El protocolo Glasnost


– I –

– ¡Yaro! … Joder, ¿dónde cojones se ha metido?

– No sé, jefe. A lo mejor le ha dado uno de sus yuyus.

– ¿Cómo?

– Sí, como en la película del candidato de Manchuria. La vi ayer después del partido de España. A un tío le hacen candidato a Presidente de América, haciéndole pasar por un héroe de guerra. Ya sabe …

– No, no sé, pero ¿qué tiene eso que ver con Yaro?

– Pues que cuando suena el teléfono, a veces se pone a hablar en ruso, y mira raro de la leche.

– Bah, todos tenemos nuestras cosas, y es el mejor operario que tengo. ¿Sabes que es ingeniero electrónico?

– No joda.

– Sí. Hasta me enseño el título, aunque como estaba escrito en ciruélico, a lo mejor era la carta de un restaurante de su pueblo. Me contó que estuvo de ingeniero en una ciudad que los rusos construyeron en Mongolia hace treinta años. Cosas de los comunistas. Bueno, basta de cháchara, búscale, que tiene que ir a cambiar un telefonillo a Arganzuela.

Mientras tanto, a pocos metros, en el baño, Yaroslav Mudryi se está mirando los vaqueros. Sigue las líneas de los hilos; ve formas que se mueven, algo así como manchas de agua. Intenta expulsar de su cabeza un nombre, un nombre que se le repite machaconamente cada vez que oye el timbre del teléfono de la oficina: «Leopoldo, Leopoldo, Leopoldo …»

Lleva así desde que llegó a España, en 1981, pero va a peor. Ya no controla las náuseas y después de cada llamada, el dolor de cabeza le deja destrozado. Sólo lo sabe la doctora del seguro. Se lo contó después de cepillársela en la camilla del ambulatorio. Yaroslav es un tipo guapo y amable, y además ingeniero.

– ¿Yaro? ¿Estás ahí?

Tiene que contestar, pero no puede más que gruñir. Y lo hace en ruso.



– II –

Nybrnnia (Siberia). Una máquina excavadora se desliza por la tundra helada. Llega hasta la alambrada que rodea una instalación militar abandonada hace años. Son apenas un par de barracones y una especie de búnker. El conductor duda un segundo, después de leer las frases de advertencia, y luego la derriba.

Un conmutador oculto pone en marcha una cadena de acontecimientos. Se hacen decenas de llamadas automáticas, a números de teléfono que ya no existen, o son recibidas por personas equivocadas. Todas, salvo una.

Sujetadme que me pierdo -dijo Montilla



No pienso decir nada sobre la sentencia del Tribunal Constitucional. Eso sí, demócrata y empático como soy, animo a los catalanes a manifestarse contra ella. Si este editorial es sincero (y no dudo de que lo sea), y si representa, como afirma, el sentir de los catalanes, no deben quedarse cruzados de brazos. Es mucho más importante el desarrollo afectivo y emocional que el furbo y que cuestiones pasajeras, como tener curro.

También animo a Puigcercós a superar esta fase de españolismo, y a alegrarse por una sentencia que, según él, le va a proporcionar a su partido un montón de votos.

(Una aclaración: no esperen ningún comentario cuando tengamos la sentencia. Para ese momento, sólo tengo previsto hacer un viaje a Catarroja y, allí, realizar mi particular homenaje a los provectos magistrados del Tribunal Constitucional; no puedo dar más detalles: si algún día me ven en persona, no duden en preguntar)


ACTUALIZACIÓN:

Voy a pedir el apoyo de todos los lectores de este blog que sean madrileños (administrativamente hablando). Ésta es una iniciativa de Tse. Voy a pedir que se inicie un proceso de modificación del Estatuto de la Comunidad de Madrid, introduciendo el siguiente preámbulo:

Allá donde se cruzan los caminos,
donde el mar no se puede concebir,
donde regresa siempre el fugitivo,
pongamos que hablo de Madrid.
Donde el deseo viaja en ascensores,
un agujero queda para mí,
que me dejo la vida en sus rincones,
pongamos que hablo de Madrid.
Las niñas ya no quieren ser princesas,
y a los niños les da por perseguir
el mar dentro de un vaso de ginebra,
pongamos que hablo de Madrid.
Los pájaros visitan al psiquiatra,
las estrellas se olvidan de salir,
la muerte viaja en ambulancias blancas,
pongamos que hablo de Madrid.
El sol es una estufa de butano,
la vida un metro a punto de partir,
hay una jeringuilla en el lavabo,
pongamos que hablo de Madrid.
Cuando la muerte venga a visitarme,
que me lleven al sur donde nací,
aquí no queda sitio para nadie,
pongamos que hablo de Madrid


Gracias por apoyarme.

