Antología de música clásica occidental (16)


A pesar de la importancia que se daban los compositores del Ars Nova, el siglo XIV es fundamentalmente una época de transición hacia nuevas fórmulas armónicas. En la entrada anterior, incluí un motete de Jehannot de l’Escurel, que aparece en una antología publicada en 1303. En él se aprecian armonías más consonantes (en un sentido moderno). Sin embargo, la realidad es que el abandono progresivo de los modos rítmicos de la música del XIII no supuso la aparición o introducción de sistemas armónicos en sentido moderno, salvo en las partes finales y por la progresiva utilización de los procedimientos de la música ficta (la alteración de notas con función de sensible, es decir, en la finalización de secciones y obras). Ya volveré sobre esto.

Tampoco el uso ocasional del hoquetus con funciones descriptivas pudo servir como procedimiento unificador. La música siendo básicamente melódica, y las relaciones entre melodías en la música polifónica no es resultado de progresiones de acordes y modulaciones. La solución unificadora que se adopta es la de la isorritmia.

66: El motete Garrit Gallus / In nova fert / Neuma, de Phillipe de Vitry.



Ya a finales del siglo XIII los compositores empezaron a dividir los tenores de sus motetes en partes de ritmo igual, con más o menos variaciones. Esa técnica desvirtuaba la melodía gregoriana (o el tenor profano), más aún si cabe. Esa base empieza a tener una relación fundamentalmente intelectual, prácticamente inaudible a primera “vista”, con la música tradicional de la que se toman los tenores. Más aún, lo autores juegan con la idea de introducir variaciones cada vez más complejas en los tenores, en períodos de enorme extensión. Así, las notas del tenor se alargan, mientras las voces superiores entonan la auténtica melodía. Esos tenores se ajustarán a una mezcla entre lo que se llama la talea (el esquema rítmico) y el color (el esquema melódico). La mezcla entre uno y otro podrá ser tan variada como se quiera: por ejemplo, podían coincidir y luego repetirse de forma disminuida o aumentada; podían ser múltiplos el uno del otro: por ejemplo un color compuesto de varias taleae antes de repetirse; podían no coincidir en absoluto, de forma que se encabalgasen uno sobre el otro.



Aquí (se trata de la obra 66) vemos un color repetido dos veces. Cada color está formado por tres taleae. En la parte interna, la que consta entre corchetes, las notas aparecían coloreadas porque su ritmo es diferente, binario, y además, hay una simetría añadida, en esa parte, alrededor del silencio central.

Es, como puede verse, muy difícil escuchar esa estructura interna. Naturalmente, las partes cantábiles “llevaban” su propia estructura, relacionada entre sí (incluso isorrítmicamente), a veces muy contrastante con el tenor. Digamos que las partes rápidas son las que dan la estructura que el oyente percibe, mientras que el movimiento del tenor, la forma y variaciones de este movimiento, y su relación con las restantes partes son un “producto” intelectual, un juego para entendidos, una especie de arcano que hunde sus raíces en la tradición.

67: El motete Vos quid admiramini / Gratissima / Gaude Gloriosa, de Phillipe de Vitry.



En esta hermosa obra, la técnica isorrítmica se aplica también al triplum, en su parte final.

Variantes del motete isorrítmico se compondrán por toda Europa durante siglo y medio. Era una forma de prestigio, y, en ellos, los compositores intentan demostrar su maestría. Y como técnica, se aplicará a todo tipo de obras.

68: El maravilloso motete Nuper rosarum flores / Terribilis est locus iste, de Guillaume Dufay, escrito para la consagración de la Basílica de Santa María del Fiore en 1436.


Y, naturalmente, en la composición de motetes isorrítmicos, destaca Guillaume de Machaut, autor de 23 motetes, basados, casi todos, en tenores de canto llano, que se tocan instrumentalmente, y que llevan, en las restantes voces, textos diferentes (recuerden que una de las características del motete es la politextualidad).

69: El motete De bon espoir / Puisque la douce / Speravi, de Guillaume de Machaut.


6 comentarios en “Antología de música clásica occidental (16)

  1. Una pregunta, ¿El motete isorríitmico en clave de politextualidad explica el fenómeno cantus aestatis, vulgo canción del verano?

  2. [1]

    Buena pregunta. Esa tradición politextual, que se perdió (¡¡quedó subterránea!!) en los oscuros siglos que van del XV al XX, en la que la música occidental es un erial acórdico y consonante, comenzó a recuperarse por el genio visionario de Ives que en Putnam’s Camp …

    … evoca la experiencia infantil de escuchar varias bandas tocando, a la vez, música patriótica.

    El siguiente paso de esta extraordinaria evolución se produce cada verano en las calles y plazas de los pueblos de España.

    Prueben a poner, a la vez, esto …

    … y esto:

  3. parte 2 de la falsedad de la inexistencia (o era al revés?)

    «No se puede ser simplista y decir que es una Ley contra los hombres. No es así; sólo actúa contra quienes se aprovechan de las circunstancias que la cultura sitúa a su alcance para ejercer la violencia, algo que no pueden hacer las mujeres. Pero ello no significa que ellas no sean sancionadas cuando agreden: lo son de manera proporcional al significado de la violencia que ejercen, y no sólo al resultado de la agresión.»

  4. [5]

    Recuerdo que Tse dijo un día que estaba en contra de los agravantes por racismo, etc… (que, por lo que sé, se aplican). Me pregunto si los agravantes en general al final no hacen sino sancionar “de manera proporcional al significado”.

    [2]

    Concuerdo!

    (Alguien tenía que decirlo).

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