Yes, I can

Yo también puedo pergerñar una entrada a mitad a día. Y además de rabiosa actualidad. Centrada en temas candentes. Vitales para el futuro de la humanidad; o casi.

El increíble caso del reloj de la PS3. Ahora resulta que creyó. Haría falta una explicación precisa y pulcra. Porque la bisiesticidad está pulcra y reconocidamente tasada y programada:

(año≡0 mod 4) and (año≠0 mod 100) or (año≡0 mod 400)

Traducción:

(año múltiplo de cuatro) AND (año no múltiplo de 100) OR (año múltiplo de 400)

Así que… que me lo expliquen.

Tiene un pase que no sepan hacer coches… pero consolas. Por dios; consolas.

(esteeee los memoticones, ¿cómo se ponen?)

Análisis parasintáctico

Esto lo arreglamos entre todos

Esto. Estoooo… sujeto; el castellano es un reconocido lenguaje sujeto+verbo+objeto. Así que esto es el sujeto. Esto denota proximidad y, también, indefinición por ser pronombre: ¿qué es esto? esto es queso. ¿Qué queso es? Nótese la presencia del género neutro, mucho más neutro que el forzado este/a/o le/a/o arreglamos/as entre todos/as; y la cercanía: preferencia de esto frente a eso lo arreglamos entre todos o aquello lo arreglamos entre todos. Finalmente destáquese su pronominal demostratividaz; preferible a la determinatividaz articular del el/la/lo; especialmente lo lo arreglamos entre todos.

Lo. Esteeee… lo es otro pronombre. Hostias, ahora recuerdo que con pronombres el castellano no es un lenguaje sujeto+verbo+objeto si no, sujeto+objeto(pronombre)+verbo+objeto. Cáspita. Es pronombre y neutro. Joder, debe ser redundante y enfático. Disculpen, esto, definitivamente, no es sujeto. Debe ser lo acusativo. Probablemente se refiera a lo que se arregla, pero dada la indeterminación lo —ostras, lo— ígnoro. Esto lo… debe ser como Lo lo.

arreglamos. Acabáramos, si este es el verbo, el sujeto debe ser una primera persona del plural. Esto —¡esto!— es una putada: definitivamente esto no es el sujeto. La inflexión del verbo sugiere la inclusión del dicente que usualmente sería una pluralidad pero también puede tratarse de una primera personal del singular pluralizada por modestia o timided. Finalmente el verbo exige objeto, lo debe ser el acusativo de la cosa, pero estoy liado con tanto pronombre y tan poco nombre. Qué coño es lo que se arregla.

entre todos. Esteee… debe ser el complemento circunstancial de circunstancia. Sí, seguro, esta me la sé bien, porque entre es una preposición. Las preposiciones se llaman preposiciones porque, a diferencia de las postposiciones, las preposiciones se preposicionan antes —pre— de algo. Ese algo debe ser todos. Je, je, lo he entendido: entre todos. Ja, ja, debe denotar algún tipo de colectividad o partitividad: como en entre pillos anda el juego. Pero, si el sujeto es un plurarrrl de modestia o timided… ese todos denota un desdoblamiento de personalidad parnoico, una abierta contradicción, o unas ganas de hacerse el harakiri partitivo. Y si el sujeto es una pluralidad de destino en lo universalllllll, parece una redundancia.

Me preocupa la ausencia del dativo. Lo busco y no lo encuentra. La situación es dramática: el acusativo está indeterminado por demostrativos y pronombres indefinidos. Y el dativo no existe. ¿A quién coño arreglamos esto entre todos? Y ¿cómo se dice esto en enfático castellano? Ah… sí sé, tse, es se. Oseáse que debe ser algo así como esto se lo arreglamos entre todos.

Pero si el castellano es un lenguaje sujeto+objeto(pronombres)+verbo+objeto debe ser muy parecido a :

nosotros se lo arreglamos… picha(*)

Y a mandar.

(*) picha es un término técnico que la mayor parte de las veces es dativo aunque singularmente puede ser tomativo; también, a veces, es porculivo. Otras veces es simplemente vocativo —como en el ejemplo— o deprimitivo.

¿Es este blog un antiblog?


Comenta Lehningen:

Uf. Este es un antiblog. En lugar de haber comentarios a las entradas, hay entradas a los comentarios. ¡La virgen! Y luego hablan de que la productividad en España es baja.

Este comentario da por sentado que mi anterior entrada (de hoy mismo) es resultado de algún comentario anterior. Esto es falso. Hace días que no leo las entradas de este blog. Imagínense lo que sucede con los comentarios.

Hay nicks que se creen el centro del mundo blogal. Y que piensan que “influyen” en lo que algunos, con un esfuerzo liviano y gran dosis de generosidad, ponemos por escrito. No; no diré que, a veces, algún comentario suelto me lleve a recordar aquello que ya sé o que ya pensé. En realidad, sólo reconozco una deuda con los clásicos, con los que converso después de la cena, vestido con mis mejores galas y acompañado, todo lo más, por un buen coñac.

No, en las entradas de este blog no se comentan comentarios.

