Francisco Vighi y algunas tonterías


Hoy, por un asunto profesional, me han terminado preguntando por el nombre de una calle: Francisco Vighi. Como no sabía, he buscado, y he hallado que era un poeta. A lo tonto he leído alguno de sus poemas.

¡Oh Nueva York, con tu ruido y tu humo negro!
¡Te falta todo! No hay en tus mañanas
humo de hogar, ni ruido de campanas.
No cambiaré mi andante por tu allegro.
Prefiero ir con mi Julia y con mi abulia
-del brazo de las dos- a la tertulia.

Me han gustado mucho, y además, algún verso venía al pelo del asunto de la entrada de ayer. Les dejo con este soneto y esta biografía:

Vuelvo a ti, soledad, arrepentido.
Firme en la contrición de mi pecado.
En ti, dentro de ti, más que a tu lado,
quiero hallar el consuelo en el olvido.

Ya no seré quien soy, ni quien he sido,
por tus tinieblas desiluminado.
La duda ya resuelta: ¿Puente o vado?
Tú serás campo y cielo, rama y nido.

Refugio y paz: te buscan las inquietas
almas -orates, místicos, poetas-.
Quien dijo «cárcel negra, estepa helada,

pozo de agua salobre, peña dura»,
no supo verte, compañía pura.
Milagro del silencio y de la nada.




Pongamos la carne en el fuego.





Nos cuenta El País que un bulo ha terminado en un blog del Finacial Times; la historia es muy graciosa. El autor ha enviado el “informe” con una cuenta de gmail inventada en el que denunciaba que el PIB de España había caído un 10 % más de lo que había reconocido el Gobierno. Les juro que no he sido yo.

Menos mal que nadie ha hecho caso.





Extraña manera de ejecutar un golpe de Estado la que tiene la oposición ecuatoriana. A lo mejor todo es producto de los gases.



Hoy, Sostres dio con la receta para salir de la crisis: trabajar. Podía aplicarse el cuento y currarse un poquito la entrada. O, mejor, no.





Eppur …

Milagro en el filo (III)


Nuevamente y, a continuación de la entrada, dejaré constancia de los comentarios de cierto interlocutor que prefiere mantener su anonimato.

1.

Sigue desde …

Para seguir adelante, el torpe estudiante (es decir, yo) debe ordenar sus ideas, que es la manera fina de decir que debe poner por escrito algunos conceptos, a ver si me voy enterando.

Además, si acierto (“a nivel básico”: ¿está claro?), podremos evitar discusiones futuras que sólo sirven para enrarecer el ambiente y demostrar que el alumno no ha asimilado los fundamentos de la asignatura.

El primero de esos conceptos es el de calor. La relación de la vida con el calor y de la muerte con el frío son notorias. La muerte se ve, desde la antigüedad, como una pérdida del calor interno, de la llama que algunos fueron localizando en diferentes órganos. No es extraño que se haya considerado, al Sol, dios máximo en tantas religiones hoy desaparecidas. Cuando los primeros “medidores”, Fahrenheit y Celsius, establecieron sus reglas no cayeron en la cuenta de que dos sustancias diferentes no modificaban su temperatura en el mismo grado a pesar de “absorber” la misma cantidad de calor. Esa consecuencia, que implicaba un problema a la hora de utilizar diferentes materiales como termómetro, fue explicada por Joseph Black mezclando la idea de que el calor era un fluido con la de que sólo provocaba un aumento de temperatura cuando saturaba la capacidad del material al que se le aplicaba. Y ese fluido se almacenaba y podía extraerse. A ese fluido se le dio el nombre de calórico e incluso fue medido: a la medida se le llamó caloría.

