2 de Mayo

Paseo por Madrid. Cerca del Retiro.

Ayer ya los había visto, aunque sólo eran dos. Reconocían la ruta. Hoy formaban al menos siete: una escuadrilla completa de C-101, los reactores de entrenamiento del Ejército del Aire asignados a la acrobática y representativa de fiestas mayores y concursos internacionales. Dejan una marcada estela roja y amarilla. Imagino que sobrevolarán las ceremonias del 2 de Mayo, efeméride incierta y ambivalente, presunto nacimiento de la España contemporánea que acabó en el abyecto reinado del miserable Fernando.

Un paseante rezonga: «…qué se se vayan a jugar a otra parte». Los aviones, es de suponer, porque mira al cielo, y añade una serie de exabruptos dignos de arriero patibulario. Un tipo seguro de sí mismo, con El País bajo el brazo, maduro héroe de los días de gloria del advenimiento de la Democracia, que debió ganarse con su improbable esfuerzo.

Añade al final, con inquina mal contenida: «¡Fascistas!»…