Antología de música clásica occidental (2)


En todas las sociedades humanas se produce música. Por desgracia, y hasta el momento en que se ha podido registrar la interpretación musical, sólo aquéllas que alcanzaron un sistema de escritura dejaron “restos” suficientes para el análisis de la obra, tal y como fue. Esto que acabo de afirmar pide muchos matices. La partitura, sobre todo cuando se habla de la música anterior al siglo XIX, sólo refleja muy parcialmente la obra (normalmente la altura del sonido y su ritmo). Es mucho lo que hay que “deducir” sobre la manera de interpretar y con qué instrumentos, sobre los tempi y su variación, sobre la expresión. Por otro lado, sospechamos la permanencia de obras musicales no escritas y la permanencia de una forma de ejecutarlas, generación tras generación, de una manera, parece ser, bastante fiel. La práctica musical, como cualquier actividad artesana, sigue un camino desde el maestro hasta el aprendiz que explica eso que parece tan difícil. Se matice como se matice, la realidad es que no sabemos hasta qué punto los cánticos de la Iglesia ortodoxa siria se parecen a aquéllos que sabemos nacieron en los primeros siglos del cristianismo, por ejemplo. Las fuentes escritas, la de música escrita, cuando han llegado a nosotros, facilitan el análisis, la comparación, y la interpretación (por muchas dudas que planteen).

Sin embargo, cuando se habla del gregoriano, y, en general, de la música de la Alta Edad Media, el hecho de que en esos siglos se desarrollase el tipo de escritura musical que desemboca en la actual y, que pese a ello, se pueda hablar de un carácter completo, culminante, de muchas obras y de un edificio musical desarrollado, hace inevitable referirse (por difícil y fragmentario que resulte) a la práctica musical del milenio anterior, y referirse a las influencias mutuas, locales e internacionales, en las que la importancia de una variopinta práctica musical popular y religiosa es, por necesidad, capital.

Sabemos, por ejemplo, que la práctica de la sinagoga (con la lectura o cantilena de textos sagrados y de plegarias, con el canto de salmos y de himnos) tuvo una influencia decisiva, sobre todo a través de dos vías. Una es la forma de interpretar los salmos. Los salmos son especialmente adecuados para la interpretación musical, por su naturaleza lírica, y por su estructura, en la que cada versículo, a menudo, aparece dividido en dos frases simétricas. La interpretación podía estar a cargo de un sólo intérprete (se la llama salmodia directa); cabía que una parte la cantase el solista y luego respondiese el coro (es la salmodia responsorial); o, finalmente, puede que las partes se interpretasen por dos coros, que cantan alternándose (salmodia antifonal). No hay que confundir esta forma de cantar con lo que más tarde se llamará “antífona” o “responsorio” -luego me referiré a ello- en las liturgias de occidente. También tiene su origen, en la sinagoga, el canto melismático, llamado también jubilus, sobre “amén” y “aleluya” (un canto melismático es aquél en el que sobre cada silaba -por ejemplo la “a” final de aleluya- se cantan muchas notas).

El desarrollo de la música cristiana sigue un camino, de Oriente a Occidente. Era lógico: primero por ser, la oriental, la parte que primero se cristianizó; en segundo lugar, por ser la más poblada; en tercer lugar, por ser la más “refinada”: estamos en el cruce de caminos que llamamos helenismo. Sabemos que la práctica musical era allí mucha y muy compleja, porque nos lo cuentan, sobre todo, los Padres de la Iglesia, que describen con detalle qué se hace en Egipto, en Palestina, en Fenicia, en Siria, en la misma Iglesia del Santo Sepulcro. Fue especialmente importante la aportación siria. Sobre todo en el canto de himnos, canciones estróficas, silábicas (una nota por sílaba generalmente), en las que se utilizaba la repetición de melodías, a veces no solo en las estrofas del himno, sino aplicándola a himnos diferentes. Es casi seguro que se utilizaran, en ocasiones, melodías populares en estas composiciones, más sencillas y directas, que fueron normalizándose.

Los himnos sirios y su sistema “modal” (más que modos, colecciones motívicas con rasgos modales comunes) influyeron, al parecer en la música de Bizancio, que se manifiesta con gran vigor en las interpolaciones que se introducían entre los salmos y que terminaron convirtiéndose, según aumentaba su extensión y complejidad, en nuevos himnos, la mayoría de los cuáles se conservan en la música de occidente y en el gregoriano. Por ejemplo:

OBRAS CINCO Y SEIS: el Cántico de la Bendita Virgen María o Magnificat, en Modo VIII, que se canta en Vísperas. El Magnificat va precedido de la antífona Hodie Christus natus Est, en Modo I. En ese orden las oímos:





Esa música penetró en occidente por muchos sitios, a partir de los siglos III y IV, y hay nombres asociados a este proceso: San Hilario de Poitiers, San Ambrosio, Prudencio.

Ahí están los mimbres básicos del proceso posterior. La adopción de las formas, los textos y las melodías y la creación de otros nuevos sobre la base de modelos ya muy desarrollados. Así aparecen las antífonas y los responsorios, que tanta importancia tendrán en el Oficio y en la Misa. Las antífonas y los responsorios eran estribillos (textos repetitivos) que se cantaban al principio de los versículos de los salmos y luego interpolándose. Al final terminaron reduciéndose en unos casos e interpretándose completos sólo al final de los salmos y desarrollándose en otros, dando lugar a partes del propio de la Misa (así pasó con el introito o la comunión, por ejemplo).

Para hablar de los modos, de la forma melódica y de la notación, necesito mucho más espacio. Mientras tanto podemos disfrutar de …

SIETE: El tracto De profundis, en Modo VIII. Los tractos se cantan en forma de salmodia directa, y se caracterizan por ser muy largos y tener una estructura formal muy elaborada, basada en la repetición de frases:





… y de dos obras que comienzan igual …

OCHO: El introito Circumdederunt me, en Modo V.

Y

NUEVE:El responsorio de Maitines, Circumdederunt me.



Empiezan igual, pero, en un caso, son los gemidos de la muerte los que nos envuelven, en otro, varones mentirosos.

La próxima semana seguiremos.

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5 comentarios en “Antología de música clásica occidental (2)

  1. Una vez más felicitamos al autor de esta maravillosa antología. El aire se serena y viste de hermosura y luz no usada, Tse, cuando suena…

  2. Una curiosidad: en los años 60, The Yardbirds lanzaron una canción inspirada en el canto gregoriano (o aderezada con esencias de), Turn into Earth. En Youtube hay una versión muy lograda de Al Stewart.

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