Esa teoría, sin embargo, no explicaba por qué dos materiales que se calentaban por rozamiento seguían pesando lo mismo, a pesar de haber perdido “calórico”. A lo largo del siglo XIX se fue confirmando que el calor no era un fluido, sino movimiento. Nosotros sentimos que un cuerpo está caliente porque se suman los movimientos atómicos y moleculares de las partículas que los forman, y los cuerpos aumentan o disminuyen de temperatura según aumenta o disminuye la velocidad media de sus partículas. En gran medida, esa conclusión fue resultado del análisis del comportamiento de los gases: en el comportamiento de los gases es imposible medir partícula a partícula. El globo lleno de aire parece tener una forma constante, aunque es resultado del golpeo en las paredes del plástico de los innumerables átomos y moléculas del gas. Cuando se relacionó el volumen de un gas con su presión y su temperatura (si usted disminuye el volumen, la presión y la temperatura del gas aumentarán), y se descubrió que todos los gases se expandían en una misma proporción cuando se aumentaba la temperatura en una misma escala, la idea de que el calor era resultado del movimiento y de que al cesar el movimiento no habría calor, se impuso. Cuando se calculó la disminución de la presión al disminuir la temperatura, en un recipiente que se mantenía igual, y se vio que era de 1/273 por cada grado Celsius, se pudo fijar el mínimo, el cero absoluto: aquél en el que las partículas del gas ya no se mueven. Ya veremos en la próxima entrada que una de las leyes de la termodinámica impide llegar ahí.

Pero, si se transfería el calor y el calor es una medida del movimiento, la pregunta sobre qué se transfiere permanece. La respuesta requiere la presentación del segundo concepto: energía. Nuestros amigos los físicos, tremendamente prácticos como son, nos explican descriptivamente qué es energía: la capacidad para realizar un trabajo. Y nos aseguran que hay diferentes tipos de energía: cinética, potencial gravitatoria, magnética, eléctrica, química y de los enlaces nucleares.

Alguien me dijo, en cierta ocasión, cuando preguntaba por la transformación de la energía y su conservación (eso de que no se crea ni se destruye, sólo se transforma), que una cosa es energía y otra calor. Esto tiene que ver con ese proceso que denominamos trabajo. Cuando se transfiere energía de un cuerpo a otro de forma coherente, a ese proceso le denominamos trabajo. Cuando parte de la energía simplemente aumenta, de forma caótica, el movimiento de los átomos y moléculas del cuerpo que lo recibe, ese segundo proceso es el calor, o flujo calórico. El flujo calórico se dirige a todas partes, en todas direcciones, de forma que el movimiento global se va igualando. Es una forma de reparto de la energía que se caracteriza porque esa energía termina por no ser utilizable para realizar ningún trabajo. Es energía de “mala calidad”. Una de las “versiones” del segundo principio de la termodinámica, la de Clausius, dice: no es posible ningún proceso cuyo único resultado sea la transferencia de energía de un cuerpo más frío a otro más caliente. La conversión de energía en calor señala un camino irreversible.

Esto nos permite introducir nuestro tercer concepto: exergía. La exergía mide la “calidad” de la energía, pero es una medida que se produce entre un sistema y su entorno. Nos dice, teóricamente, qué cantidad de trabajo se puede realizar en el sistema por la existencia de energía utilizable en el entorno. Mide, en consecuencia, también, cómo de alejados están del equilibrio, el sistema y el entorno. Esto es así, porque la existencia de un gradiente, de una diferencia, entre el sistema y su entorno, es lo que permite que se produzca esa transferencia de energía en forma de trabajo.

Finalmente, podemos entrar en el cuarto concepto: el de equilibrio. La termodinámica clásica partía de una idealización que le permitía trabajar (¡ajá!). Los sistemas estudiados están aislados, encerrados entre paredes rígidas, y no deben permitir que el calor se escape. Por desgracia, esa idealización, como su nombre indica, no se da en la naturaleza. Así que, para trabajar, se llega a compromisos. En cualquier caso, el resultado ideal final de todo sistema cerrado es el de equilibrio; partículas que terminan repartiéndose uniformemente. Sin embargo, en algunos, la presencia de un gradiente, de una fuente de energía del entorno, impide que el sistema llegue a ese estado de equilibrio. En estos caso, los físicos distinguen entre sistemas cercanos y alejados del equilibrio. La distinción tiene que ver con la predecibilidad de los cambios que se producen en el sistema dependiendo de los cambios que se producen en su fuente de alimentación energética. Algunos de esos sistemas alejados del equilibrio, sin embargo, terminan organizados de manera que resultan estables: usted, lector, es uno de esos sistemas.

2.

Muchas gracias por haberme dejado revisar su valioso manuscrito y por permitirme hacer algunas anotaciones.

