Creo que nos vamos a quedar con la letra


La resolución aprobada por el Parlamento de Cataluña es un documento extraordinario. Para empezar, parte de los trabajos internos del Tribunal Constitucional, al que podemos llamar de ahora en adelante “La Casa de Gran Hermano”, ya que millones de españoles parecen seguir en directo las discusiones, los cambios de humor, los amores y desamores. Además, el nombre se ajusta perfectamente a lo que piden los parlamentarios catalanes, que están nominando a los magistrados para su expulsión. No me digan que no es perfectamente descriptivo del estado de cosas, que se hable en un texto salido de un parlamento de los intentos fallidos de un tribunal, y se contabilicen; y eso, pese a que en un mundo normal esos debates deberían de ser secretos, ya que lo que tenemos que conocer es el resultado escrito y no el proceso.

Me gusta mucho, además, el tono. Se ponen muy serios y responsables y apelan al pueblo. Les veo, digamos, como repeinados y con muda nueva. Renovando sus votos, vamos. Es encantador el primer número de la resolución en el que nos hablan de la “convicción” del Parlamento. ¡Ah, cuántas cosas revela el uso de ese término referido a un Parlamento! Uno sabe que las leyes que se aprueban, pese a contar con votos en contra, son obligatorias, y se convierten en leyes de “todos”. Es normal: cuando se trata de obligar y prohibir, no cabe otra. Sin embargo, ¿cómo pueden decidir por mayoría cuál es la convicción de un parlamento? Es como decidir por votación que el número pi es irracional o que Colón definitivamente era catalán. Ya conocen la respuesta a mi pregunta, claro: ellos son la nación y la nación está viva y la puedes pinchar y llora.

Eso explica que tardes tres cuartas partes del documento en llegar a algo que huela a “algo hay que hacer”. La espera merece la pena. El Parlamento, después de un montón de años dando anabolizantes al Estatut, decide que es un escándalo, que en el TC se juega, y que ya es hora de renovar a los magistrados. Benditos sean, qué responsables son. ¡Qué pasión por las instituciones tienen! Tengan en cuenta, además, que lo hacen desinteresadamente: total, el TC es incompetente. No nos preocupemos del asunto, ellos ya lo hacen por nosotros.

Yo creo que lo lógico sería que, ya que han decidido responsablemente explicarnos cuándo el Tribunal Constitucional es competente o no, no requerir nada, ni tramitar nada en las Cortes. Que lo hagan directamente en el Parlamento catalán. Para qué andarse con hostias.