No sean gilipollas


No quisiera prestar atención a las declaraciones de Willy Toledo. Sin embargo, voy a hacerlo por una razón: porque el mundo está lleno de gilipollas. No quiero decir que el sr. Toledo sea uno de esos gilipollas. Puede que sí o puede que sepa que apoya un régimen dictatorial que está perfectamente encantado de violar los derechos humanos. ¿Qué sabe uno sobre el particular? Bueno, hay algunas razones para pensar que simplemente defiende un modelo que le gusta; un modelo en el que, si discutes al régimen, te puede pasar cualquier cosa, disfrazada de aplicación de los procedimientos. Digo esto por simple instinto: que se atreva a ir más allá de la alegación de que Zapata es un preso común y hable de “terroristas” e incluso, pásmense, en un tipo tan comprometido con la cosa progrecasposa, se le oiga hablar de ¡traición a la patria!



Lágrimas me caen cuando veo al sr. Toledo hablar de traición a la patria. Sólo le falta hablar del nuevo hombre.

Pero yo no quiero hablar de eso. Quiero hablar de los gilipollas. De la otra parte. Del hecho de que Zapata haya sido calificado como delincuente común.

He leído estos días, en periódicos, en blogs, en foros, a gente que habla de si el negro muerto de hambre había estafado a no sé quién, de si había sacado la polla (o algo así, que no estoy seguro) en alguna plaza con nombre de revolucionario, de si le había dado un machetazo a otro en el cráneo, de si llevaba navaja, de si se había resistido, de si quería una cocina en prisión, de si su madre cobra de los tipos malos de Miami. A modo de ejemplo les dejó un par de direcciones, en las que se chotean del asunto o se lo toman en “serio“.

Lo tremebundo del asunto es que se incluya en la discusión la información que viene de Cuba. Por eso hablo de gilipollas.

Una persona con sentido común y algo leída ya sabe algunas cosas: un país gobernado por los mismos tíos desde hace cincuenta años es una dictadura. Sí o sí. Y si no te das cuenta eres gilipollas. Y no les digo nada si el tipo que manda va vestido de caqui o sonríe como lo hacían Enver Hoxha o Ceaucescu (¿se acuerdan de cómo sonreían?).

Una persona con sentido común simplemente no se cree nada de lo que venga de cualquiera de esos regímenes. Es sencillo comprender por qué: cuando alguien es capaz de joder a la gente, lo de mentir no parece tan grave. O por decirlo al revés: si los gobiernos de los regímenes democráticos en los que hay libertad de prensa y libertad de expresión nos intentan engañar a todas horas, qué no harán los tíos que tienen que ocultar su corrupción, su ineficacia, sus crímenes, o simplemente aquellas ocasiones en las que la realidad no coincide con el trigo de Lysenko o los diez millones de toneladas de azúcar.

El mundo ha cambiado y ahora estamos algo más informados, pero los gilipollas persisten. Yo creo que ya eran gilipollas los que leyeron en Das Reich que un judío que había planteado exterminar a todos los alemanes estaba dictando la política de Roosevelt y le creyeron. Pero, en fin, eran décadas de adoctrinamiento y siglos de mierda diluida. También creo que eran gilipollas los que vieron los juicios de Stalin y se creyeron las “confesiones” de los tipos que pasaban por allí, admitiendo las conspiraciones más fantásticas. Y es que hay que ser gilipollas para pensar que dos terceras partes de los que mandan en un país se dedican a la conspiración. No les digo nada de lo gilipollas que hay que haber sido para creer en nada (ni en el día de publicación) del Pravda de décadas o en de lo que salía en el Nodo o lanzaba EFE por ahí. La cuestión básica del asunto es esa: no te puedes creer nada. Nada de nada. Si al final resulta que el pantano ese existe, existirá con independencia de que veas unas imágenes con Franco y el pantano al fondo. Asegúrate, incluso, visitando la zona, no sea que te hayan puesto un pantano fantasma, como ponía Potemkin pueblos fantasmas. Ésa es la clave: todo es mentira mientras no se demuestre lo contrario. Y la demostración nunca puede venir del lugar de donde viene la mentira.

Uno comprende que los tíos de inteligencia, los historiadores, los politólogos, etcétera y más, tengan que meterse entre toda esa porquería e intentar adivinar qué pueda haber de verdad o de mentira, o qué significado hay que darle a la basura, algo más moderada esta quincena del dictador de turno. Y uno comprende que le den al magín, midiendo las “evoluciones” de ciertos regímenes. Joder, es su trabajo. Es como ser proctólogo. Y no les arriendo la ganancia. Pero usted, hombre del común, no sea gilipollas, no se crea nada.

Naturalmente, y en pleno siglos XXI, con todo lo que sabemos de la capacidad de los estados modernos para producir mentiras, hay que ser rematadamente gilipollas para creer cualquier cosa que aparezca en una sentencia de un tribunal cubano o que aparezca en el Granma, o que salga por la boca de cualquier tipo del régimen cubano. No, no sean gilipollas. Es mentira, salvo que se demuestre otra cosa.

Así que, si Granma dice que Zapata era esto o aquello, incluso si saca su foto para demostrar que era negro, no lo crean.

No sean gilipollas, joder.


ACTUALIZACIÓN PORQUE ME DA LA GANA

A través del blog de Jabois, me entero de que Ernesto Hernández Busto ha escrito esto. Ahí queda.

Y recuerden: no sean gilipollas.