que haya nevado en Sevilla (ciudad). Tengo la prueba. La no prueba, si lo prefieren. Igual que Paris y la torre Eiffel, la ventana de cualquier habitación de Sevilla mira a la Giralda. Y no habrán visto ninguna foto o vídeo de la torre engalanada con copos de nieve. No nevó. Eso sí, hizo un frío del carajo, con una máxima de cuatro grados que es la temperatura mínima normal de alguno de los días más fríos del año. Y, también, nevó copiosamente [¿puede nevar de otra forma?] en el extrarradio noroccidental cercano, muy muy cercano. Digamos que la nieve llegó a las puertas de la ciudad y si no entró, probablemente, se debió al calor que desprenden hoy las ciudades [calefacciones incluidas]. Bueno, a eso y a que la ciudad está en una olla.

Ocurrieron otros fenómenos estraños relacionados con la astucia, habilidad y adaptación al medio de los lugareños. No se recordará pero la mejora de las previsiones meteorlógicas hizo que el año pasado se emitiera una alerta de posible nevada en la ciudad de Sevilla. A cuatro días vista la alerta fue un simulacro. Pero tal vez prendió en el subsconciente y como ayer [antesdeayer, por lo menos, para usted querido lector] se hubo emitido un aviso de posible pero poco probable [follow the link, describe muy precisamente lo que ocurrió el domingo por la mañana; salvo que poco después del mediodía la temperatura empezó a bajar y, también, la nieve] nevada en Sevilla el lugareño pensó que otra vez pasaría de largo y jugó a lo seguro. Amaneció domingo y el lugareño vio que hacía un frío del carajo y que llovía [allí, claro, frío y lluvia son incompatibles]. Además todas las televisiones hablaban de la nieve y de la nieve; y de la nieve. El lugareño del lugar agarra entonces el mantel a cuadros, la tortilla de patatas, el cocacola, la cruzcampo, las deportivas y los guantes de punto, los niños de menos de cincuenta años y la abuela de más de cien. Equipado con el pack completo tira para abajo y se va a la Sierra Norte o, los más exquisitos, a la Sierra de Aracena. Y a disfrutar de un día en la nieve.

Al parece los alcaldes de la zona hubieron alertado a la Junta de Andalucía de que se les venía encima una avalancha de «turistas». Y los alcades se quejan de que no les hicieron caso. Seguramente la queja es maliciosa e interesaba pero unos 500 vehículos y 800 personas tuvieron que parar y pernoctar en localidades de la comarca, incluso en improvisados alojamientos polideportivos. Una aventura más para contar a los nietos y, también, un día perdido en el colegio.

Escribo esto porque encontré este enlace donde se cuenta la historia. No sé si durara mucho pero verán que es del ABC de Sevilla [periódico local de rancio abolengo: no confundir con la edición andaluza del ABC o de El País o de El Mundo o de lu que sea; periódico tan local como La Verdad de Murcia]. Allí se explica que «fueron muchos los turistas que acudieron a esta zona [a la Sierra Norte] para disfrutar de la nevada». A cualquier cosa llaman hoy turista. Incluso cabe la posibilidad, es el caso, que un periódico llame turistas a sus lectores.

Claro que peor habría sido forasteros.

O gilipollas; que es lo que probablemente quiere decir turista en dialecto local.





El president de la Irlanda del Norte se toma una excedencia de seis semanas.

Seis semanas son cuarenta y dos días. Aproximadamente.

El president de la Irlanda del Norte se va de cuarentena o de Cuaresma.