¡Malditas!


Me entero por Errabundo Wrickwrackrum de lo que ha escrito Azúa, y sigo su conversación en el nickjournal. El del espacio y los libros es un problema común a muchos amigos y no tiene soluciones fáciles. Nuestra religión nos prohíbe tirarlos, aunque sean de Gala. No es habitual que me regalen libros. Supongo que los amigos y familiares piensan que resultará difícil acertar, y esa apreciación se ve confirmada por los hechos (escasos, como digo). Digo esto porque entre mis libros aparecen Los versos satánicos, El manuscrito carmesí o Papel moneda, por poner tres ejemplos que me vienen rápido a la horrorizada mente. No hay ninguna razón para conservarlos y hay muchas para desprenderme de ellos. Sin embargo, no soy capaz.

Como este tema es uno de los temas, el Almirante, Phil y el que esto escribe, llegamos a un acuerdo fundacional. Íbamos a buscar una casa en un buen barrio, a llenarla de librerías y butacones, a contratar a un hindú de aspecto imponente y misterioso (se valoraban el origen rajastaní y la barba negra), y a juntar las respectivas bibliotecas. En el bar de nuestro club sólo se servirían bebidas alcohólicas y nuestro hindú impediría el paso a las mujeres.

Al final no cuajó. Alguna pérfida hembra tuvo la culpa.