Hay alguien ahí fuera



Llevo todo el día currando; paro a las once y media de la noche y echo un vistazo a los periódicos. Y veo que Hamilton ha hecho el adelantamiento más prodigioso de la historia: seis coches a la vez. Veo que los ingleses tienen que inventarse la línea de gol para explicarse por qué el gol de Lampard no es gol. Veo que a los árbitros que pitaban el Argentina-México les ataca una especie de daltonismo que les lleva confundir el verde y el azul. Y veo, finalmente, que un cantante mexicano tuvo que desmentir su muerte para que la hora fuera correcta.

Demasiados fenómenos paranormales.

Me voy a casa, a cenar, y a ver STAR TREK 11 o algo así.

Necesito un baño de realismo.

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ACTUALIZACIÓN (q)

Ayer no todo fue culpa de Charlie Whiting y como les veo divertidos y no me puedo ir a casa paso a dejar algo.

Ayer ocurrió algo que no es habitual en Europa y en el fútbol: se repiten imágenes por los video marcadores. No lo veo claro: las posibilidades de un disturbio no son despreciables. La Uefa lo prohíbe tajantemente.

No creo que se emitieran imágenes en el videomarcador del partido Inglaterra-Alemania. Habría sido demasiado escandaloso y el comportamiento de los aficionados ingleses algo diferente. También el de los jugadores. Con todo valoren el siguiente hecho. Lo mismo que pudieron repetir las imágenes del gol de Lampard pudieron haber emitido las imágenes del gol de Klose. Ese que el realizador de televisión, Funes y el hijo de Funes tomaron por fuera de juego. No hijo no. Hay que saberse la regla. No hay fuera de juego cuando el balón proviene de: 1. saque de esquina, 2. saque de banda, 3. saque de meta. Y ahora muestren sus amplios conocimientos futbolísticos y respondan ¿por qué? Si no se la sabe el realizador, ni Funes, ni su hijo cabe pensar lo mismo de los aficionados. Es un polvorín demasiado peligroso.

La irrupción del vídeo es inevitable. Y se debe hacerse al modo del fútbol rugby: árbitro viendo la tele; consultas entre árbitro principal y juez de televisión. Habría sido bastante fácil en todos los casos planteados ayer. Y la costumbre de visionar y revisionar cuando se señalen hechos determinantes: por ejemplo gol/no gol.

Respecto de los fueras de juego es irónico pero el mundial empezó bien. Anularon un gol a Sudáfrica por fuera de juego. El caso es que el portero había adelantado al jugador rival y el linier interpretó correctamente la norma. Después ha venido el caso del gol de Suiza y el de Argentina. Son casos desgraciados porque la norma es clara a efectos prácticos. El fuera de juego significa que nadie puede marcar un gol a puerta vacía salvo que el balón provenga de un contrario, de un saque de corner, de un saque de esquina, de un saque de banda o de un pase retrasado. Eso no lo debe olvidar un juez de línea. El caso del gol de Suiza era especialmente claro.

Antología de música clásica occidental (13)



58: El motete Amor potest conqueri – Ad amorem sequitur, del Códice de Montpeliier.



Cuando hablamos de motetes, hablamos de un estilo, más que de una forma musical. De un estilo tremendamente popular, que permitirá el primer desarrollo importante de la polifonía profana. Los textos de los motetes no suelen tener una gran calidad. No es extraño, ya que, originariamente, se trataba de adaptaciones de textos a las voces superiores de los organa y de sus partes en discantus. Eran como morcillas. La politextualidad, el que se utilicen textos diferentes en cada voz, es precisamente la característica más definitoria del motete. Los ejemplos más antiguos de politextualidad aparecen en organa de St. Martial, pero se trata de casos aislados. Como ya dije en la entrada anterior, la explosión del motete se produce a partir de adaptaciones sobre las cláusulas de Perotin y de los autores de la escuela de Notre Dame. Al principio se añadió sólo texto a la parte superior, y como el tenor, por su origen una parte de un canto llano, se podía interpretar con instrumentos, el motete se convertía en un solo acompañado. Sin embargo, muy pronto se empezó a poner textos diferentes a todas las voces superiores, a la forma de los tropos de las partes de la misa, es decir escogiendo textos que funcionaban como comentarios del texto del tenor. En cualquier caso, cuando se empezó a componer una nueva música y no solo a poner texto a las cláusulas en discanto, ese origen siguió influyendo.

