Lang lang, sonaba la caja registradora


Hoy he escuchado a la OCNE dirigida por Tan Dun, tocar obras de Tan Dun: su Sinfonía heroica para internet, pagada por Google para ser interpretada por la Orquesta sinfónica YouTube; Four Secrets Roads, extraídos de la ópera Marco Polo, y su Concierto para piano El fuego, compuesto para Lang Lang.

Pretendía escribir una crítica/crónica metiéndome (básicamente) con el compositor y sus obras: una mezcla de música romántico/nacionalista decimonónico con brotes de orientalismo, de mambo a lo Bernstein, y de Ennio Morricone. Todo como muy oído, a pesar de la pericia del autor, que pone los booms donde debe (y eso es algo bastante chungo). Salpimentado, claro, con algún elogio que me serviría para linkar alguna entrada de Rumbo a los Mares del Sur, que vendría bien a cuento, teniendo en cuenta la manía de Tan Dun de hacer sonar los violoncellos como P’ip’as.

Luego les contaría que Lang Lang había estado bien, son ese sonido marca de la casa, tan cristalino, con su claridad extraordinaria en el fraseo, con sus problemas a la hora de enfrentarse al tutti de la orquesta, y con su interpretación algo superficial. Y además, su bis ha merecido ese nombre, porque fue el mismo que nos regaló el año pasado, Tristeza, el estudio de Chopin, que debe ser habitual (por lo que he visto en youtube). ¿Y cómo lo toca? Bien, muy bien. Timbre de forma exquisita y las respiraciones se paran. Se paralizan, en realidad, porque su rubato, por momentos, es tan excesivo que he visto que alguna anciana señora se iba poniendo azul y casi moría, no de tristeza, sino de cianosis, a la espera del jodido acorde siguiente.

Sin embargo, todo esto, que me habría procurado el aplauso de unos y el gesto torcido de otros (con gran placer colectivo), debo dejarlo de lado. He de hablar de algo mucho más importante:

En el programa del concierto, junto con las sesudas reflexiones de siempre, podíamos ver unas ofertas que no podrán rechazar.

La primera es el libro de memorias de Lang Lang, en el que nos cuenta cuándo aprendió a poner esos caretos sin ser descubierto por algún guardia rojo (¡no busquen en la wikipedia: seguro que hay más “libertades” en el libro, joder!).

La segunda son las Lang Lang Gazelle, disponibles por 125 dólares americanos. Son maravillosas: desde que me las he comprado toco la Hammerklavier en mitad de tiempo.





Y mi producto favorito, la Lang Lang scarf, un prodigio de buen gusto y artesanía, propio de una de esas tiendas de magia oriental que se han extendido por toda la geografía nacional.





Por cierto, pese a la lengua viperina de muchos maledicentes, el estampado de la bufanda está formado por minúsculos pianos de cola y no por enchufes macho con toma de tierra.

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21 comentarios en “Lang lang, sonaba la caja registradora

  1. Ya he colgado un comentario que me ha mandado Bartleby en la entrada que parecía más apropiada.

    No obstante, lo vuelvo a poner aquí para general conocimiento. Es éste:

    “Me disculpará Tse que hable de Factual con retraso respecto a su entrada sobre el caso, pero el blog adecuado para hacerlo me parece éste. El caso es que el asunto se ha convertido en un caso desde la nota de dimisión de Arcadi hasta el así sucedió de Cristina Fallarás en su blog.

    El día que dimitió Arcadi no era el momento para pedir explicaciones, por respeto a las víctimas de la escabechina. Y por afinidad. Pero después sí, y a ambas partes, empresa y despedidos, por aquello del compromiso que todo contrato implica. Y por la parte de lealtad que implica esa afinidad. Posiblemente la mayoría suscribimos ese contrato por Arcadi y el nuevo modelo de periódico (y una forma de hacer periodismo) que se anunció. Otra razón para dar esas explicaciones es la información, los famosos hechos de los que presume (o presumía) el modelo periodístico Factual. Si hay algo peor que especular es que te fuercen a especular.
    Lo del recorte presupuestario súbito se puede entender, aunque con fórceps: un plan económico de viabilidad mal hecho y un fallo estrepitoso en las expectativas de ingresos, entre ellas un menor número de lectores de pago respecto a los previstos. Y una menor audiencia lleva a menores ingresos por publicidad y menos créditos. Vale, que la economía es muy socorrida.