Realmente es curiosa la mezcla entre temperatura y calor que se observa en su primer párrafo expositivo. Lo único que se puede decir de estas cosas es que se trata de un caso, extraño, en el que una sensación acaba midiéndose. No habrá conocido un medidor de alegría o de dolor; pero, al fin, sí tuvimos termoscopios, termómetros y calorímetros. Es un trabajo interesante entender por qué podemos construir termómetros y no, aún, dolorómetros.

Cierto es que al principio fue el calórico. Es quizá uno de los casos más idiotas de teoría existosa pero idiota. El sistema ptolemaico aún hoy se respeta como un error natural: a fin de cuentas todos vemos cómo nace y muere el Sol. ¿Pero el calórico? Cómo pudo sobrevivir dos meses si el mero hecho de frotarse las manos ya sirve para cuestionarla. Bueno sí, hay un motivo: explica muy bien cómo se enfría una taza de té bien caliente. Y en general explica todos los fenónemos en los que el calor se conserva. Lo que ocurre cuando no hay trabajo.

Esto me lleva a la energía. La energía es lo que permanece. Vuelto en pasiva, observamos que algo permanece y eso es importante y lo prestigiamos dándole nombre. Sobre la energía, el calor y el trabajo sólo daré un ejemplo canónico. Imagine un embalse que se llena por el aporte pluvial y el aporte fluvial de aguas arriba. Y se vacía por evaporación o por la apertura de compuertas aguas abajo. Llover o evaporar es todo uno. Entrar o salir por el curso del río también. La energía es el agua del embalse; calor y trabajo son formas diferentes de llenar o vaciar el embalse: uno por lluvia/evaporación otro por entrada/salida. Lo significativo, sin embargo, es que el agua que reside en el embalse, agua es. Es decir, no puede etiquetarse o distinguirse si llegó del cielo o del cauce.

No obstante, a la hora de hablar de trabajo, calor o energía conviene adoptar la sabia decisión de empezar la casa por el suelo. Y dejar el tejado para después. El suelo es el formalismo mecánico, que permite conocer el trabajo y la energía. El techo es observar que no todo lo que reluce es mecánica. Y ahí topamos con el frío.

Mire, un mecánico (y no me refiero a los del mono azul) habrá aprendido del trabajo, de la energía y de su conservación. Pero no sabrá nada de calor ni de temperatura. Un mecánico observa una grabación de, digamos, un péndulo, ideal por supuesto, batiendo, y no sabrá si la grabación va marcha adelante o marcha atrás.

Un mecánico necesita algo más para comprender por qué sí sabemos distinguir entre un vídeo marcha adelante y uno marcha atrás. Y la respuesta, que es sorprendemente fácil y diríase hoy evidente, debe de ser una respuesta ontológicamente direccional: que marque y deje claro una preferencia, y rompa una equivalencia. Otro día se la cuento: que, además, tiene que ver con la muerte, destrucción y transfiguración del calórico.

Lo importante es que de esa respuesta se deduzcan consecuencias. Y se hace; vaya que si se hace. Por ejemplo, oh lá lá, la temperatura o el equilibrio (el cuarto concepto, qué bien dejarlo para el final). Es mejor reconocer dónde se soportan estos dos conceptos, antes que admitirlos como verdades evidentes; pues es trabajo de la ciencia explicar las verdades que tomamos como evidentes. Esta, más o menos, es una erudita cita de un tal Proclo (donde ciencia es geometría y verdad evidente es la desigualdad triangular, tan euclediana y discutida), pero no me extenderé en la filosofía tardoneoplatónica porque, realmente, no me apetece.

De la exergía no hablaré. Se necesita mucho valor para hablar ahora de ella. Yo comprendo que quiera. Pero se necesita valor. Es como empezar por el techo. Se corre el riesgo de precipitarse.

Y permítame ahora un apunte sobre el sistema aislado. Hay un error conceptual en esa parte. Diríase que la hubiera escrito un ingeniero. Es legendaria la capacidad del hombre para estudiar las cosas más extrañas: desde el melón esférico al planeta puntual. Pero… no, no es eso. Que no existan los sistemas aislados no quiere decir que no se puedan inferir sus propiedades. Se infieren, se estudian y, si quiere, se hipotizan. Lo bueno es que conocidas las propiedades del sistema aislado se pueden conocer las propiedades de un sistema que no esté aislado. ¿Cómo? Usando el viejo truco de las matrioskas rusas. Rodeándolo de su entorno tal que el sistema y el entorno constituyan un sistema aislado. ¿Que no? Pues se rodea el entorno del entorno y santas pascuas. ¿Hay trampa? Exactamente la misma que permite decir que la energía se conserva: la energía sólo se conserva si las contamos todos. Si no se conserva es que se nos ha ‘olvidado’ contar una. Una matrioska.