Digamos que la idea de líneas musicales independientes, con textos diferentes (aunque unidas a menudo por razones simbólicas) prevalece sobre una unidad armónica que no se busca (o para la que no hay aún una técnica musical suficiente). Además, la presumible interpretación plana, sin vibrato, favorecería la captación de cada línea; los oyentes disfrutarán más del desarrollo de cada voz que del resultado vertical. Incluso cuando se trata de esos momentos en que se busca la consonancia, se considerará suficiente con que dos voces concuerden entre sí, aunque no lo hagan con la tercera o la cuarta. La evolución armónica de esta época es menor en comparación con la evolución rítmica; el aspecto más destacable es el afianzamiento de la cuarta más como disonancia que como consonancia y la fijación de determinados tipos de cadencias que van a prevalecer durante los dos siglos siguientes.

Cuando empiezan a utilizarse textos en lenguas vernáculas, de canciones profanas, se produce la primera ruptura. El texto del tenor deja de influir. Muchos de esos textos son canciones de amor, otros críticas sociales, textos burlescos. Y esta evolución termina llegando al tenor: ya no se usan sólo tenores de discanto, sino extraídos de otras partes de la misa (como kyries), de danzas instrumentales, de melodías de trovadores. Hay, en el manuscrito de Montpellier, un motete construido sobre un pregón callejero de París. Que se convierte en una simple base estructural resulta más evidente considerando que, en muchos motetes (como ya sucedía en algunas cláusulas), se repite el tenor, a veces con tanta frecuencia, que su sonido de ostinato resulta muy marcado, como hemos visto en la primera obra de hoy. Y casi siempre, su ritmo resulta, para los oídos modernos, desacompasado, ya que los modos rítmicos utilizados son diferentes para cada voz, y eso, al menos al principio, introducía una rigidez que sólo irá desapareciendo con el desarrollo del motete en la segunda mitad del siglo.

59: El motete Mout me fu grief li departir / Robins M’aime / Portare, del Jeu de Robin et Marion de Adam de la Halle.



La forma de los motetes es absolutamente variada, ya que cada melodía, sigue su curso. Sólo en aquéllos que se basan en melodías con formas marcadas (por ejemplo, canciones con estribillo de trovadores) y algunos que contienen inserciones melódicas (especialmente populares) que se repiten, puede hablarse de una forma o estructura de conjunto.

Sin embargo, a partir de 1250, se producen evoluciones que intentan introducir una mayor coherencia. Se atribuye a Franco de Colonia, (el autor del Ars cantus mensurabilis, del que luego hablaré) la aparición del llamado motete franconiano, un tipo de obra en el que el triplum se mueve más deprisa, cantando un texto más largo y alegre, mientras que el motetus, en un modo rítmico diferente, llevará una melodía más cantabile y con giros más amplios.

60: El motete J’ai mis – Je n’en puis – Puerum, …



que aparece tras …

61: El motete Trop sovent – Brunette – In seculum, en el vídeo que les enlazo, es un buen ejemplo.

Esta evolución estilística pronto dará lugar a dos modelos diferenciados: en uno, aunque el triplum se mueva más rápido, existe gran homogeneidad entre las voces, y el propio tenor se hace de ritmo más flexible, produciendo un efecto más acórdico. A esta forma se ajusta Pucelete, el motete que aparece en la entrada anterior.

El otro modelo se caracteriza por tener un tenor tremendamente rígido, con la forma de un bordón, un motetus lento, y un triplum muy rápido, y en el que las voces van «terminando» sucesivamente en las frases musicales, produciendo un efecto agitado. Tan rápido que forzará una evolución en la propia notación musical. Las exigencias de ritmo de los motetes harán que la unidad básica de tiempo pase de la breve a la semibreve.