    Pero lo del cambio de modelo periodístico es más difícil de entender porque sucede al cabo de sólo dos meses de estar el periódico en el aire (por lo de online, no sean mal pensados) y porque ambos equipos directivos (empresa y periodístico) se conocían de tiempo. Si desde fuera nos conocemos todos (me refiero a personas de la empresa que han tomado la decisión del drástico recorte), cuánto más desde dentro. Por eso no cabe la sorpresa como razón y hay que remitirse al dinero como principal explicación. No es posible un cambio de orientación tan radical en el modelo sin haberlo olido previamente, en la medida en que se conocía con creces a las personas que han tomado las decisiones, insisto. A estas alturas se sigue sin saber en qué consiste ese cambio.

    Hay un tercer motivo, el político señalado por Cristina Fallaras en su blog, esa contraposición entre derecha y “rojos, socialdemócratas, críticos y modernos”. Por un lado, no es de recibo recurrir al ya sobado e insoportable prestigio implícito del segundo bando, por oposición a la maldad natural de la derecha. Por otro y principal, es inverosímil que no supieran parte de los defenestrados con quien se jugaban los cuartos políticos (y periodísticos) cuando sí se sabe desde fuera. Pero el victimismo político no es la cuestión.

    Cuando escribo esto aún no ha colgado Braulio García Jaén (un periodista como la copa de un pino, por cierto) en su blog el anunciado por Cristina despido íntegro. Será un dato más que añadirá información pero los entresijos siguen sin aclararse. Los entresijos son el famoso cambio de modelo, lo repentino y drástico del mismo y la sorpresa sobrevenida. Para pasmo el de lectores (parte contratante) y colaboradores.

    Bartleby”

    1. Decía CFallarás:
      “Deberían haber dicho: hijos de puta estáis todos en la calle, por rojos, socialdemócratas, críticos y modernos, pero no se atreven, aunque se les nota que lo están pensando.”
      Yo lo que entiendo es que CF pone esas palabras en la mente de las dos “empresarias”. No es forzoso que sea lo que piensa de sí misma y de su gente. Es más, no he visto antecedentes de que piense eso en la (breve) historia de Factual. Pero supongo que lo mejor sería que lo aclarase ella, que ya es mayorcita para defenderse sola.
      Salvo que le sigan un tercero, un cuarto, un quinto, etc., me parece demasiado básico ese concepto de “segundo bando” a estas alturas de la historia de España: para eso ya están los períódicos del Régimen, esos que empiezan por “P” y son tan unidimensionales.
      Claro que los otros, los de la “derecha”, que dice Bartleby, también lo son: aquí no vale el chiste de el que dice que no es lo uno ni lo otro es falangista. A ver si empiezan ya a enterarse de que la decimonónica metáfora izquierda/derecha no es que sea reductora, es que es sobre todo invalidante.

  2. Por cierto, ayer vi Avatar.

    Creía que la crítica de Tsevanrabtan era exagerada, tenía, – perdóneme usted – la idea de que al Sr. Tsevanrabtan le gustaba a veces ser un tanto snob, desmarcarse del común de los mortales.

    Pero no; ¡vaya mieeeerda!

    Y encima, ganan los malos.

          1. Yo lo que no entiendo es para qué quiere el Sr Sostres un estado, aunque sea con mayúscula, en Cataluña. Ya tiene uno, incluso más grande: ¿y quiere uno pequeño? Si al menos lo fuera a gobernar él, podría entenderlo, pero sólo sería un subdito más, dentro de unas fronteras más estrechas.
            Si resulta que yo soy tonto por no entenderlo, que me lo explique.

  3. Sobre Factual y a partir de la crónica de Braulio en su blog (http://ladoblehelice.com/2010/02/01/ultimas-24-horas-en-factual-i/#comment-846)
    Algunas conclusiones, provisionales porque la información disponible hasta ahora es parcial:

    1. “(…) si los recortes, que yo entendía que se debían a problemas prespuestarios, si no podrían también tener que ver con los resultados de los dos primeros meses. Que no, respondió, pues en todo caso dos meses era tan poco tiempo para juzgar un proyecto, que resultaba delirante cualquier decisión a partir de un período tan corto. Que la acogida del periódico, añadió, no había sido mala, en absoluto, dijo, y citó el “page rank” (o eso entendí yo) de Google.”