Y, para finalizar, hablemos de los gradientes. Los jodidos gradientes. En eso, como de la exergía, se corre el riesgo de despeñar pronto. Gradiente es diferencia; gradiente es desequilibrio; gradiente es la perdición. Hay gradiente cuando dejamos enfriar la taza de té caliente. Otro día le explicaría qué significa eso. Pero el gradiente muere porque el equilibrio triunfa siempre. Sí, es otra de las consecuencias poderosas de esa idea que no he querido terminar de explicarle. Pero no, los sistemas alejados del equilibrio nunca son estables. Se refiere usted a estacionarios. Ambos (equilibrio y estacionario) dan idea de permanencia en el tiempo. Y así es. Pero con una diferencia: el equilibrio es un estado muerto, que perdura eternamente. El estacionario es un estado vivo que sólo permanece mientras haya algo que lo alimente. ¿Que alimente qué? Que alimente el gradiente. No voy a decirle que usted pueda ser un ejemplo de estacionario, tal vez. Me voy a referir a su coche funcionando estacionariamente, y con todos sus gradientes, a la velocidad constante de cien kilómetros a la hora. Mientras tenga combustible.

Para una comprensión de la lógica del poder (reflexiones de un día de lucha)


A través de este blog, he tenido conocimiento de una profundísima reflexión realizada por la licenciada en Ciencias Políticas y doctoranda Dª Laura Sánchez. Se llama Apuntes para una desublimación del deseo en el Discurso Capitalista: de lo semiótico a lo socio-político.

He pensado que, en un día como hoy, puede resultar singularmente pertinente realizar un ficticio y fructífero diálogo con la autora de dicho artículo, para discrepar o conformar. Quizás así podamos poner en perspectiva (¡en una perspectiva de siglos!) lo que nos sucede como sociedad.

Nos dice Laura que …

El presente artículo tiene por objeto desentrañar los efectos que la maquinaria axiomática del capitalismo en su estado actual arroja sobre el deseo y el lazo social.

Bien, el planteamiento no puede ser más valiente. Además, esa sutil ambigüedad sobre qué es lo que arroja, si los efectos o la maquinaria axiomática, demuestra que la autora sabe de qué habla.

Reconociendo ya con Platón y Aristóteles la imbricación del deseo y del campo social-político, se mostrará cómo el vaciamiento de lo político (y de su componente ética) y su consiguiente llenado tecnológico-publicitario, ha impulsado una re-tematización del deseo (y de las formas de placer) así como del vínculo social a partir de la falta de objeto (y el carácter metonímico de este último) que determina ontológicamente a ambos.

Admito que la frase es algo larga, pero no quería cortarla para analizarla, ya que debe entenderse como un todo dialéctico. La elipsis de aquello que se imbrica con el deseo y el campo social-político es brillantísima (como la erudita referencia a los padres de la filosofía), y no les digo nada del juego meramente indicado del uso de “ética” frente al previsible “ético” del componente político, porque ya sabemos que la ética es básicamente su componente político y cuando se vacía se llena de tecnología y publicidad. La parte restante es tan profunda que equivale a asomarse a un abismo: lo que la autora descubre es cómo la determinación ontológica de la retematización del deseo y el placer, por un lado, y del vínculo social, por otro, deriva de su falta de objeto. Y, para mayor claridad, se extiende a continuación en esta idea, cuando afirma que …

Esto conducirá a la toma en consideración del “rasgo vincular” propio del hombre y a su dependencia original de un “otro” que le “haga ser” diciéndolo, lo cual hace del lenguaje (vector de sentido) y del deseo ( vector de satisfacción), así como del texto inconsciente que los atraviesa, los ejes estructurales de toda subjetividad.

