Injusticia

JI Wert ha escrito un artículo lleno de lugares comunes y topicazos sobre el sistema electora. Y ya duele que haya que escribir topicazos y lugares comunes sobre algo tan serio. Tal es el nivel.

Yo también tengo los míos. Por ejemplo: sé como asignar un escaño de forma transparente, limpia y objetivable. Hay varias formas sobre las que se puede discutir. El ganador gana. El método de la segunda vuelta. Y el método emiliano o de la iteración sin fin: cuyo resultado se obtiene por paso al límite.

También que sigo sin saber cómo asignar una pluralidad de escaños, digamos dos o trescientos cincuenta, sin un artificio contable.

Me gustaría destacar alguno de los topicazos de W. Por ejemplo que con este mismísimo sistema electoral el PCE obtuviera 21 escaños. Efectivamente otro mundo es posible. Y que, añado yo, con este mismísimo sistema electoral un partido en el gobierno se desintegrara en la nada. Nada garantiza de antemano que el partido en el gobierno vaya a estar sobradamente votado: hay que peyorizarse el voto, elección tras elección.

El segundo caso se refiere a los LibDem británicos. Tantos años abjurando del sistema electoral: 20% de votos y pocos escaños y, lo que más importante —mucho más importante—, de nula influencia. Ahora con CleggTV acarician la posibilidad de ser bisagra técnica o de ganar. Y de ganar holgadamente; en aplicación de la regla no escrita: todo sistema electoral perjudica al perdedor y beneficia al ganador. Indistintamente y en el orden que quieran.

Evo: vuelve el hombre




Veo que se están cachondeando en tertulias, foros y periódicos de todo el mundo, por las declaraciones (¿preclaras? ¿valientes? ¿adelantadas a su tiempo?) de Evo Morales.

Es la tiranía de lo políticamente correcto la que elude el debate serio. Veamos qué dice Morales:

1.- El tema de los pollos: Dice Morales que se engorda a los pollos con hormonas femeninas y que como el pollo “Está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”. Esto no es nuevo. Ya se decía, hace treinta años, en España, que comer mucho pollo te aflautaba la voz y te provocaba una pérdida acelerada de aceite. Sobre todo si se consumía el cuello de los pollos, el lugar en el que se acumulaban más hormonas. Y no sólo Evo: no hay español, que ronde los cuarenta, al que no vean ustedes rechazar el cuello de pollo. Lo que no sabía (gracias Evo) es que las niñas desarrollen prematuramente el busto por las hormonas.

2.- El asunto de la calvicie y la profecía de que “en cincuenta años todo el mundo será calvo”, no hay que tomárselo a broma, como si se estuviese simplemente cacareando un dicho popular. El análisis de Evo se basa en indudables datos objetivos: “La calvicie, que parece normal, es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos. Y es por las cosas que comen. Mientras, en los pueblos indígenas no hay calvos, porque comemos otras cosas”. Morales, como el que esto escribe, cree que Europa se está quedando sin hombres de verdad y que los calvos son un peligro para la especie humana. Yo iré más lejos (comprendo que Evo, como mandatario responsable, no dé este paso): este estado de cosas es producto de una conjura de los calvos, esos afeminados comepollos.

3.- La patata: bueno, aquí puede que haya algo de nacionalismo encubierto. Pero no deja de ser sospechoso que la papa europea sea tan redonda, tan grande, tan “perfecta”, tan artificial en suma. Los tubérculos indígenas, sin embargo, demuestran autenticidad. Digamos que la “patatez” (la cualidad esencial de la patata) indígena es más “patatez” que la “patatez” europea. Sí, la patata indígena está satanizada por el producto “plastificado” europeo. La patata europea no se puede comer con cáscara, porque la cáscara es plástico venenoso: sí, el producto natural tiene una belleza rústica, primigenia, y los putos calvos comepollos plastificados odian esa naturalidad.

4.- La Cocacola: al margen de la experiencia del propio Evo, lo que cuenta forma parte del inconsciente colectivo. Yo he escuchado, toda mi vida, contar como la cocacola desatasca tuberías y permite quitar tuercas y tornillos herrumbrosos. ¡Mi propio padre me contaba que los mecánicos usaban la cocacola cuando los aceites y desengrasantes más poderosos no funcionaban! Desde entonces miro con prevención (y algo de respeto) a ese producto tan eficaz. Sé que ahora se cuenta que eso es una leyenda urbana; sin embargo, eso suena a la típica maniobra de los calvos patateros comepollos de la Coca Cola.

5.- En cuanto a los medicamentos occidentales que curan un mal pero provocan dos más y el maligno uso del plástico frente al barro cocido, no creo que sea necesario dar argumentos: tal es la evidencia de la superioridad de la vida del altiplano (esos pueblos repletos de hombres sanos, de gran melena, comiendo sus pequeñas y rugosas patatas, con piel incluida, que beben “chicha” y miran con suspicacia a los pollos occidentales) frente a la vida de las mugrientas urbes europeas (repletas de tipos lampiños y calvos, con sus voces atipladas, sus patatas esféricas, sus cocacolas y sus plastificadas pastillitas), que no me piro, a toda leche, camino del paraíso, sólo por responsabilidad. Alguien con algo de pelo debe quedarse aquí, para combatir la degeneración.



ACTUALIZACIÓN
Me entero, gracias a Al59 que aquí se dice que Evo no ha dicho lo que se dice que ha dicho sobre el pollo, que cierto “también” es importante, y que, además ha dicho otras muchas cosas muy interesantes y muy válidas.

Yo lo leo, y sigo viendo lo mismo (allí y en el enlace). En cuanto a las cosas válidas, y sin entrar en demasiado detalle, no coincido en ninguna. Pero aquí lo dejo, para constancia. Pueden leer y sacar conclusiones.