    Luego la necesidad de hacer economías no fue el motivo principal del recorte drástico de plantilla y ambiciones en Factual, según las explicaciones de las dos representantes de la dirección.

    2. “¿Y qué periódico quieren que hagamos?, rompió por fin uno. Que no lo podía saber, dijo, que sólo sabía que no les gustaba el que estábamos haciendo y que sabía que no les gustaba desde el primer día que lo vieron: por ejemplo, era demasiado moderno, dijo. Demasiado complejo, a veces, demasiado bonito, y poco más añadió. Luego hubo quien preguntó también si esa otra orientación que les hubiera gustado imprimirle no tendría que ver también con la política. De tipo ideológico, fue la expresión que recuerdo de su respuesta: dijo otras cosas, casi todas más largas y más rebuscadas. Pero recuerdo ésta: sí, orientación que se refiere también a cuestiones de tipo ideológico, respondió.”

    Aparecen entonces la ideología y la apariencia (“demasiado bonito”) como excusas, no razones, pues ambas direcciones –empresa y periódico- se conocían mutuamente de sobra como para llamarse a engaño. A pesar de lo cual el periódico “no les gustaba [a la empresa] desde el primer día que lo vieron”, afirmación contradictoria con la larga preparación del proyecto que explicó Arcadi (2 años) y con esa trayectoria de conocimiento común.

    3. Sobre los dos modelos contrapuestos no hay información suficiente, sólo apuntes, por lo que hay que remitirse a economía (punto 1) e ideología (punto 2)

    4. No creo que Factual haya sido la crónica de una muerte prematura anunciada pues eso implicaría considerar a Arcadi y a los periodistas del diario poco menos que estúpidos o suicidas a corto plazo, lo cual está muy lejos de la realidad.

    5. Las compañías, hay que cuidar las compañías, desde el primer momento. El caso es que hay una primera línea de damnificados –periodistas despedidos- una segunda –colaboradores- y una tercera –lectores-pequeños financieros por contrato. Y que no estamos hablando sólo de hechos recientes y del fracaso de un modelo periodístico sino que están en juego también la viabilidad y credibilidad de futuros proyectos.

  4. http://ladoblehelice.com/2010/02/01/ultimas-24-horas-en-factual-i/#comment-845

    Últimas 24 horas en Factual (I)
    Lunes, 1 Febrero, 2010 · 2 comentarios

    Cuando Cristina Fallarás entró, no mucho después de las cinco y media de la tarde, yo acababa de colgar el teléfono. No venía sola. Yo había llamado a nuestra colaboradora en Londres, Sandra Varas, para ver si tenía algo: el martes nos había mandado una apertura con las declaraciones de dos asesores jurídicos del gobierno de Blair en la comisión que investiga la participación británica en Irak. Ese miércoles declaraba el ex fiscal general. Pero la llamada se cortó: una voz grabada me informó de que el saldo se había agotado. Me acuerdo que miré a Ivan Vila, al que sólo se le ven las cejas y los caracolillos engominados sobre la frente asomando por encima del ordenador, para contárselo. Aunque antes me aseguré: descolgué el teléfono de mi mesa, marqué el número de Varas y pasó lo mismo. Poco después entraron ella y Arcadi Espada.

    Yo debía tener la cara algo desencajada, algo no demasiado raro a esas horas. La subdirectora, Cristina Fallarás, se acercó y me puso la mano en la espalda: relájate, relájate, que tenemos una reunión muy dura, dijo. ¿Muy dura?, pregunté. Muy dura, repitió y se fue. Me acuerdo que no pensé mucho, quiero decir que no pensé en muchas opciones: que los números no estaban saliendo y que había que apretar los dientes; que la empresa había amenazado con recortar gastos y plantillas y que Espada, como nos había anunciado al principio, no estaba dispuesto, pero que quería que por lo menos lo supiéramos; no sé si pensé también en que nos iban a anunciar que no nos renovarían el contrato a finales de marzo. Porque eso ya hacía tiempo que lo pensaba, como saben algunos compañeros, y no querría ahora confundirme. Fallarás, mientras tanto, había ido avisando a los jefes de sección, para que avisaran a sus redactores: Silvia estaba enferma, y a Iván ya se lo había dicho, así que nos levantamos y nos fuimos para la pecera. Es verdad, me interrumpió el informático de camino a la reunión, parece que para las llamadas al extranjero tenemos una línea de saldo contratada y hay que recargarla. En cuanto esté, te aviso, añadió. Lo que es seguro que no pensé es que Arcadi Espada fuera a dimitir como director de Factual.

