Ego trip III



El resto de los que he encontrado:

3 de junio

[249] Escrito por: Tsevanrabtan – 2 Junio 2006 05:37 PM

Leo el auto del juez Marlaska y observo dos cosas:

En primer lugar, que la fiscalía claramente ha legalizado a Batasuna. De ahora en adelante, siempre que no sean explícitos (nunca lo han sido) y no digan “si encarcelas a un batasuno te pongo una bomba” van a tener carta blanca para avisar de bloqueos, paralizaciones, retrocesos y fracturas graves del denominado proceso de paz. No le pongo comillas porque son las palabras del fiscal: “Son expresiones personales donde ser vierten apreciaciones y opiniones sobre las posibles consecuencias políticas de una hipotética medida procesal cautelar, expresiones relacionadas con el denominado proceso de paz y que hay que situar en el contexto de la confrontación política, junto con las diferentes opiniones y valoraciones que en dicha situación se han realizado por los miembros de otras formaciones políticas”.

Diferencia de opiniones y valoraciones y confrontación política son, si hablamos de ETA, palabras que te llevan al chaleco antibalas. Pero bueno, no dejan de ser apreciaciones y opiniones sobre las ‘posibles consecuencias políticas’. Vamos, que Otegi entra en un bar, ve la tele, mira al Marlaska en las Noticias de ETB y dice, “pues como esto siga así va a pasar algo”, y luego se va a repartir pan, porque, al fin y al cabo ¿qué tiene él que ver con eso de la violencia terrorista?

En segundo lugar, no entiendo al juez, la verdad. Pasa de puntillas sobre la circunstancia de que se hayan restregado por el forro de la entrepierna sus propias medidas cautelares. Y es precioso ver como el fiscal usa un argumento tan querido a los abogados defensores: el de que el incumplimiento de la medida cautelar es un delito con una pena mínima, olvidando que el juez que ha adoptado determinadas medidas cautelares puede (al margen de las consecuencias penales del incumplimiento) agravarlas si las primeramente impuestas no cumplen con su finalidad. Que se lo digan a todos los que incumplen órdenes de alejamiento en España.

Pero lo más cachondo es que, en cuanto a las amenazas terroristas, el juez aprecia que existen y, a la vez, en el auto prácticamente está indicando que no tienen relevancia penal (vamos, que penalmente no existen), salvo que aparezcan nuevos elementos para su valoración, cosa que malamente puede pasar teniendo en cuenta que se trata de un delito de mera actividad. Lean el argumento central del juez para no modificar las medidas cautelares:

“La ausencia de esa univocidad no se refiere al desarrollo de la conducta en esos hitos históricos, y por los representantes de la ilegalizada Batasuna, sino en que las expresiones finalmente proferidas por Joseba Permach, valoradas en su circunstancialidad, gocen de la precisa potencialidad, en grado de seria probabilidad, y estructuradas con el fin de anunciar de forma inequívoca que el no acceder a las pretensiones de conjunto del entramado terrorista ETA-KAS-EKINBATASUNA, implicaría necesariamente el retomar la violencia como eje principal de sus planteamientos. Y ello aún cuando la defensa y el M.F. se han limitado a consignar como manifestaciones de Permach, ante un hipotético encarcelamiento, repetimos miembros de la Mesa Nacional, que el proceso entraría en una situación de bloqueo, olvidando su final: “cuyas consecuencias habrá de valorarlas el Estado Español”. Por lo expuesto, y no existiendo otros datos objetivos, sin perjuicio de lo que pueda verificarse en un futuro inmediato y que permita valorar la actividad ilícita ahora imputada: tratar de hacer depender el cese de la violencia terrorista de la asunción por los poderes legítimos de los fines ilícitos que guiaban y guían aquélla,(…)”

El juez le dice a las defensas y al fiscal: “habéis sido malos y me escamoteáis el final de la frase, pero bueno vamos a entender, de momento, que no habéis amenazado a nadie”. Y no vean lo que me jode que un juez se exprese de manera ambigua, usando los mismas triquiñuelas formales de una Mesa Nacional cualquiera, dando a entender sin decir.

Es un algo así como “cuidado que vigilo”. Esperemos que cuando el vigilante se dé la vuelta no le veamos el muñequito de inocente pegado en la espalda.

7 de junio

[129] Escrito por: Tsevanrabtan – 7 Junio 2006 01:43 PM

LOS AMIGOS

Es peligroso. Lo he comprobado en seguida. Pero ¿qué hacer?, está en tu naturaleza. Destacar por ser el más rápido, a veces, el único. Miro alrededor, camino con cuidado.

