Antología de música clásica occidental (15)


En la última entrada les endosé, sin explicación, una de las obras capitales de cualquier antología como ésta: la Misa de Machaut. Lo es por muchas razones: por ser una de las primeras musicalizaciones del ordinario nacida de la misma mano; por ser la primera (y la única durante casi un siglo) que fue compuesta como una unidad última (incluso se puede rastrear una especie de motivo o célula temática que se repite a menudo); por su valor en términos absolutos. Hay aficionados a los hitos y a las etiquetas que afirman que es la obra más importante de la historia de la música clásica occidental, porque es la que la diferencia definitivamente de la manera de hacer música en otras partes del mundo. Esto me parece una exageración: hace depender de la mano de un solo hombre una evolución basada en unos materiales que están ya presentes. Más aún cuando, en cierto sentido, es una obra fuera de corriente, un ejemplo de demostración técnica en un ámbito que (por la posición cada vez más encontrada de la Iglesia frente a la música sacra compleja y virtuosa), por vez primera en siglos, va perdiendo su preeminencia. Además, está construida con una mezcla de técnicas nuevas y tradicionales: así, en gran medida, utiliza tenores gregorianos, en forma isorrítmica (ya explicaré más adelante qué significa esto) y el resultado melódico y armónico es, a menudo, “duro” y muy disonante. Sin embargo, por vez primera, se da expresividad a una parte del texto del Credo, sobre “ex Maria virgine”, inventando un procedimiento que se convertirá en lugar común durante siglos. Es una obra de autor, de adscripción difícil: en ese sentido, considerada la obra en su integridad, es un artificio completamente nuevo, en el que Machaut nos demuestra la altura de su arte. Y como prueba de fuerza no tiene continuación, salvo en sus aspectos formales. Recuerda a “experimentos” como la sonata hammerklavier de Beethoven. Los demás reconocen el genio, pero no es el camino que se transita.

Quería resaltar ese carácter único, y por eso empecé por ahí, pero con ello he alterado el orden. Es hora de recuperarlo y de volver atrás.

62: A vous, douce debonnaire, un rondó de Jehannot de l’Escurel.



Para explicar lo sucedido en el siglo XIV, es frecuente que se recuerden los cambios sociales y políticos, la peste negra, la crisis del papado, el desarrollo de las ciudades, la navaja de Occam … Todo eso estaría detrás de la revolución en las artes, del inicio de la recuperación de la tradición clásica, del uso de las lenguas nacionales. Y todo sería un síntoma del auge del individualismo y de la crisis del “estático” mundo medieval. No sé, puede que sí. Y puede que la influencia en la evolución de la música fuera real. Lo que es indudable es que, por vez primera, así se creyó. Por vez primera aparece un “ismo”. Ya saben, se trata de explicar con palabras las razones por las que una forma de arte nueva es superior a otra. Publicidad, en suma.

63: Douce dame jolie, una ballade de Guillaume de Machaut.



Es Philippe de Vitry quien dio con (o, al menos, dio a conocer) el eslogan: ars nova. Así llamó a un tratado que publicó a principios de siglo. Y como todo “ismo” que se precie, hubo un “conservador” que trató de denunciar el error de los “melenudos”: Jacobo de Lieja, publicó su Speculum musicae, defendiendo el ars antiqua, y con ello le dio la puntilla: todos sabemos que no hay peor error. Sólo cuando han pasado mil años, se vuelve cool recuperar el arte antiguo (así pasó en el Renacimiento o ahora con los que componen “neogregoriano”, estilo Pärt).

64: El famoso Lamento di Tristano, un saltarello (un tipo de danza instrumental) y su rotta que funciona a modo de estribillo.



