Todos queremos a Fredo

Ahora que anda todo el mundo pensando en el sacabocados y en la dieta, he pensado que es buen momento para exponerles lo que pienso desde hace muchos años de la sucesión hereditaria. Si les caigo en gracia, pueden dejar de leer desde este momento. Lo digo porque la respuesta, prácticamente unánime, que he recibido cuando he expuesto mis opiniones en esta materia, ha sido desoladora … para mí: desde imbécil a comunista encubierto, con todas las gradaciones intermedias.

Siempre he considerado extraño que se dé por supuesto que una economía de libre mercado deba necesariamente permitir unas diferencias en renta y patrimonio tan escandalosas. Y nunca he creído que la propiedad deba considerarse una manifestación “natural” en el sentido de derecho primigenio, fundamento ineludible de una sociedad libre. Esa visión fundamentalista pretende blindar cualquier discusión, cortándola de raíz: si la propiedad es la que nos hace libres, atacarla es atacar a la libertad. Esto no excluye que haya una pulsión natural hacia la propiedad y que defendamos de manera más inteligente lo nuestro que lo común. Lo que es indiscutible es que el problema es de alternativa. Quiero decir: no veo que haya una forma más práctica de distribución de bienes que la basada en la propiedad individual y creo que es falso que el Estado nos represente a todos. En realidad, muy a menudo, actúa como un agente económico más, monstruoso y dotado de una enorme capacidad coactiva, con sus propios intereses, que suelen ser los de la propia casta que vive de sus exacciones. Esa casta, además, proviene sin solución de continuidad de aquella que se hacía con los excedentes económicos mediante el uso de la fuerza y su formalización jurídica y ética. No me refiero sin más a eso que los marxistas llaman superestructura, porque sin esas formalizaciones no se explica el desarrollo de las sociedades modernas. En cualquier caso, aunque aquellas sean útiles e imprescindibles, lo cierto es que el Estado no es un agente neutral: atiende a sus necesidades y a las necesidades de los más poderosos, que a menudo tampoco manejan bienes propios, sino recursos de muchos, pero bajo la tiranía del gestor (que prefiere asegurar el plan de pensiones que el futuro de una compañía). Digamos, además, que nunca he terminado de asumir racionalmente que alguien puede ser miles de millones de veces más rico que otro, hasta el punto de serlo, incluso, que Estados enteros.

Esa es una de las claves. La acumulación de propiedad no es, a menudo, simple consecuencia de las fuerzas del mercado. Existen ventajas competitivas indiscutibles en el origen de muchas corporaciones, que tienen que ver con derechos aristocráticos y con supremacías nacionales. Por desgracia, la alternativa de que sea el Estado el titular de los recursos es prácticamente criminal. Lo hemos visto, a menudo. Y lo vemos también bajo la forma de esos pequeños Estados sin territorio que son las grandes sociedades.

Por eso, no creo que haya manera sensata de poner límites serios a la acumulación de recursos, si no se quiere paralizar la generación de riqueza y el desarrollo tecnológico. Otra cosa es la necesidad de poner freno a la especulación inútil y al enriquecimiento sin valor añadido. De nuevo en esos casos, es más provechosa (pese a que haya quien diga que la situación actual lo desdice) una labor de simplificación, material e intelectual: no es necesario ampliar el número de formas contractuales, el valor añadido proviene del objeto del contrato y no de su forma. La exagerada profusión de formas sólo favorece a los estafadores: en el fondo no pasan de ser, en el mejor de los casos, manifestaciones de juegos de suerte, envite y azar, y en el peor, cháchara para engañar a los incautos. Simplificar es limitar el número de transacciones posibles, incluyendo las exigencias administrativas. No se obtiene más seguridad incrementando los “controles”, porque estas son, también, nuevas puertas traseras para la corrupción y la estafa. Lo mejor es fijar reglas sencillas, pocas, y ponerse duro con los que las infringen. Menos observatorios y organismos de control, más código penal.