Conocí al Marsellés cuando tenía doce años. Era el más grande y el más fuerte. No sé muy bien por qué razón se hizo amigo mío. No podía ser porque yo le ayudase con los trabajos del colegio. En el fondo, el colegio no le importaba gran cosa. En realidad él me ayudó a mí más que yo a él. Era la época en la que, al final de la cuesta, se ponían los de la banda del Mono a pillar el “colorao”. Él me enseñó a pasar a su lado, despacio, y escupir. Me enseñó a no cambiarme de acera. Me explicó los gestos y los signos. La verdad es que, en el fondo, era su presencia la que intimidaba a los otros.

En el metro de Legazpi, una tarde, me presentó a un amigo suyo, gitano. Era de su banda. No recuerdo por qué razón le pregunté por sus años y él me contestó algo que no pensé que pudiera contestarse. Me dijo que no lo sabía. Íbamos a un consulado, ya no sé a cuál, a por algo que necesitábamos, ya no sé para qué. Éramos cuatro. Ángel y yo charlábamos por la calle de Núñez de Balboa cuando nos dimos cuenta de que el Marsellés y su amigo se habían retrasado. Algo más lejos, anochecía, estaban atracando a alguien, la navaja en la mano. Para nosotros – me dijo su amigo, jugando en un máquina de marcianos – los amigos son lo más importante, que den la cara por ti.

En parte debió ser culpa del Marsellés aunque él no lo supiera. Una mínima mala influencia. Entonces (tengo quince años y él sigue conmigo) dije que no a los que habían decidido lo que debía estudiar o no. Y organizamos una pequeña revolución. Por vez primera tuvieron que buscar un profesor para dar clase de griego: catorce lo habían pedido. Clases de griego, después del recreo, con Pellicer y el Marsellés riendo tontamente, los ojos enrojecidos, el costo a 500.

Fue el último año. Dejó el colegio y le perdí de vista. Le llamaban el Marsellés porque era grande y rubio, eso decía. No habrá terminado bien. Fue un buen amigo.

21 de junio

[295] Escrito por: Tsevanrabtan – 21 Junio 2006 05:12 PM

En la historia de E. se mezclan, como en las malas novelas, la vulgaridad y la fantasía. Cuando la conocí tenía dieciséis años. Andábamos todos rijosos. Ahí estaban, por fin, las primeras chicas que entraban en el colegio. Cualquiera hubiera optado por los primeros cursos de egebé, los experimentos con gaseosa; sin embargo, los curas, no sé si con poco ojo o con bolsillos grandes, decidieron que la invasión comenzase en cou.

Los de letras fuimos los más afortunados. Dos de cada tres, que diría el político. E era la más espectacular. Rubia generosa, siempre con tacones, el pelo largo, los pantalones ajustados. Mi amigo Peña descubrió su único defecto físico: al andar, sus pies se situaban formando un ángulo recto y, por eso, la llamó Maricuá.

No era demasiado inteligente, pero quería ser la primera de la clase. Estudiaba mucho, aunque lo negaba. Llevaba ropa cara, y presumía de ir a muchas fiestas. Sus historias eran extravagantes, como una versión doméstica de aquí hay tomate. Contaba que se había enrollado con Nacho Cano, y que había sido novia (matices por cuestión de clase) de un Suárez que quiso mandar en la Mancha. Nos la tomábamos como a una Obregón en miniatura, riéndonos de sus fantasías.

Un día comenzó a venir a buscarla un universitario. Se llamaba J, y era alto, moreno y celoso. La humillaba delante de sus amigos y en alguna ocasión la pegó. B. me contó como había visto la bofetada en el metro, las lágrimas y la absurda reconciliación, ella pidiendo perdón.

Había algo risible en ella. Algo que no encajaba. Una conducta bovina con voluptuosidad de carretera.

Fue, como yo, a la facultad de derecho, en la complutense. Pero, casi desde el primer día comenzaron sus ausencias.

Pero os debo el folletín.

(Su padre es jardinero. He oído hablar de un marqués, de un conde, de un millonario. No importa demasiado. Lo que importa es su herencia. Hay algo extraño en el asunto, no hablan de ello. Las malas lenguas cuentan de las costumbres del, dejémoslo en marqués, y de los favores de su empleado. La madre, doméstica, mira hacia otro lado. Al final, tras la muerte, cobran la letra girada hacia tiempo. Son ricos, dicen que muy ricos, aunque ya será menos. Pero es verdad que tienen la finca, el piso nuevo, el apartamento cerca del viso. Tienen y cada vez van teniendo menos.)

Ya no va por la facultad. Me lo han contado, se ha hecho puta.

Y es extraño, porque así la habíamos estado viendo siempre. Siempre la vimos como a una puta. Vestía como una puta, se comportaba como una puta, hablaba como una puta. Supongo que hacía todo eso como lo haría una especie de puta ideal, ¿qué sabíamos nosotros de putas de verdad?

