Universitatis

Leo la correspondencia de Desierto (3,5/10) y el brindis al Sol de Xavi Sala.

Creo que algo falla por aquí. Desde hace algunos años cualquier ciudadano europeo puede ser funcionario público en España. Salvedad hecha de policía y alguna otra especialidad sensible.

Actualmente se preve la superación de una prueba de castellano para los funcionarios públicos extranjeros. No sé los requisitos pero, supongo, que incluirá básicamente a los que no hayan curriculado las enseñanzas obligatorias en España. Es decir, desconozco si un ciudadano español por el hecho de serlo no tiene que pasar dicho examen aunque se haya naturalizado sólo hace dos días porque corre los 800m en 1 41 01 y ad maiorem gloriam exitus deportivus gobiernis. Y al revés, no sé si tiene algo que demostrar un ciudadano extranjero que haya pasado desde la EGB al COU.

Desconzco también si el tratamiento de las lenguas es disyuntivo o copulativo. Catalán y español. O, catalán o español. Pero estas disposiciones legales, estos exámenes, son ya norma en España. Sospecho que la disposición de la Generalidad incide en la copulativa. Para mí es una torpeza, en todos los ámbitos, y no seré yo quien la defienda. Pero también conviene contextualizarla en el mundo de locos que vivimos.

Xavier Sala brinda al Sol mucho peor que Edmund Halley: sabe que nunca le van a examinar de catalán. Y brinda con mal cava: a Xavier Sala nunca le han hecho un examen de inglés en Estados Unidos pero, barrunto, tampoco nunca le habrán pedido una titulación oficial. Habrá bastado con enviarles un currículo (en inglés, en buen inglés) donde explica su obra y milagros para que le contrataran. Habrá bastado su palabra. ¡Su palabra!

¿La diferencia? Xavier Sala no es funcionario público en EUA. Mejor dicho, las universidades americanas se juegan su prestigio cuando contratan a un profesor. Y el profesor, también. Estaría despedido en un minuto si fuera incapaz de comunicarse con sus alumnos o mostrara una elemental falta de conocimiensto. Las universidades españolas también se juegan su prestigio. Solo que ya les queda o poco o, mejor dicho, se lo juegan con pólvora de rey. Contratan vitaliciamente. Y el Estado establece algunas limitaciones para ello. Por ejemplo, titulación [nadie se convierte en funcionario sin llevar el graduado escolar, el bachiller o la titulación universitaria que exijan] y, ahora también, idiomas.

Pero estoy de acuerdo en algo con Polaco. Deberíamos retomar el latín.

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