Antología de música clásica occidental (7)


32: El gradual a dos voces de Leoninus o Leonin, Benedicta et Venerabilis.



Desde mediados del siglo XII, la «escuela de Notre Dame» se puso en cabeza de la polifonía europea. Se la llama así porque se desarrolló en torno a la iglesia de Notre Dame (la antecesora de la catedral parisina). Sin embargo, como todas las etiquetas, ésta no es correcta del todo. Dentro de la escuela se incluyen obras compuestas en otros lugares del norte de Francia, y el mismo Leonin, maestro de canto de Notre Dame ya era un compositor de «éxito» antes de que se empezase la edificación del templo, en 1163.

Este liderazgo, manifiesto en las diferentes formas polifónicas que veremos en esta entrada y las siguientes (el organum, el conductus, el motete y la cantilena), se fundamentaba en la maestría de unos autores que ya tienen nombre y en la maduración de unos procedimientos sobre los que se llevaba trabajando varios siglos, maduración que nos permite hablar de época clásica. Ese clasicismo se observa, por ejemplo, en la estabilidad de un modo armónico basado en el unísono, la octava y la quinta (sobre todo en aquellas partes que coinciden con una nota del tenor gregoriano), pero que admite la normalidad de la tercera mayor y menor (y sus inversiones, las sextas menores y mayores), cuando son nota de paso, anunciando la «tiranía de la tríada» (el acorde formado por tres notas separadas a distancia de tercera y quinta), que durará casi ocho siglos. La prevalencia de la escuela se mantendrá casi siglo y medio.

En esta entrada comenzaremos con el organum y, naturalmente, con la primera gran figura de la escuela: Leonin.

33: El responsorio Et valde mane una sabbatorum un organum a dos voces del Magnus Liber de Leonin-Perotin.

Leonin es el autor del Magnus liber organi, que sobrevive, no en su versión original, sino en versiones diferentes entre sí en varios manuscritos (de los cuatro principales uno se encuentra en la Biblioteca Nacional). El Magnus Liber contiene obras polifónicas en dos partes (graduales, aleluyas y responsorios), muchas de las cuales fueron modificadas por Perotin, que compuso cláusulas sustitutivas en estilo de discanto (luego volveré sobre esto).

Estas composiciones utilizan las partes de solista de cantos responsoriales (ya sabemos cuánto juego han ido dando estas partes en el desarrollo de la música litúrgica). Los compositores utilizaban las partes solísticas, porque eran las más ricas y complejas, mientras que las partes corales se dejaban conforme al canto llano. Hay que recordar que los oyentes de esta música estaban absolutamente familiarizados con el canto llano original. Es comprensible que disfrutaran de una versión polifónica en la que la parte coral, más simple, se mantenía, y la parte del solista, más elaborada, se convertía en un tenor, en el que las notas, a forma de bordón, se estiraban tanto que llegaban a ser irreconocibles (hay muchos autores que creen que esas notas no se cantaban, sino que las tocaban instrumentos). No hay que olvidar el aspecto intelectual del asunto: el canto gregoriano original convertido en un sustento de toda la música, un tu est petrus que permite el vuelo de la imaginación sobre una tradición inmutable. En la música de Leonin no hay prácticamente saltos mayores que el de tercera, aunque sí utiliza un recurso muy original, una especie de glisando que, a veces, recorre hasta una octava y que hace su música especialmente adecuada para una interpretación de estilo oriental. Las melodías son de largo vuelo, de corte más amplio y menos duro que las de Perotin. También es característico de Leonin el uso de fórmulas melódicas tipo, que utiliza sin rubor dentro de una misma obra.

Los compositores de organa, al utilizar melodías de canto gregoriano como tenor, se enfrentaban a un problema técnico. La parte solista del canto llano original que, en el organum funciona como tenor, a veces es casi silábica. En estas partes, la voz aguda, el duplum, puede ser más melismática, porque el tenor no durará demasiado. Las partes melismáticas del canto llano original, más extensas, al funcionar como tenor harían la obra excesivamente larga; por esa razón, se las hace durar menos. Se suceden, por tanto, en esos organa, partes de ritmo más libre, con tenores largos, a forma de bordón, con partes en estilo de discanto, en las que el tenor, aunque con notas de duración siempre superior al duplum, está medido. Se produce, por tanto, una mezcla de las dos tradiciones que se mencionan en la entrada anterior.

Vean la parte compuesta sobre un tenor con notas muy largas del organum que escucharán a continuación:


34: Alleluia Pascha nostrum un organum a dos voces de Leonin.



Vean, de la misma obra, una parte en estilo de discanto:




En ocasiones, el estilo de discanto exigía repeticiones del tenor, que quedaba demasiado «corto», de forma que, además de a modo de bordón, el canto llano se convertía en un ostinato. Todos esos componentes hacen del organum una pieza que reúne partes de canto llano monódico, que sigue funcionando como una especie de preludio, partes de lo que se denomina orgaunm purum, un canto melismático, de ritmo seguramente libre, sobre tenores que se mueven muy lentamente, y las partes, cada vez más extensas, de clausulae, las partes en discanto, en las que, tanto el tenor, como el duplum, se mueven en ritmo medido. Estas cláusulas empezaron a componerse para los mismos organa, de forma que se sustituían sólo las partes en discanto, que se van haciendo cada vez más complejas y extensas, y en las que se irán añadiendo voces.

El maestro de este tipo de composición es Perotin, pero de él ya hablaremos.

35: El organum a dos voces sobre Benedicamus Domino de Leonin.