Sin embargo, nunca he visto la necesidad de aplicar lo anterior a la sucesión. Una de las fórmulas que permite la acumulación de capitales es la de la sucesión hereditaria. Además, al menos como presunción, podemos partir de que quien hace fortuna lo hace por méritos. ¿Qué mérito es ser hijo de este o aquel? Las razones para adjudicar bienes a alguien por su parentesco, además, no tienen nada que ver con la eficiencia económica. Es como una lotería siniestra. Algo parecido a lo que pasa con la monarquía: el hijo del magnífico monarca puede ser un imbécil que acabe con la prosperidad de la nación. Todos sabemos por qué personas muy inteligentes y capaces terminan dejando sus recursos a hijos idiotas. El propio Marco Aurelio, que decía cosas tan sensatas sobre los sármatas y las arañas, terminó dejando el Imperio Romano en manos de Cómodo. Es lo que tiene la sangre.

Esto me ha hecho partidario de un impuesto de sucesiones muy gravoso, prácticamente confiscatorio, quizás con unos mínimos exentos. Y esto no es incompatible con un modelo de estado reducido. Ya imagino que, si esto fuera así, la gente tendería a “repartir” en vida, utilizando la ingente creatividad de la que hacemos gala cuando se trata de estos asuntos. Sin embargo, al margen de que siempre es más difícil el fraude de ley que el ejercicio de derechos, esto provocaría una beneficiosa movilización de los bienes, mucho antes (a veces, a través simplemente de las pérdidas de “sucesores” inútiles). Y de por sí, esos sucesores ya tienen ventajas competitivas indudables.

En resumen, y con una enorme prudencia, no hay que renunciar a redistribuir permanentemente la riqueza. El mundo no es como el Monopoly: no recibimos, al empezar el juego, los mismos billetes.

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37 comentarios en “Todos queremos a Fredo

  1. Hereby, I strongly disagree.

    Como siempre se el abogado trae los ejemplos que mejor le vienen al caso.

    Yo traeré otro: quizá una de las razones por las que Sergey Brin se mantiene racionalmente cabal (y, quizá, así se mantenga en el futuro) es saber que Benji Brin se quedará (si quiere uno y quiere el otro) con el pastel.

    Esa es una razón de eficiencia económica (y vital) poderosísima.

    1. Ya empezamos con las acusaciones.

      En cualqueir caso, ya se está quedando con el pastel: vive bien, va a un colegio cojonudo y, además, podemos discutir los mínimos exentos.

      Por ejemplo: ¿Sergey se mantendrá saludable si puede transmitirle, pongamos, 2 millones de euros sin problemas?

      No obstante, meditaré sobre el particular.

      1. Pues no sé si Sergey se mantendrá saludable así o no. En cualquier caso me gustaría que lo decidiera Sergey; no usted.

        (es que le he visto unas fotos con un uniforme rosa y no me fío).

        1. Bueno, veo que sigue con los argumentos ad hominem. Decir que eso lo debe decidir Sergey implica que también debe decidir Sergey si su propiedad debe ser expropiada o no, si debe pagar impuestos o si debe pagar seguridad social a su jardinero. También implica que el jardinero debe poder decidir si le quita por la fuerza a Sergey sus cuadros y sus mitones, sin que Sergey tenga derecho a pedirnos a usted y a mí que le protejamos. Es lo que pasa con el derecho a decidir, que hay que ver hasta dónde alcanza. Esto es parte de lo que discutimos. El argumento “que decida él”, por tanto, no es un argumento, si admitimos que hay cosas que no puede decidir.

          1. jajajaja

            «Es lo que pasa con el derecho a decidir, que hay que ver hasta dónde alcanza.»

            «El argumento “que decida él”, por tanto, no es un argumento, si admitimos que hay cosas que no puede decidir.»

            Supongo que si hay que ver hasta dónde alcanza, habrá que concluir que el argumento “que decida él” es un argumento (hasta donde alcance).

            A mí, claro, me alcanza en este caso.

          2. No, si estamos de acuerdo (que veo que sí) con que no puede decidir todo, que decida él no es un argumento, es una conclusión.

            Yo digo, creo que no debe decidir (en esta materia) por esto y esto y aquello …

            Usted dice, yo creo que debe decidir (en esta materia), por …

            Ah, falta lo de después del por …

            Su “argumento” sólo es un argumento sin comillas si usted afirma que él debe decidir sobre todo lo que tenga que ver con él.

  2. Yo soy partidario de esto:

    Abolición del Derecho de Herencia.

