Os quiero un huevo tíos


Queridos lectores:

Me he dado cuenta de que, pese a hablar mucho estos últimos tiempos de los affaires de Garzón, no he llegado a decir lo que pienso sobre la prevaricación (¡presunta!) del magistrado en cada caso.

Antes de empezar, para constancia, afirmo que Garzón me cae mal, me parece un sujeto peligroso y además es un mal juez. Y no lo digo yo. Una de las cosas más graciosas es que sus defensores, últimamente, siempre dicen que ¡es un mal instructor!, pero que una cosa es equivocarse y otra ser un prevaricador. Manda huevos: el hombre lleva toda la vida instruyendo, pese a que podía estar en otro lugar (por ejemplo juzgando, que es lo que le suele molar a los jueces), y hasta sus amigos dicen que es algo inútil. En fin, explicitadas mis posibles causas de recusación, intentaré abstraerme de ellas y ser objetivo. Iré de menos grave a más grave:

1.- El caso Santander. Bueno, es una cosa fea que quien decide que “querido Emilio” deje de tener problemas es el mismo que le llama querido. Sin embargo, la cuestión es si al margen del deber de abstenerse, la resolución archivando era injusta. Al parecer la querella contra Botín no estaba muy fundamentada. Digamos que debía haber sido otro quien lo dijera, pero que Garzón deba ser empurado por saltarse uno de los deberes de su oficio, no le convierte en prevaricador. A bote pronto, diría que no, que en este caso, no. Y creo que archivaría.

2.- El caso de las escuchas. La cosa se complica. El auto es una aberración y afecta a derechos fundamentales (y ése es su aspecto más sangrante). Además, Garzón es juez instructor y la jurisprudencia sobre las escuchas debería sabérsela al dedillo y actuar en consecuencia. Y no sólo por el hecho de que no pueda hacer lo que hizo, sino porque incurre en el defecto de no motivar en absoluto su decisión. Es un defecto, el de no motivar, por lo demás, desgraciadamente muy común en las resoluciones de muchos jueces. En este caso tengo muchas dudas sobre lo que haría si tuviera que decidir, pero lo que sí tengo claro es que debe ir al banquillo. Y que se explique en el juicio.

3.- El caso de los crímenes del franquismo. Para mí, no es el más grave desde el punto de vista de los derechos afectados (a diferencia del anterior), pero sí el más evidente. Toda la información está disponible. Yo creo que ha prevaricado. Toda la conducta procesal de Garzón en ese procedimiento es extrañísima y enormemente artificiosa. No es que interprete de forma poco común tal o cual norma. Es que crea una construcción enormemente discutible por partes y aberrante en su conjunto, destinada a atribuirse una competencia para realizar supuestas diligencias que no lo son. Instrumentaliza, en suma, el proceso penal, para un fin espurio. Sólo así puede interpretarse su conducta en conjunto y sus propias resoluciones. Y no se trata sólo de la Ley de Amnistía y su vigencia (indiscutible, por lo demás, al menos para un juez español); se trata de toda una argumentación (tras un tiempo enorme de parálisis del proceso) y de los propios obstáculos que el magistrado introduce. ¿Por qué lo hace? Eso es especular: puede que por autobombo, o puede que por convencimiento de estar dando respuesta a una exigencia histórica. Eso es indiferente. La realidad es que, aunque lo haga por motivos nobles, se excede y realiza lo que le está vedado, a sabiendas.

(NOTA: el título es resultado de haber añadido al acervo personal, tan rico ya -habría que hacer una antología colectiva- dos expresiones felices: el “querido Emilio” y el “te quiero un huevo, tío”. Pues eso, que les quiero un huevo, tíos)

Una cita que no viene a cuento

These later decisions have fashioned the principle that the constitutional guarantees of free speech and free press do not permit a State to forbid or proscribe advocacy of the use of force or of law violation except where such advocacy is directed to inciting or producing imminent lawless action and is likely to incite or produce such action.

Lo dice el Tribunal Supremo … norteamericano.