Para entender esto hay que hacer una referencia a la notación franconiana. Ya comenté que el ritmo en la notación modal se especificaba normalmente mediante ligaduras y por el propio metro del texto. Sin embargo, esos modos eran inapropiados para una música en la que es habitual que cada sílaba se cante con una sola nota. Así que, manteniendo la idea de agrupar el ritmo en grupos ternarios (ya saben lo del concepto medieval de la trinidad como perfección), se empezaron a usar nuevos signos. Eran concretamente éstos:



El tempus básico es la breve. Partiendo desde la doble longa, las duraciones venían establecidas por reglas que fijaban relaciones entre los signos. Así, el compás básico es ternario y constituye una «perfección», algo parecido a un 3 por 4, formado por tres breves, o por una breve alterada (2/3 de valor) y una breve. La longa perfecta sumaba tres breves y la imperfecta dos. La doble longa siempre tiene el valor de dos longas. Reglas similares se aplican a la semibreve. Para saber ante qué tipo de signo estamos, la clave viene dada por el orden en que aparecen las notas reunidas y por el uso de signos auxiliares, como el puntillo. Por ejemplo, una longa seguida de una breve y una longa, convierte a la primera en imperfecta (equivaldría a dos compases, el primero con blanca y negra, el segundo con blanca con puntillo). Sin embargo, si se pone un puntillo a la primera longa, el resultado era justo el contrario (blanca con puntillo, seguido de negra y blanca). Y así, en todos los casos.

Este sistema empezó a saltar por los aires cuando comenzaron a componerse motetes de ritmo tan rápido que hubo que fraccionar cada vez más las notas. Tan fue así, que los compositores simplemente terminaban agrupando tantas semibreves como necesitaban, hasta el punto de convertirla en la nueva unidad de medida, y dejar paso a las divisiones binarias del compás, que ya no son un elemento extraño, sino básico. Esa evolución se completa en el siglo siguiente.

El compositor más famoso de este tipo de motetes es Petrus de Cruce …

60: El motete Je cuidoie bien metre jus – Se j’ai folement amé – Solem, …


Debate de béisbol

Érase una vez un medio de comunicación (TVB Televisió de Badalona) que pensó en realizar un debate sobre el conflicto palestino-israelí. Un debate consiste en eso en lo que todos estamos pensando: en discutir opiniones contrapuestas. Y para eso se necesita agrupar a personas que no piensen igual sobre un determinado asunto. Pues no. En ese debate las cuatro personas asistentes se inclinaban por la defensa de la posición palestina. La moderadora nos informa de que hace dos semanas que miembros de la comunidad israelí habían sido invitados, pero que un día antes declinaron la invitación por creer que «»se tratarían temas políticos y no hechos religiosos». O sea que el debate estaba pendiente desde hacía dos semanas.
No parece que sea una cuestión de vida o muerte, por lo tanto, podrían haber esperado dos semanas más hasta encontrar el cincuenta por ciento exigible para mantener un debate justo. Por cierto, a la moderadora (que durante el debate no se muestra como moderadora en absoluto) le cojea el argumento del debate entre comunidades cuando se comprueba que entre los invitados sólo hay uno de la comunidad palestina y tres civiles pro-palestinos. ¿Tan difícil de encontrar eran tres civiles pro-israelíes? Por último, uno de los «debatientes» se atreve a decir: «puedes ver la fotos de los campos de concentración de Alemania, de aquella época, las comparas con las de ahora, las pones en blanco y negro, puedes hacer un concurso y no sabrías distinguirlas». Aunque la nota tragicómica no he podido recogerla en este corte. Justo después de que este joven compare la situación de Gaza con los campos de exterminio, la moderadora le pregunta al palestino si ha podido visitar a su familia de Gaza:
– No, pero mantengo contacto con ellos por teléfono.
Ignoraba que en los campos de concentración nazis se permitiera hacer llamadas a los prisioneros. Lo que se aprende.

For being a bastard with no manners


Una doctora sudafricana inventa un condón con dientes. No sé si el invento funciona o no. A la espera de ver a algún hijoputa aullando, tiene buen aspecto.

Lo más interesante, sin embargo, son las críticas que se mencionan en el artículo. Ah, cuánto tonto útil.

