The fair’s hall of fame


Me manda un amigo la noticia de la “protoquerella” contra el Papa. Luego he leído la noticia en El Mundo. También me entero, por El País, que un abogado norteamericano quiere sentar al Papa en el banquillo. Lo mejor de la noticia (que nos explica que del asunto se está ocupando un letrado muy conocido y competente, el señor Robertson) es que se fija más en la posible competencia de los tribunales británicos que en el fundamento de la acusación. Digamos que, salvo que se establezca que existía un plan de la jerarquía católica de generalizado ataque contra los niños del mundo (o de partes de él) mediante la realización de abusos o agresiones sexuales, la cosa no parece estar muy fundamentada. Ya imagino que habrá quien diga que existió un plan generalizado de ocultación, pero eso, de ser cierto (que no me consta), no basta. Y eso lo saben los letrados de Dawkins y cía. Para que el crimen de lesa humanidad exista debe “obtenerse” algo de él. Lo es, claro, proteger al que lo comete; pero no lo es amparar cualquier crimen, aunque sumados sean muchos. Digamos que el propio crimen protegido debe ser de lesa humanidad. ¿El cura pedófilo de Boston quería joder a los niños como forma de atacarlos generalizadamente o es simplemente un cerdo asqueroso? El dato estadístico es además importante cuando se trata de una organización con tantos miembros: ¿hay más abusos causados por sacerdotes o monjas o cualquier pulpo asimilable, que por varones o hembras que no pertenezcan o estén relacionados con esa organización?

Por otro lado, leí hace poco que unos abogados argentinos se iban a querellar en Argentina contra alguien por lo del franquismo. ¡Y la primera diligencia es averiguar contra quien se tienen que querellar! Es muy cachondo que el asunto original se refiriese a los crímenes durante la Guerra Civil y ahora el abogado argentino extienda el período hasta la muerte de Franco. ¡Ah, la conocida creatividad de los abogados y el conocimiento de los “problemillas” del proceso! También he leído que se van a querellar contra Varela por prevaricación.

Es lo que pasa cuando se “interpreta” la ley conforme a criterios de “justicia” y conforme al “espíritu” de los tiempos. El mundo está lleno de hijos de puta, sí, pero también de justicieros. Siempre encontraremos una buena mala razón para joder a un hijoputa. Por desgracia para los iluminados, hace tiempo que las sociedades civilizadas decidieron que la definición de hijoputa, y el procedimiento para llegar su declaración, debían estar fijados taxativamente y ser previos -y conexos- a los propios actos infames.

Dawkins es un antipapista. Le tiene una aversión de cuidado a la Iglesia Católica. Quedó muy claro en su God delusion. Prefiere a los rudos cristianos americanos con sus lecturas literales de la Biblia, antes que a esos demonios papistas con sus argumentos teológicos y el Big Bang, versión mantenemos el chiringuito. Bueno, para gustos los colores, y no es extraña esa afición en un inglés. Ya sabemos que los ingleses son muy demócratas y nunca han discriminado a los católicos (¡Aquí jetilla!). Eso sí, ¡qué afición a la propaganda y a ver su careto en las pancartas! Voy a proponer que se cambie el calendario y empecemos por sustituir Enero por Richario.

En cuanto al asunto Garzón y la batalla de los justos, con sus manifestaciones y llamadas al pueblo contra los tiranos del Supremo, la cosa está adquiriendo un aspecto lamentable. No hay nada como desacreditar una causa para dar ventaja a sus enemigos. Entiéndaseme: me refiero a la propia causa que dicen defender los que adoran al “becerro” Garzón.

No sé qué pasará con estas querellas. Bastante tengo con lo de aquí como para preocuparme de la justicia inglesa o argentina.

Eso sí, que luego no se extrañen cuando, después de Savonarola, vengan los de siempre a poner orden.