Desfachatez

El viernes escuché unos minutos al bachiller Montilla en un programa de radio que presenta una reconocida progresoide. No lo soporté mucho tiempo, porque iba conduciendo y corría el riesgo de que me venciera el sopor, pero el caso es que un par de perlas pude escuchar al jefecillo socialista de la taifa catalana. Una en la que fustigaba al pánfilo gallego que dice dirigir la oposición, porque había propuesto un contrato de trabajo conforme al que la indemnización por despido declarado improcedente aumentara según creciera la antigüedad del trabajador. Decía el obtuso cordobés que eso ya existía, que lo de los 45 días ya funciona. Naturalmente la periodista no tuvo reflejos, porque, dócil ella, no sabe ni quiere saber. Y la segunda se refería al demonio particular -y cuánto deben quererlo en su fuero interno- de la patulea que nos sojuzga: Aznar. Cuando comenzó a descalificar a los por otra parte muy descalificables convergentes por haber votado las investiduras del vigoréxico ex-presidente decidí pasar al CD de Haydn que llevo estos días en el coche: La Creación (oratorio que les recomiendo vivamente).No dejaba de pensar, sin embargo, en que pertenece el sujeto a los cuadros de la más abyecta partitocracia que votan con alborozo una y otra vez los súbditos de este cuasi fallido Estado social (y blablabla dixit artículo 1.1) de la semántica y mentecata constitución de 1978, la del pacto de sátrapas menores con ambiciosos descamisados padres todos de retoños monstruosos. Claro que es esa solamente una de las patas del banco, que faltan la del borbonazo jovial, que ya sabemos en que emplea sus mañas (o mejor lo suponemos porque de su labor trasciende poco, aunque le luce mucho); la de los que patrocinan ocurrencias como la de Garrigues y Rocas y demás acomodados en el Régimen, que ya han perdido todo atisbo de vergüenza con el engendro mediático que patrocinan y, last but not the least, el soberano pueblo que con fatalismo berebere soporta en sus carnes los males que sembró tiempo atrás. Ya saben, sostenella y no enmendalla. Pues eso.

Y es que decía un inglés poco leído por aquí que sólo los atentos pueden mantener sus libertades, que solamente pueden gobernarse democráticamente los que con constancia e inteligencia están alerta; que los que emplean su tiempo en entretenimientos menores, sin vigilancia aquí y ahora y para el futuro inmediato, no podrán resistir las trampas de los ávidos en convertirlos en entregada clientela. O algo así, que la cita no es literal.

Oigan y estoy de buen humor, que el sábado ganó Irlanda a la Pérfida Albión.