Recapitulemos. La falta del metonímico objeto de la nueva tematización del deseo y del vínculo social produce su determinación ontológica, de la que resultan los ejes estructurales de toda subjetividad: es decir, ese ente que resulta de la suma del vectorial lenguaje, del vectorial deseo y del texto inconsciente que los atraviesa, axialmente, imagino, y que se despliega mediante la presencia del Otro que le hace al uno ser gracias a la verbalización de su dependencia original. De esa luminosa penetración en el rasgo vincular propio del hombre resulta una conclusión brutal y lúcida.

A partir de aquí, se apuntará cómo ese Otro ocupado por el Capital modifica, de acuerdo con su axiomática-conjugadora, la dialéctica ley-deseo subyacente a toda subjetividad (individual o colectiva), mediante la actualización de un lenguaje orwelliano que impone un goce monosémico y libera toda contradicción inherente al sistema mediante la oferta reiterada de objetos de satisfacción que “calman” provisionalmente las afecciones/infecciones del deseo. Así, y como punto de articulación de nuestro planteamiento, se remarcará cómo la vigencia del mecanismo de desublimación represiva señalado por Marcuse, las determinaciones maquínico-semióticas de las formaciones de poder desveladas por Deleuze-Guattari y la inexistencia de una disposición colectiva de enunciación (ante la potencialidad de fisión del significante) esbozada por Lacan, resultan esenciales en la comprensión de la subjetividad epocal así como en la consideración, resaltada por los tres autores, de una sóla y única economía que implica y conjuga su flujo/vertiente libidinal con su flujo/vertiente político.

Desolador.

Naturalmente, lo anterior es un resumen, un esbozo. Si quieren consultar la elaborada argumentación de la autora, no duden en leer el “apunte” completo. Eso sí, es preciso tener un estómago a prueba de verdades como puños.

Según hemos podido saber


Me manda Brazil esta noticia. Supongo que lo hace para echarme en cara mi escepticismo acerca de la utilidad de la ONU.

Touché! La indudable importancia de la misión y el acierto de Kofi Annan a la hora de escoger nuestra lideresa me llevan a reconsiderar mi anterior escepticismo. Las primeras misiones no le han ido muy bien. Miren a la Embajadora Plenipotenciaria de todas las potencias intentando trincar al ET:



Y miren lo que terminó haciendo el ET con ella:


Lo único que me molesta es la presencia ominosa del leguleyo (“especialista en derecho espacial”, puaj) que ya está tocando las pelotas y diciéndonos cómo hay que tratar a los extraterrestres.



Aunque también podrían haber considerado otras opciones. Por ejemplo, mandar de embajadores a estos dos:





Los sindicatos han preparado un brutal combate de pressing catch. De un lado, con no sé cuántas victorias a su favor en la calle (incluso en la C/ Domenico Scarlatti), el salvaje, el indomable, el “convencedor” ¡¡DERECHO DE HUELGA!!

Del otro, el lacayo de los empresarios, el ruin y traicionero ¡¡DERECHO AL TRABAJO!!

El gran DERECHO DE HUELGA es el favorito: nos lo dicen sus títulos. El más famoso, estar incluido entre los Derechos Fundamentales y las Libertades Públicas. Sí, es todo un derecho fundamental.

El otro no pasa de simple Derecho o Deber de los Ciudadanos, en la triste sección 2ª.

No sabemos qué pasará en el combate previsto para hoy. Eso sí, se rumorea que los viles empresarios han contratado a tres sicarios. Nos han dado sus nombres:

DERECHO A LA INTEGRIDAD FÍSICA Y MORAL (el del 15)

DERECHO A LA LIBERTAD Y LA SEGURIDAD (el del 17)

DERECHO A LA LIBRE CIRCULACIÓN (el del 19)

Hay quien sostiene, incluso, que DERECHO DE HUELGA tiene doble personalidad y podría aporrearse a sí mismo si cae en la cuenta de que no se llama OBLIGACIÓN DE HUELGA.

Menos mal que el Gobierno hará lo posible para que el combate sea justo.



Me he enterado de que el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao, ha mostrado en la Casa de Juntas de Gernika una carta de extorsión de ETA de hace 15 días. Tengo entendido que no son muy sutiles; vamos que al final te dicen que si no pagas van a por ti.

Con lo fácil que es decir que sólo intentan velar por tu integridad física.





