Yo no soy la T del pendrive


En este país no eres nadie si no aparece tu nombre en alguna conversación grabada. Por esa razón, a pesar de que la idea no me termina de convencer, y siguiendo los consejos de mi nuevo asesor, les voy a poner la transcripción en la que se supone que se me menciona en el caso Gürtel:

El bigotes: Oye, ya lo he hecho.

El Correa: ¿El qué?

EB: Lo que me dijiste que hiciera.

EC: ¿Lo del curilla?

EB: No, no, lo del otro …

EC: ¿Lo del cabrón?

EB: Que no, joder, lo del otro … el otro …, el que empieza por (ilegible por inaudible).

EC: ¿Te refieres al albondiguilla?

EB: Joder, que no. Anda que si nos está escuchando alguien … Ja ja ja

EC: Ja ja ja

EB: ¿De que nos reímos?

EC: Ah, no sé. Empezaste tú.

EB: Da igual. Yo me refiero al del jersey rosa.

EC: Ah, ya, lo del lagarto…

EB: Sí. Me dicen que tiene futuro y un bolsillo con agujeros. Ya me entiendes.

EC: ¿Tiene polillas en sus armarios?

EB: Bueno, algo así. Está a la cuarta pregunta, más tieso que la mojama, en números rojos, con un pie dentro y otro fuera, a dos velas, más entregao que Suliné Getabi y su primo El Senusi …

EC: Creo que has mezclado frases hechas.

EB: Ya, pero y lo bien que quedará eso en las transcripciones.

EC: ¿Qué transcripciones?

EB: Las que hagan después de grabarnos … Ja ja ja

EC: Ja ja ja

EB: El caso es que le he regalao un Mercedes de segunda mano que nos devolvió el cuñao de la amante auténtica del gafillas.

EC: ¿Y que ha dicho?

EB: Ha dicho de nada.

EC: ¡Qué hijoputa!

EB: Todos son iguales. Les hacemos ricos y luego nos tratan como a la mierda. Menos mal que tenemos el pendrai.

EC: Sí. ¡¡Cagonlaputajodiaporculo!! Como intenten dejarme tirao, los crucifico. A todos. ¿Lo oyes?, bigotes.

EB: No te preocupes, Correa. Los tenemos bien cogidos por los huevos. A no ser que …

EC: ¿Qué?

EB: Que nos estén grabando … Ja ja ja

EC: Ja ja ja.

Naturalmente. Ya he mandado a fiscalía las fotos que demuestran que yo no soy el del jersey rosa. Son éstas:




… y tres


Acabo de leer el auto del Tribunal Superior de Justicia de Madrid que anula la intervención de comunicaciones en el asunto Gürtel.

Con el auto queda cerrado un tema al que he dedicado una y dos entradas.

Sólo para su constancia:

Concebido el proceso penal como la vía imprescindible para la investigación y enjuiciamiento de las infracciones penales, el derecho de defensa es el que determina y motiva la propia existencia de ese proceso, que no sería necesario en el caso de que se prescindiera de la defensa del imputado o acusado y pudiera directamente el Estado, titular del “ius puniendi”, imponer las penas ante la constatación de una conducta delictiva.

Por ello, como una garantía esencial, se reconoce constitucionalmente el derecho de defensa en procesos criminales en el artículo 24.2 de la Constitución. Junto con el de asistencia de letrado, el ejercicio del derecho de defensa implica la comunicación del imputado con el abogado nombrado, o designado de oficio, a fin de que aquél pueda transmitirle los datos necesarios para plantear la defensa de sus intereses, y el abogado le asesore sobre la mejor forma de hacerlo. Es evidente que el contenido de la conversación susceptible de ser mantenida entre el abogado y su cliente puede ser amplísima, abarcando incluso en algunos casos el reconocimiento de su culpa por el imputado o la aportación a su abogado de datos sustanciales sobre la comisión del delito con cuyo conocimiento el letrado puede articular su defensa, viniendo siempre obligado a mantenerlos reservados, hasta tal punto de que su descubrimiento constituiría un delito.

Relacionado el derecho de defensa con el derecho a no declarar contra sí mismo y a no confesarse culpable, reconocido constitucionalmente (art. 24.2 CE), la confidencialidad de las comunicaciones de los Abogados con sus clientes resulta esencial para garantizar la efectividad real de ese derecho a no reconocer voluntariamente la culpabilidad. Desaparecida, afortunadamente, en nuestro derecho la facultad de obtener la confesión forzada del culpable a través de la tortura, la generalización de la intervención de las comunicaciones de los imputados con sus abogados permitiría renacer, en cierto modo, ese método inquisitorial, sustituyéndolo por el aprovechamiento de situaciones en las que la apariencia de confianza en la comunicación con el abogado permitiría obtener datos incriminadores directamente del acusado, en contra de su voluntad.

El derecho del acusado de comunicarse sin trabas con su defensor, en el seno del Consejo de Europa se encuentra enunciado en el artículo 93 de las Reglas Mínimas para el trato de los detenidos, – anexas a la resolución (73) 5 del Comité de Ministros-, que dispone: «Un inculpado debe, desde el momento de su encarcelamiento, poder elegir a su abogado o ser autorizado a solicitar que sea designado uno de oficio, cuando esta asistencia está prevista, y a recibir visitas de su abogado con vistas a su defensa. Debe poder preparar y suministrar a éste instrucciones confidenciales, y poder recibirlas de él. Si lo solicita, deben concedérsele todas las facilidades para este fin. Debe poder recibir la asistencia gratuita de un intérprete en sus relaciones esenciales con la administración y con la defensa. Las entrevistas entre el inculpado y su abogado pueden hacerse al alcance de la vista pero no del oído, de manera directa o indirecta, de un funcionario de la policía o del establecimiento». Tal precepto, recogido en la Sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de de 2 noviembre 1991 (TEDH 1991\54), determina que este Tribunal declarara que “el derecho, para el acusado, de comunicarse con su abogado fuera del alcance del oído de un tercero, figura entre las exigencias elementales de un proceso equitativo en una sociedad democrática y deriva del artículo 6.3 c) del Convenio. Si un abogado no pudiera entrevistarse con su cliente sin tal vigilancia y no pudiera recibir de él instrucciones confidenciales, su asistencia perdería mucha de su utilidad, cuando el fin del Convenio consiste en proteger derechos concretos y efectivos (véase Sentencia artico de 13 de mayo de 1980 [TEDH 1980, 4]”. Incluso añade esta misma sentencia, ante la alegación de posible “confabulación” de las defensas, que “tal eventualidad, a pesar de la gravedad de las infracciones que se reprochaban al demandante, no podría justificar la restricción litigiosa, y no se ha indicado ninguna razón suficientemente convincente. No hay nada de extraordinario en que varios defensores colaboren para coordinar su estrategia”.

Mis bandas sonoras: Animación (I)

Me gusta mucho la música clásica. Puede decirse que en lo referente
a entusiasmo me hallo a media docena de corcheas de alcanzar a
Luis Cobos. Sin embargo, no voy a tratar esa especialidad pues ya
se encarga de ello nuestro amado lieder (plural necesario para el juego
de palabras). Comentaré piezas de la hermana pequeña de la música
clásica (la que se escribe para el cine). Emplearé varias entradas
y recorreré las bandas sonoras que han dejado huella indeleble en
mis archivos de goear.