Provocación

Este fin de semana publicaban varios diarios crónicas coincidentes sobre no sé qué reunión que, a costa de su bolsillo, lector incauto, ha tenido lugar en Valencia. Para la prensa el interés de la cosa radicaba en el enfado entre la alcaldesa anfitriona, una mujer dura con redaños para estar al frente de lo que sea menester, incluso un batallón de coraceros prusianos, y la esquelética vicepresidenta, la que según los gazmoños adictos a dar coba al poder representaría el lado trabajador y capaz del equipo del Azote del Páramo. Lo cierto es que su enfrentamiento es cosa menor, porque al final ambas disfrutaron de la fiesta que Ud. y yo pagamos, un totum revolutum de señoras vestidas con sayones multicolores que danzaron sin recato exhibiendo contornos adiposos a la par que declamaban los mantras progresistas al uso.

Para que el gozo de colectivistas de izquierda y derecha fuera mayor, compareció el Gran Inane. Llegó, saludó, feliz consigo mismo, aunque le van creciendo las bolsas bajo los ojos -será por la realidad que le va sitiando- y provocó. Claro que sí: es que es un provocador, que vive de ello y de que entren al trapo por ambas manos unos y otros. Y cita desde los medios, oigan, que pudor no le sobra. Juró el sujeto que aunque se tambaleen los cimientos de Occidente jamás prescindirá del negociado de la Intelectual Orgánica del Régimen, que al parecer lo de la dotadísima experta en flamenco (esa que aún se sorprende a sí misma cada viernes compareciendo en el Consejo de Ministros), es asunto de ringo rango que ilumina el torpe camino de los españoles y será fanal del Universo Mundo, para que las naciones ibéricas recobren el puesto de luminaria global que perdieron cuando Pasionaria se fue con sus monsergas a aburrir a la estepa rusa.

Claro que lo mío es resentimiento de especie en trance de extinción.