Vean las razones:

Los «Sexólogos y especialistas en el tratamiento de abusos sexuales confirman que el artilugio evita la violación ‘per se’, cierto; pero no previene que la víctima pase por el mal trago que supone enfrentarse a un agresor que, además, consigue llevar a cabo, aunque sea solo una vez, su objetivo: la penetración.»

Ya me contarán ustedes qué manera de pensar es ésta. El artilugio no es perfecto porque no evita la malaria y el hambre en el mundo, así que no se lo ponga, amiga. Además, ¿qué es eso de que no evita violaciones? Ya me contarán si no empiezan a planteárselo algunos hijoputas en cuanto vean lo que les puede pasar y si no es harto interesante poder entrullar al violador.

Los «menos optimistas respecto al invento, aseguran que es una solución ‘medieval'». No sé qué significa «optimista» en este contexto. Ni medieval, la verdad. Yo veo poco medieval un condón de látex con ranuras dentadas. Quizás les parezca medieval el que el hijoputa sufra. Sin embargo, no parece que la gente protestase si una mujer violada, mientras está siendo violada, le volara la cabeza al violador con una mágnum de Harry el sucio.

Lo del «un daño colateral previsible son las represalias que el agresor pueda tomar contra la víctima, dejándola expuesta a más violencia» es especialmente repugnante, y refleja cierta visión relativa a la violación. Ya saben, todas esas gilipolleces: que es una muestra de poder machista y que no tiene que ver con el sexo. Y que no hay que resistirse, ni llevar armas, para evitar reacciones más violentas. Pero esto es más repugnante todavía, porque, al fin y al cabo, la mujer decide si ponérselo o no, y porque fomenta la tolerancia con el crimen para que no sea más violento. Como si el propio crimen no generase más violencia y su represión no la limitase, como nos dice el sentido común.

Y la que es de nota es Rosemary Okello la «directora de la organización Servicio para la Mujer y el Niño Africano». Nos dice que no se puede usar una «invención médica para tratar un problema social», al tiempo que recuerda que el condón ‘atrapa violadores’ no serviría para proteger a menores, uno de los grandes colectivos vulnerables. Yo no entiendo a esta gente. Parece que les mole que existan el delito y la miseria; que sea una forma de probar sus teorías y de demostrar su modelo. En realidad, la única razón que me puede parecer razonable para no usar el artilugio se extrae de sus palabras (pero no lo dice). El que la violación se extienda más entre los menores, al convertirse en objetivo de los hombres que tengan miedo a violar a mujeres.

En cualquier caso, lo asombroso es la reacción. Cuando se trata un problema de violencia violentamente, aplicando la legítima defensa, siempre hay algún gilipollas que se sube por las paredes. No se trata de patrullas ciudadanas o de fomentar el linchamiento; se trata de protección individual.

El caso es que sí se me ocurren malos usos del aparato. Pero ellos no lo pensarán (o los callarán): admitirlos jodería alguno de sus mitos, ya que tienen que ver con el mal y la venganza. En fin, cualquier cosa puede convertirse en arma, ¿no?

Y la lástima es que no tenga dientes de verdad.

Cartas al director o que es un rey para ti


Casi nunca leo las cartas al director. Hoy lo he hecho porque he visto, en El País, un titular sobre L’Osservatore Romano y Saramago que me ha llamado la atención. Y luego he seguido.

Tela.

(Nota: ya saben eso de que no tiene valor estadístico y tal)

La primera nos cuenta que Saramago fue un ateo bueno, que Aznar tiene la culpa en estos horribles tiempos (¿estará pensando el lector, por comparación, con los buenos tiempos de los reyes de Oesternesse?) y nos dice lo que piensa Dios, usando un artilugio retórico nunca visto.

La segunda nos avisa de que el Estado está en crisis (¿estará pensando el lector, por comparación, con los buenos tiempos del Estado de los reyes de Oesternesse?), que ¡¡en Europa!! hay mucha desigualdad, y que estamos en guerra.

La tercera, glosando a un señor ya fallecido, nos cuenta que el mercado tiene sordera selectiva, a diferencia del escribiente que es capaz de oír, por las noches, supongo, el llanto de millones de niños hambrientos.

La cuarta es estupenda: nos demuestra el poder de la estructura político-militar-religioso-franquista. Bueno, quizás estoy leyendo demasiado entre líneas. Dejémoslo en que no parece caer en la cuenta de la diferencia entre arrancar un brazo y salir corriendo.