    La primera reunión fue breve: de pie estaban Almudena Semur y Purificación Losada, las dos representantes de la empresa que trabajan en la redacción, Espada enfrente de Fallarás, algunos periodistas sentados y muchos otros, diseñadores y publicistas incluidos, de pie alrededor de la mesa. Las explicaciones, sucintas, fueron las mismas que luego puso por escrito y que se publicaron en la página dos del periódico del miércoles 27 de enero de 2010, el último periódico de Factual que vio la luz. Los agradecimientos fueron más largos y cercanos que los de la nota publicada. Menos, en todo caso, que el silencio que siguió a su intervención, o eso pareció. ¿Y qué periódico quieren que hagamos?, rompió por fin uno. Que no lo podía saber, dijo, que sólo sabía que no les gustaba el que estábamos haciendo y que sabía que no les gustaba desde el primer día que lo vieron: por ejemplo, era demasiado moderno, dijo. Demasiado complejo, a veces, demasiado bonito, y poco más añadió. Luego hubo quien preguntó también si esa otra orientación que les hubiera gustado imprimirle no tendría que ver también con la política. De tipo ideológico, fue la expresión que recuerdo de su respuesta: dijo otras cosas, casi todas más largas y más rebuscadas. Pero recuerdo ésta: sí, orientación que se refiere también a cuestiones de tipo ideológico, respondió. Yo también pregunté algo: que si los recortes, que yo entendía que se debían a problemas prespuestarios, si no podrían también tener que ver con los resultados de los dos primeros meses. Que no, respondió, pues en todo caso dos meses era tan poco tiempo para juzgar un proyecto, que resultaba delirante cualquier decisión a partir de un período tan corto. Que la acogida del periódico, añadió, no había sido mala, en absoluto, dijo, y citó el “page rank” (o eso entendí yo) de Google. No mucho más de un cuarto de hora después, salimos de la pecera para cerrar el último periódico firmado por Espada –“y me jode especialmente que sea el día del tablet”, había dicho– no mucho después de las seis.

    El rato que siguió fue extraño. Aunque enseguida empezaron a abrirse ventanas en el chat de Gmail. Cristina propuso a la redacción escribir y firmar una carta de apoyo al director, y nos pareció bien. Una compañera propuso una huelga: no podemos seguir adelante, vinimos por él, algo así decía su mensaje. Aunque a mí me dio la impresión que sería inútil. Así que fui a preguntarle a su despacho si la decisión era irrevocable. Era la primera pregunta que le deberíamos haber hecho en la reunión, la que habríamos hecho en cualquier rueda de prensa, pero en la nuestra fallamos. El director estaba ocupado; la subdirectora me lo confirmó: era lo primero que, ella sí, le había preguntado. “Absolutamente”, le respondió él. Con esa respuesta, cualquier medida de presión para impedir su marcha perdió sentido. Aún así, volví y esta vez sí entré al despacho: Le pedí al menos que se quedara tras el cierre para volvernos a reunir. Aceptó. “Y entiendo que estaremos sólo la redacción”, dije. “Sí, claro”, y así quedamos.

    No mucho antes del cierre, el informático había vuelto para avisarme: cuando quieras ya puedes llamar a Inglaterra. La línea está recargada, añadió con su acento francés.

    Continuará…

  5. puede que si sea exagerado en sus gestos pero a mi juicio el sonido que le saca al piano es especial y tiene una gran sensibilidad. Lo que dices de que hacia los silencios demasiado prolongados, en una obra romantica se puede permitir esto, y en concreto en ese estudio de chopin queda muy bien hacer un cambio de ritmo. Yo lo poco que he escuichado de el me ha parecido bien y creo que es un buen pianista

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