Lo curioso es que la revolución, desde un punto de vista técnico, no es tan profunda. Es más un evolución natural (que se relaciona con la aceptación de las divisiones binarias, una mayor complejidad rítmica y el abandono progresivo del sistema medieval de consonancias): lo que es posible técnicamente se terminará haciendo. Otra cosa es lo que pensaran ellos, que acababan con una tradición que se basaba en el tres como perfección. Sí es cierto que, visto con perspectiva, podemos decir que, en el siglo XIV, fraguaron las reglas básicas sobre notación y ritmo que persistirán hasta el siglo XX, y de eso habrá que hablar. También es natural que el desarrollo global y la crisis de las instituciones favorecieran la realización de música profana. La forma culta predominante seguirá siendo el motete, la menos espontánea, la más intelectual, hasta el punto de esconder, como regla habitual, en el siglo XIV, unas estructuras prácticamente imposibles de oír, pero que debieron de llenar de orgullo a los autores. Se trata de la isorritmia. Con eso seguiremos en la próxima entrada. De momento, les dejo con la danza de la muerte.

65: Ad mortem festinamus, del Llibre Vermell.

Ad mortem festinamus peccare desistamus.
Scribere proposui de contemptu mundano ut degentes seculi non mulcentur in vano.
Iam est hora surgere a sompno mortis pravo.
Vita brevis breviter in brevi finietur mors venit velociter quae neminem veretur.
Omnia mors perimit et nulli miseretur.
Ni conversus fueris et sicut puer factus et vitam mutaveris in meliores actus
intrare non poteris regnum Dei beatus.
Tuba cum sonuerit dies erit extrema et iudex advenerit vocabit sempiterna
electos in patria prescitos ad inferna.
Quam felices fuerint qui cum Christo regnabunt facie ad faciem sic eum adspectabunt
Sanctus Dominus Sabaoth conclamabunt.
Et quam tristes fuerint qui eterne peribunt pene non deficient nec propter has obibunt.
Heu heu miseri numquam inde exibunt.
Cuncti reges seculi et in mundo magnates advertant et clerici omnesque potestates
fiant velut parvuli dimitant vanitates.
Heu fratres karissimi si digne contemplemus passionem Domini amara et si flemus
ut pupillam oculi servabit ne peccemus.
Alma Virgo virginum in celis coronata apud tuum filium sis nobis advocata
Et post hoc exilium occurens mediata.
Vila cadaver eris cur non peccare vereris.
Cur intumescere quearis. Ut quid peccuniam quearis. Quid vestes pomposas geris.
Ut quid honores quearis. Cur non paenitens confiteris. Contra proximum non laeteris.

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7 comentarios en “Antología de música clásica occidental (15)

  1. Doña Sara Carbonero no tiene la licenciatura de Periodismo.

    Don Tsevanrabtan no tiene la licenciatura de Musicología e Historia de la Música.

    Don qtyop no tiene el licenciatura de Informática, Cosas Afines e Cosas Imanes.

    Don Funes sí tiene el licenciatura de Hijo de Puta.

    Doña Obama no tiene la licenciatura de Turista Un millón novecientos mil treinta y cuatro.

    Sobre estas y otras cuestiones pueden divagar amistosamente.

  2. Ayer escuché un chiste sobre Zapatero…
    – Hola, ¿tienen algo de Hemingway?
    – Sí, tenemos “El Viejo y el mar”.
    – Bien, póngame “El mar”.
    … cuando todo el mundo sabe que es un chiste sobre Moratinos.

  3. [2] En es.radio he escuchado un anuncio de esos de autopromoción, en el cual “oyentes” llaman a la emisora para explicar dónde escuchan es.radio. Uno de los oyentes que llama dice ser José Luis, de León (y tiene una voz sospechosamente parecida a) y explica que él hace las cosas como deben ser, “la radio la escuha por la radio y la tele la ve por la tele, habla con la boca y piensa con los piés”

  4. se puede divagar de la prensa veraniega?

    por ejemplo, en elmundo.es:

    Las mujeres comprenden el 20% de los más de 1.000 millones de fumadores en el mundo. Una fuente de dinero para las tabaqueras

    y el 80% restante, fuman y no pagan? el 80% restante, estará comprendido por hijos de funes? o solo por murcianos, gitanos y demás gente de mal vivir? o se trata de que las mujeres comprenden al 20% de los más de mil millones de fumadores y no a los demás? en fin.

  5. Yo no comprendo que nadie fume.
    A vr si paenero podemos tener los lugares públicos
    libres de humos, vándalos y alanos.

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