La quinta está escrita por un cachondo que quiere ser piloto y que piensa que es malo lavarse mucho.

El que ha escrito la sexta quiere ligar lo que gana (o lo que usa) el político a indicadores objetivos. A uno o a varios, aunque sean contradictorios, joder. Luego, cuando el político cumpla cerrando la casa de salud a la que va su abuela, se cabreará y gritará «¿estamos locos?».

El séptimo, en fin, es un ludista mosqueado porque su padre se está follando a la señora del cuarto de al lado de la residencia, y se ha olvidado de hacer testamento. ¿No será que quería mencionar, por otro lado, la malaria y no el alzhéimer? Debería ponerse en contacto con el que oye llorar a millones de niños.

Y luego nos quejamos del nivel de los profesionales de la opinión.

Un club selecto


Avanzamos, amigos, y el tiempo nos dice en qué dirección.

Para dejar claro que lo sabemos, he pensado en incluir una cita. No puede este blog ser un blog chulo hasta que no colguemos una máxima apropiada. Hasta había pensado en abrir un turno de consultas. Lo malo es que alguien podría dar con alguna perfecta y redonda, y eso es incompatible con mi egotismo.

Y además, mi cita sirve para fijar una nueva regla de participación en este blog:

Nadie entre sin aumentar la entropía


ACTUALIZACIÓN:

Ya saben lo que hay que hacer para no ver más anuncios. Abajo, la información:


Y dale


El otro día veía una tertulia en VEO. No recuerdo quiénes charlaban y tampoco importa mucho: en las televisiones que puedo ver (no soy como qtyop, el tipo que diseño la campaña espía de la Liga Nacional de Béisbol -le están observando en este momento) salen siempre los mismos tíos, incluyendo al nixoniano socialista de la barba incipiente.



El caso es que hablaban de algo que empieza a aparecer en todas partes. Vean las tres últimas entradas de Santiago González. Otra vez estamos con la evolución de la «izquierda abertzale» y los diagnósticos de los kremlinólogos habituales.

Siempre que reaparece este asunto, reaparece el consenso básico. En esa misma tertulia, alguien dijo, de nuevo, que todos los Gobiernos han negociado y que, además, su obligación es hacerlo. Y todos estuvieron de acuerdo en que eso está bien, siempre que renuncien a la violencia, abandonen las armas y se disuelvan. Luego se ponían a discutir a grandes voces; después de demostrar que no son adanistas, sino adultos conocedores de las cloacas.

Yo siempre me he sentido como un marciano en relación a esto. Esa manía de discutir sobre la generosidad y las obligaciones transaccionales del Estado con los criminales, asumiendo que el tipo que roba un banco, viola a su vecina o blanquea su dinero después de querer un huevo a sus amigos, es de peor clase social que el terrorista, me resulta incomprensible. Y, sin embargo, se mueve. Todo el mundo parece conforme con que, al final del proceso, habrá que pagarles unas cañas.

Y así, cada vez que los tipos estos parece que van a renunciar a Satanás, nos ponemos los demás, los que no matamos a la gente por pensar distinto, a discutir sobre si ya toca o no, y sobre la responsabilidad de ser positifo o negatifo.

Y además, es imposible aparentar firmeza. Se nos lleva yendo la fuerza por la boca desde hace cuatro décadas. Tanto es así, que el día que los etarras y su club de fans decidan dejarlo, dando signos inequívocos (telojuroquestavezsíquesí) al efecto, se producirá un aplauso espontáneo y agradecido.

En fin, que no importa tanto lo que puedan o no interpretar los de EA, Batasuna, la ETA y demás, sobre lo que dice Eguiguren. Una vez que les has dejado decidir el día en que el Estado se bajará los pantalones (hasta los tobillos, hasta las rodillas, o sólo un poquito, y ya sé que no es lo mismo) lo de menos es si les das alas o si alimentas más o menos sus delirios. Lo triste es que no se equivocan en su fe en el pacto. Esa fe les hará libres.

Antología de música clásica occidental (12)


53: El motete Puisque bele dame m’eime / Flos filius, del Codex Montpellier.



Acaban de escuchar una canción de amor, dedicada a ella, claro, la más bella del mundo, la que inunda de claridad la noche oscura.