    “(…) El derecho de herencia, en nuestra opinión, debiera suprimirse, ya que mientras exista perdurará la desigualdad económica hereditaria, no la desigualdad natural de los individuos, sino la desigualdad artificial de clases -y ello siempre engendrará la desigualdad hereditaria en el desarrollo y la formación de las mentes, y cuya continuación sería la fuente y la consagración de todas las desigualdades políticas y sociales. La tarea de la justicia es establecer la igualdad para cada uno, pues aquella igualdad dependerá de la organización económica y política de la sociedad- una igualdad con la que cada uno va a comenzar su vida, y por la que cada uno, dirigido en su propia naturaleza, será el producto de sus propios esfuerzos. En nuestra opinión, la propiedad de los difuntos debería acumularse a los fondos sociales para la instrucción y la educación de los niños de ambos sexos, que incluye la manutención de ellos desde su nacimiento hasta que alcancen la mayoría de edad. Como eslavos y como rusos, queremos agregar lo que consideramos una idea social fundamental, la cual se basa sobre el instinto general y tradicional de nuestros pueblos, y que consiste en que la propiedad de toda la gente, debería ser poseída sólo por aquellos que le cultivan con sus propias manos. ”

    (Mihail Bakunin. Socialismo sin Estado: Anarquismo.)

  3. Y usted dando ideas para que el Estado se apropie de las cuatro perras que los pobres legan a sus hijos…¿hoy no se ha puesto la rebeca?

  4. “El mundo no es como el Monopoly: no recibimos, al empezar el juego, los mismos billetes”…pero el mundo nos obliga a jugar en su tablero…

  5. No hombre, los impuestos son necesarios…sobretodo, para que los ricos no privaticen los servicios sociales y aún paguemos más…

  6. La única y verdadera propiedad privada es el cuerpo, y para colmo te la dan en herencia, sin poder elegir y con fecha de caducidad.

    (Michael Short)

  7. Y esto nos pasa polque no hemos sabido sel espilituales ni aplendido a vivil como los lilios del campo.

    (La Kon Tse. Traducción de A. Barrachina y Esperanza Salgado)

  8. “Lo mejor es fijar reglas sencillas, pocas, y ponerse duro con los que las infringen”. De acuerdo y yo añadiría: con los que las infringen y logran hacer que las reglas sean difíciles y demasiadas…

    1. Además, ¿Adónde irían los pobres con tanto dinero, si casi todo se lo gastarían en vicios?

      (Un recuerdo para Chumy Chúmez)

  9. Cuando Warren Buffet legó casi toda su fortuna a la fundación de Bill Gates, le preguntaron que qué iba a pasar con sus hijos. Él respondió:

    “A mis hijos les dijo el dinero suficiente para que puedan hacer muchas cosas, pero no tanto como para que nunca tengan que hacer nada”.

    Quién iba a decir que el señor Buffet iba a estar de acuerdo con usted, don Tsé.

    Por cierto… ¿pocas leyes? ¿simplicidad normativa? Entonces… ¿¡de qué iba a vivir usted!?

    1. Creo recordar que Buffet anunció que iba a hacerlo, pero no sé si lo ha hecho.

      En cualquier caso, si cumple es un buen ejemplo, aunque creo que no dice toda la verdad: con lo que les deja a sus hijos (algunos miles de millones de dólares) pueden no hacer nada varios miles de vidas.

      En lo de tirar piedras contra mi tejado, no creo que haya un peligro inminente. En cualquier caso, una legislación sencilla favorece al buen abogado. Los malos sólo prosperan entre la maraña, porque ahí es dónde adquieren valor los contactos.

  10. Esta decisión supone que sus tres hijos —Susie, Howard y Peter— tendrán que conformarse con sólo un pellizco de la herencia. “Nuestros hijos son estupendos. Pero creo que cuando han tenido todas las ventajas, en educación y de lo que han aprendido en casa, no es correcto ni racional dejarles nadando en dinero”, confesó Buffett en una entrevista con la revista ‘Fortune’.

    Aquí:
    http://www.elmundo.es/mundodinero/2006/06/27/economia/1151384619.html

  11. Todo son desigualdades al nacer. Todo es una lotería.
    Yo estoy de acuerdo en lo que dice Tse de igualar esa lotería injusta.
    Si los hijos e hijas de los demás son más guapos que los míos, que les quemen la cara con ácido. Sólo un poco.
    Si sus hijos e hijas son más listos que los míos, que un poco de neurocirugía tosca les iguale.
    Si tienen genes que les garantizan una vida más larga y saludable, que les irradien.
    Y entonces, sólo entonces, cuando se hayan acabado las loterías injustas al nacer, ponemos un impuesto de sucesiones confisca torio.

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