Me gusta mucho esta escena. Me recuerda lo beneficiosa que es la superstición.


Anda y que te den por donde amargan los pepinos, pero escrito en francés


Les traigo la entrada de este blog por dos razones:

En primer lugar, porque es curioso comprobar cómo en Suiza (¡en Suiza!) parece reproducirse esa división Norte-Sur entre trabajadoras-vagos. También aquí se menciona el PER (por cierto no se habla de la minería asturiana) y los catalanes se quejan de que con sus impuestos se les paga los ordenadores a los niños extremeños. En realidad, en Suiza, la cosa es Noreste-Sudoeste, aunque la explicación se da rápidamente: en un lado germánicos currantes, en el otro, vagos franceses e italianos. Uno de los comentarios menciona el caso belga, y se repite la versión PIGS de la vida.

La segunda razón es un poco más frívola. Un comentarista dice que no le gusta el artículo, que está lleno de prejuicios y es maniqueo. La autora del blog le responde

Et vous avez raison puisqu’il ne s’agit pas là d’un article mais d’un post, écrit sur un blog. Pour lire un article, achetez le journal. Cordialement,

Tiene usted razón, ya que no se trata de un artículo sino de un post escrito en un blog. Para leer un artículo, cómprese un periódico. Cordialmente,

¡Qué jodía! La gracia que me ha hecho.

Un simio, un voto

Hace dos días discutieron Mercutio, Gengis y Gatopardo sobre la fundamentación del buen trato a los animales. Defino así, y sin más extensión, el objeto de la discusión porque pueden ustedes leerlo y hacerse una idea mucho más cabal y porque luego el robot me acusa de verborrea. No tuve tiempo de intervenir en la discusión, y el asunto sustantivo no me atrae mucho. Sin embargo, la discusión sobre el contrato social, el derecho subjetivo, las obligaciones y los derechos pasivos (así los llamó Gatopardo), sí me interesa y éste es un buen campo para hablar de ellos. Seguro que hay ya muchos estudios y ensayos sobre el asunto de los “derechos” de los animales. No he leído gran cosa, así que abordaré el tema aplicando mi “sentido común”, ya que no puedo discutir sobre argumentos que no conozco.Yo creo que la especie humana es especial. Tengo una explicación simple para ese hecho: soy un ser humano. También tengo algunas explicaciones complejas, pero creo que no son tan buenas. Me explicaré: los seres humanos nos caracterizamos por nuestro dominio. Es cierto que ha habido civilizaciones o culturas que excluían a algunos seres humanos del propio concepto. Pero yo creo que eso era un abuso reconocible hasta para el que abusaba. En cualquier caso, la cuestión siempre se reducía a quién tenía el poder para definir y hasta qué punto su definición exigía más o menos fuerza para su aplicación. Cuanto menos común es una explicación y las reglas que derivan de la misma, mayor es la fuerza que hay que aplicar. Las buenas ideas en derecho dependen del número de personas que las compartan. En cierta forma, la democracia es una formalización de esto. Puede que a esto se le llame empatía. Yo creo que es algo más complejo.

Cuando se define qué es un derecho subjetivo de lo que se está hablando es de sus límites y de algo más. Se habla de sus límites porque un ser humano sin derecho puede hacer cualquier cosa, lo que quiera. No tiene más límites que los físicos y la resistencia de los otros, ya que somos animales gregarios. Siempre digo, ya lo saben, que la justificación fundamental del derecho es la paz social que permite el cálculo económico y vital. Es mejor saber hasta dónde puedes llegar que arriesgarte a que el de al lado decida aplastarte la cabeza. No les digo nada si tienes que invertir. Si el derecho subjetivo es ese círculo en el que se puede desarrollar la autonomía de la voluntad, está claro que su definición es básicamente la definición de sus límites. Cabría, pues, como dice Mercutio, definirlo por referencia a las obligaciones y prohibiciones de unos y de otros. Creo que el derecho nace precisamente del derecho penal que no es sino la forma de calcular por anticipado las consecuencias de la violencia. Sin embargo, ese ámbito es algo más. La capacidad de los seres humanos a la hora de inventar produce una consecuencia extraordinaria: al fijar de forma segura ese ámbito de autodeterminación se permite la creación “ex novo” de instituciones, de artefactos y de redes que no se podían ni siquiera atisbar. El contrato social es una pobre metáfora para esto, tan exclusivamente humano que no hay creación de cualquier otra especie que se le asemeje ni metafóricamente.