Es uno de los miles de motetes que se escribieron a lo largo del siglo XIII. Si hubiera que escoger la forma con más éxito en la historia de la música occidental, el motete sería una de las candidatas. La inflación de motetes fue producto de la feliz coincidencia de aspectos musicales, literarios, ideológicos y sociales. Vayamos por partes.

En las entradas correspondientes al organum de Notre Dame, ya hablé de las cláusulas en estilo de discanto. Leonin y Perotin, y todos los que siguieron su ejemplo, se dedicaron a escribir cientos de ellas, con ritmos medidos siguiendo el sistema de los modos rítmicos, obras que funcionaban como comodín, y que compartían los mismos tenores gregorianos. El chantre sólo tenía que escoger qué cláusula utilizar, de entre las disponibles, a la hora de interpretar un organum.

Esas partes intercambiables, que contrastaban con las otras del organum, pronto fueron enriquecidas con textos en la voz o voces superiores. Se solía escoger un texto latino, que guardase una relación con el texto del tenor. Era inevitable que terminasen cantándose independientemente, fuera de los organa; y las palabras (mots) de esas partes superiores le darán el nombre a la forma. Por esa razón, se llamó motetus a lo que antes era duplum, conservando los nombres tripla y quadruplum para la tercera y cuarta voz, de haberlas.

54 y 55: Los motetes Salve porta regni / Salve Sancta Parens, y Salve virgo regia / Ave gloriosa / Domino, el primero a dos voces y el segundo a tres, del Códice de Las Huelgas. Entre medias pueden oír un organum del mismo Códice.



Verán que los títulos de los motetes están formados por varios nombres. Se debe a una de las características más definitorias de la forma: el uso de diferentes textos en cada voz. Así que para identificarlos se escogía el comienzo de cada texto. Como el tenor deriva de un canto gregoriano, y las cláusulas se construían sobre partes ya melismáticas, el tenor a veces sólo musicaliza una palabra. Y es muy posible que no se cantase, sino que se tocase por instrumentos.

Aunque se escribiesen y publicasen miles de motetes durante el siglo XIII, hay tres colecciones que sobresalen sobre las demás. Son las de los códices de Montpeliier, Bámberg y Las Huelgas, de los que ya he hablado en otras entradas.

Los motetes que nos han llegado, sin embargo, demuestran que existió una práctica musical muy extendida. Pronto se empezaron a cambiar los textos, y a variar alguna o algunas de las voces, recogiendo, seguramente, prácticas improvisatorias. El mismo tenor llevaba dupla distintas; a veces, se añadían voces y, a veces se perdían las voces superiores de las cláusulas e, incluso, se omitía el propio tenor (llevando a la confusión de motetes con conductus politextuales). Digamos que la libertad que se tomaban era casi total, sin respetar las obras de otros autores.

Rápidamente se empezaron a escribir todas las voces superiores de nuevo, lo que permitió ajustar la música a los textos de manera más adecuada. La regla era la existencia de textos diferentes para cada voz; sin embargo, se respetaba la identidad del idioma: si se usaba el latín o el francés, por ejemplo, se usaba en todas las voces; hay, no obstante, algunos ejemplos raros de motetes con textos escritos en diferentes lenguas.

56: El motete Virgo Virginum / Quant Voi Remirant / Hec Dies, a tres voces, del Códice de Bámberg.

En próximas entradas, hablaré con más detalle de su evolución y características. Sin embargo, antes de terminar, y siguiendo con la costumbre de adelantarme, podemos escuchar y ver la partitura y el texto de un motete de finales de siglo XIII, escrito en francés; en la interpretación van sonando primero las voces, por separado (primero el motetus, luego el triplum), y al final suenan tal y como aparece en la partitura. Esto permite apreciar la diferencia entre la voz, sosegada y lánguida, del motetus, y la más rápida y alegre, del triplum. El tenor, extraído del Benedicaums domino, contrasta con el modelo de los anteriores ejemplos. Al finalizar el siglo, muchas obras incluyen un tenor de ritmo más homogéneo. En la obra, las voces siguen siendo relativamente independientes, pero se observa, cada vez más, la búsqueda de una homogeneidad más allá del uso de las consonancias y de las relaciones extramusicales (que hemos de suponer eran más obvias para un oyente de la Edad Media).

57: El motete Pucelete / Je languis / Domino, a tres voces, del Códice de Montpellier.