Encerrona

Qué ironía del destino. Fatum cruel en cualquier caso, pero ya se sabe: fas lex divina est sed ius lex humana. Así que el Azote del Páramo, que no se baja del Olimpo de su soberbia y es Júpiter para la caterva de mentecatos que le jalean, no tuvo más remedio que acompañar al Vicepresidente de los EE.UU. hasta la base que la BRIPAC tiene en Paracuellos del Jarama, que ya tiene bemoles que haya sido allí precisamente, el único lugar donde no puede entonar la salmodia de la memoria histórica sin sonrojo evidente, caso de que sea capaz del fenómeno de la rubefacción.

Pero es que Biden no es un tipo elegante, al contrario que su sonriente jefe, que se deja fotografiar con la familia al completo sin espanto ni desconcierto. Al fin y al cabo es católico y los demócratas de Delaware deben de ser la facción derechista del partido del amable garañón. Además es un resentido, que ya habló mal del Circunflejo Desnortado cuando tuvo la ocurrencia de retirar a los hispánicos soldaditos de Mesopotamia allá por 2004, qué desfachatez, por muy Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado que fuese. Un sujeto que había apoyado el ataque contra Saddam y el asesor de Clinton que le convenció para que la OTAN (vade retro) bombardeara Yugoslavia. Y ahora viene y se descuelga con que quiere ver tropas aliadas, y nada menos que las nuestras. Y el sujeto habla de guerreros y de honor y de guerra y de valientes, de obligación y de Dios. Eso no lo debe hacer un invitado. ¿Nadie le explicó que las zapaordenes son repartir mandiles, supositorios y tiritas, que es lo que pide el servicio de la PAZ y lo que tiende puentes entre Civilizaciones? Porque las balas que disparan los soldados españoles en Afganistán son de fogueo ¿verdad?