Montilla

La sociedad global en la que vivimos nos permite oír y escuchar lo que comentan los políticos aunque se hallen a miles de kilómetros de distancia de nuestros hogares. Esperanza Aguirre, Ruiz Gallardón, Pepe Blanco
o Moratinos se colarán en nuestras casas diluidos en inocentes rayos catódicos para así poder decir lo que se les ocurra. Yo padezco el síndrome de Montilla, un andaluz nacionalizado catalán por razones políticas capaz de deshilvanar los nervios a la persona más templada. Con anterioridad al fallo del Tribunal Constitucional sobre el Estatut de Cataluna, han sido incontables las veces que el cordobés ha manifestado que Cataluña es una nación. Un sentimiento que secundan muchos catalanes pero que repetido como un mantra cada doce horas puede resultar nocivo para la salud de un no nacionalista indefenso. Pues bien, desde que el Tribunal Constitucional fallara sobre el Estatut, José Montilla ha recrudecido su soniquete hasta llevarlo a extremos de tic nervioso que suelta a la menor ocasión. Pero cuando ya creía que el President de la Generalitat no podría superar su extraordinaria capacidad para alterarme, llegó la entrevista dominical del 25 de julio en El País, y concretamente, la respuesta del Molt Honorable a la pregunta:

P. ¿Qué es lo que más le ha molestado de la sentencia?
R. Soy catalán y catalanista y soy español y federalista pero, recrearse tanto con lo de la “indisoluble unidad de España”…, pero ¿no saben cómo se hizo la Constitución? ¿Quiénes fueron los inductores de estas expresiones? Recrearse en esto me parece innecesario, casposo, antiguo, no aporta nada. Ofende gratuitamente incluso a los que nos consideramos españoles.

O sea, que él puede ir repitiendo cuantas veces quiera que Cataluña es una nación, pero si una sentencia alude ocho veces a “la indisoluble unidad de España” lo remite al franquismo y le parece casposo. Joder, qué cruz.