Lacrosse

Sorpresas te da la vida. Venía esta tarde caminando por el Metro cuando reparé en uno de esos publiperiódicos municipales que tanto abundan —en mi casa llegan en avalancha, el municipio, después el partido de la oposición y días después el del partido que sustenta el gobierno municipal; este lo encontré en el Metro—. Venía una referencia a un reciente campeonato de lacrosse; lacossa de la cual no había oído jamás, ni siquiera de una selección catalana de lacrosse.

Mucho después me he sentado aquí, en mi escritorio y he puesto la oreja en NYTimes. Me ha llamado la atención un titular «Virginia Men’s Player Charged in Women’s Player’s Slaying». He entrado. Se trata de un tío que, allegedly, ha matado a una tía. Ambos jugadores de lacrosse.

Entremedio me he bebido las entradas de este blog y un capítulo de Band of Brothers. Episode 7. The Breaking Point, la toma de Foy (Bélgica) más allá de la Ardenas, enero del 1945. Allí se observan las deambulanzas del teniente Norman Dike, an empty uniform, que lleva a la compañía E a un pequeño desastre, con grandes causalidades, y que es relevado del mando en el frente de batalla.

Lean esto rápido, antes de que sea engullido por un aluvión.

Electrocardiograma




En accesos periódicos de melancolía, le auscultaba el corazón. Parecía aguantar, a pesar de llevar una vida algo miserable. Ya no. Le queda un afeitao y lo que el equipo médico habitual quiera tardar en anunciar el deceso. En fin, no ha tenido mala vida.

** Quizás la música del funeral resulte algo brusca. Ésta es para espíritus sensibles.

** Bueno; por si acaso. Para los que no pierden la esperanza.

Todo el mundo tiene sus razones

Unas víctimas de delitos llaman verdugos a los asesinos de sus hijos. Y Roman Polanski, desde la web de un amigo, dice que quiere ser tratado como cualquiera. Cosas del lenguaje y de la estructura profunda.Es evidente que la ley ampara al verdugo, pero no creo que haya ironía en esos padres y manifestantes. Y es seguro que Polanski cree que si hubiera sido tratado como cualquiera, el hecho de haber sido acusado por una menor de una violación, después de haber inducido a su víctima al consumo de drogas, le habría deparado una mejor suerte que la de estar cuarenta días en una prisión y tener que exiliarse a Francia.

No sé dónde está la verdad. Sin embargo, lo que sí sé es qué preguntas podemos hacernos, basándonos en datos que nadie cuestiona: Polanski es acusado por Samantha Gailey, de trece años; la acusación se basa en que, tras suministrarle drogas (un sedante), Polanski tuvo relaciones sexuales con la menor; Polanski asegura que fueron consentidas y Gailey que no, que fueron inconsentidas; sabemos que Polanski, tiempo después, le pagó a Gailey una indemnización de, al menos, medio millón de dólares. Sabemos también, que, por un acuerdo entre el fiscal y los abogados de Polanski, éste admitió haber tenido relaciones sexuales con una menor (y se nos dice que eso, según la ley vigente en California, equivale a un delito de violación); la contrapartida era que no se acusaba a Polanski de nada más (desaparecían cinco de los seis cargos iniciales). También sabemos que Polanski estuvo cuarenta y dos días en prisión. Aquí empieza la discrepancia: Polanski dice que el acuerdo era limitar la pena a esos cuarenta y dos días; el juez y el fiscal dicen que no, que se trataba de un período de evaluación psicológica y que la sentencia fijaría después el período de condena.

Polanski dice en su artículo que es «el fiscal de entonces, de reputación irreprochable, quien, bajo juramento, ha confirmado todas mis afirmaciones, y eso otorga una dimensión y una luz totalmente distintas a este asunto». Lo hizo, al parecer, en un documental que, según Polanski, ha tenido algo que ver con la reactivación del caso.

Mis preguntas: ¿cómo es posible que los abogados de Polanski, unos señores seguramente bien competentes, no documentasen ese supuesto acuerdo que limitaba la condena de su cliente, por violación, a sólo cuarenta y dos días? ¿Cómo puede Polanski afirmar que es irreprochable la reputación de un fiscal que, de ser cierto lo que afirma en ese documental, mintió hace años (ocultando el comportamiento ilícito del juez)? ¿Y cómo puede hacerse esa afirmación cuando ese mismo fiscal ha vuelto a retractarse de la declaración que consta en ese documental afirmando que la hizo para darse importancia?

Yo, espectador de tantas series y películas americanas, he imaginado esa reunión. Lo he hecho después de ver El escritor, esa película llena de miguitas de pan (Bush, Blair, Halliburton, la CIA). Creo que Polanski la rodaría bien: un tipo famoso, unos abogados con trajes de no sé cuantos miles de dólares, un asunto turbio de drogas, sexo y menores. Un acuerdo en el que quedan cosas en blanco. Nadie dice más de la cuenta; nadie quiere dejar nada demasiado claro. Unas semanas, una evaluación psiquiátrica, y una pena suspendida. Bueno, ya veremos dicen unos; vale, ya veremos, dicen otros. Unos apretones de manos. Una experiencia chunga en Chino. Quizás un asunto que cobra publicidad y el miedo a ser acusados de convertir un delito en una farsa porque se trata de un tipo importante. El famoso sufre un ataque de pánico y se pira a Francia (un exilio terrible). En la escena final, un maletín lleno de dinero llega hasta la niña, que ya no lo es tanto. Por desgracia, el acuerdo ya no puede excluir la condena, porque el famoso ha reconocido los hechos.

Lo malo es que Polanski no puede rodar la película: está obligado a vivir en Gstaad, pese a querer ser tratado como todo el mundo y no como un verdugo.

Es la regla del juego; ya lo saben.

NOTA: Tras escribir esta entrada, Suiza denegó la extradición. Y lo hizo al no recibir las actas judiciales que acreditasen que el cineasta mentía y que no había cumplido su condena. Esta falta de aportación refuerza la posición de Polanski.