No era demasiado inteligente. Por eso, cuando supe que era puta, ya no volví a pensar en ella como en una puta. Ese día la vi en su casa, estudiando, preparando el examen de mañana.

11 de agosto

38] Escrito por: Tsevanrabtan – 11 Agosto 2006 12:00 PM

Cuentan las Eddas que Suso lloró cuando vio a Yggdrassil, el sagrado fresno, el que alimenta con sus ramas a todos los hombres, amenazado. Allí Suso empezó a hacerse preguntas. ¿Por qué los Aesir, tan poderosos, no paraban el caos? ¿Por qué Thor no usaba Mjolnir, el martillo destructor y se limitaba a una breve visita de cinco minutejos? Podría preguntárselo al gigante; bastaba con seguir la segunda raíz. Pero no quería molestarle, se contaban anécdotas sobre despidos fulminantes. Miró hacia abajo y allí, bajo la segunda raíz, donde se oculta la sabiduría, pudo observar como las Nornas hacían su trabajo (Urd, el pasado, siempre bien vestida, Verdandi, el presente, siempre preocupada por el derroche del agua, y Skuld, el futuro, limpiándose las uñas de los pies). Ante visión tan esplendorosa, cegado por el amor, tuvo que dirigir su mirada hacia lo alto, allí, donde el halcón Vedrfolnir (¿o es un tucán?) observa las cosas del mundo. “Pero ¿qué es eso? – se dijo – ¡ah! es Ratatork, la ardilleja alcahueta que trae noticias del inframundo”. Y entonces, al bajar la vista, lo comprendió todo, allí bajo la tercera raíz de Yggdrassil, estaba la serpiente Nidhögg y los demás reptiles, con sus barbas, haciendo el sucio trabajo de siglos, royendo las raíces del árbol primordial, en busca de Ragnarok. ¡Cómo los odió Suso!

30 de agosto

[242] Escrito por: Tsevanrabtan – 30 Agosto 2006 06:35 PM

Carmen escucha la COPE y está informada. Bien saben todos los que la conocen que a sus 85 años está perfecta de la cabeza. Ya ha dejado varios mensajes en el contestador de Federico. Este Zapatero es un majadero y un sinvergüenza que se dedica a remover a los muertos. Los muertos de unos y los de otros. Carmen sabe que hubo atrocidades y crímenes en los dos bandos. ¡Si lo va a saber ella, que perdió a un tío cura en las checas de Madrid! ¿Y a qué viene esto ahora, ahora que todo se había olvidado? Ha visto en la tele como un hombre busca la tumba de su abuelo, muerto por los franquistas y no le ha gustado. Dicen que lo hacen porque no se puede echar tierra sobre lo que pasó y que lo hacen sin rencor. Pero es mentira, lo hacen con rencor, ella lo sabe, porque ella es cristiana y ha perdonado, pero no pudo evitar una sonrisa el día que se murió la malnacida de la kiosquera, la que denunció a su tío, la que indultó Franco, tan malo no sería. Carmen tiene 85 años y sólo quiere estar con sus nietos. Pero algo hay que hacer. ¡Ya está! Escribirá una esquela. No habrá una sola mentira, todo según está en los papeles de la familia, los del juicio de la kiosquera. Escribe el nombre y los apellidos de su tío y se para. Está recordando los tres años de la guerra en Madrid. Luego empieza a contar. Consulta los papeles. Pone el nombre y los apellidos de la kiosquera, pero enseguida los tacha. Dirán si los pone que es venganza y maldad, un empeño por hacer sufrir a sus parientes. Copia lo de reclusión mayor y accesorias, y cuenta lo del indulto, ahí está en los papeles. Bien que pudo vivir ella, no como mi pobre tío Jesús, medita, y cae en la cuenta de los años que tuvo de gracia; y suma y deja constancia de esa deuda de vida. Y en ese momento desespera, pensando en que la kioquera vivió y su tío no, y vuelve atrás e intercala la frase más dura, ese «se casó y enviudó sin hijos, en su pueblo la llamaban la kiosquera». Ahí vuelca Carmen todo su odio, sí, te casaste, pero nada más, que Dios hizo justicia, y sabes bien que nadie decía tu nombre, no eras Gregoria, no, eras la kiosquera, porque todos sabían lo que habías hecho. Y ahí lo deja dicho Carmen, en esa terrible biografía de 19 palabras, porque la está señalando con el dedo.

Pasa el dolor y quedan los buenos propósitos. Quizás ha pasado por allí (¿qué hace la abuela?) alguno de tus nietos. Y pides por todas las víctimas, y hasta por sus verdugos.

Lo mandas al periódico. Un dinero bien gastado; es por la memoria del tío Jesús.

Es por la memoria del tío Jesús, te repites.