El derecho es una manifestación del poder. El poder no es sólo su fuente última; también es su cimiento. Naturalmente, la mejor forma de obligar a alguien a hacer algo es convencerle de que es bueno para él o para todos. No pretendo decir que existe una especie de conspiración o de sinarquía. Es algo más simple: el que está en el poder busca justificaciones. Cuando son flojas su poder se termina tambaleando. Las mejores justificaciones son las generales. Por desgracia para los que mandan, una vez abierto el camino de la generalización es difícil no ir más allá. Sin embargo, ese camino tiene un límite natural en el propio conjunto de los que quieren tener derechos más o menos iguales. Si el hombre blanco dice todos somos iguales, ha abierto el camino que lleva a la mujer negra. Al final es una cuestión de racionalización y de generalización. Decía Gatopardo que no es lo mismo el río que el simio. Yo creo que el salto del ser humano al simio tampoco está justificado en estos términos a los que me refiero. Básicamente porque somos los seres humanos los que hemos abierto esta discusión. En ningún debate veo a un orangután o a un chimpancé reclamando libertad, fraternidad e igualdad.

Naturalmente que cabe la posibilidad de restringir más el ámbito de los derechos subjetivos de los seres humanos, pero esa restricción obedecerá a una razón humana: a la idea de que la mayoría de los seres humanos creen que es malo (por la razón que sea) maltratar a un simio. Tampoco tiene derechos un recién nacido, no nos engañemos. Que eso es una ficción lo demuestra que necesita a otros no para manifestar su voluntad, sino para tenerla. El padre decide lo mejor para el recién nacido, sabiendo que la comunidad le impide sobrepasar ciertos límites (no puede maltratarlo); el recién nacido es un objeto de protección al que por su potencialidad se le atribuye algo que no tiene, pero que irá adquiriendo sin solución de continuidad, y por esa misma razón se fija artificiosamente la edad a la que se podrá testificar, o casarse o testar. Se fijan hitos porque todos los que tienen poder han sido previamente niños y se protege a los incapaces porque todos podemos perder nuestra capacidad.

Eso que denominamos derecho pasivo es un sinsentido, en esos términos. Los seres humanos pueden decidir restringir el ámbito de su libertad, utilizando procedimientos coercitivos. Y podemos vestir esos ámbitos usando ficciones. Sin embargo, a la postre, la analogía es inconsistente: el simio no ha demostrado poder hacer otra cosa que serlo. Cuando al ser humano se le permite crear, termina inventando el banco de San Giorgio.

Yo creo que esta evolución es la inversión de los excedentes de riqueza. Se trata de lujo. No creo que sea un resultado de la humanización salvo en ese sentido. Una prueba sería el de la reversibilidad de la medida: imaginemos que en un país se quisiera que los negros dejasen de ser ciudadanos. Seguro que protestarían. Ahora imaginen la misma situación referida a los grandes simios.

Los periodistas de El País leen este blog y este blog lee a los columnistas de El País

Nos leen

Decíamos y, hoy, dicen: si España no quiere saber nada de mí, yo no quiero saber nada de España.

Les leemos, con retraso

El articulo de EC sobre la HG: Suicidios. Que como todo el mundo sabe no es matar un sueco. Me ha llamado la atención dos cosas. Primero una frase, su paréntesis y su palabra clave: « Una violencia contra terceros que ya no puede seguir admitiéndose (solo está justificada en caso de necesidad, y la HG no lo es), pues atenta contra los derechos ajenos.» Lo de la violencia lo refiere por los piquetes. Enmárquese el paréntesis con paréntesis y destáquese esa necesidad.

Segundo. Esa palabra: los «Mercados». No hace mucho el totem era el ladrillo. Solo que el ladrillo fue siempre minúsculo y, la mayor de las veces, cursivo. Mayestático mercado. Teniendo en cuenta que la metáfora mercantilista no se sostiene: cuando uno se refiere a «mercado» como algo exógeno se adopta el papel de cliente. El que busca, compara y si encuentra algo mejor compra. Frente al tendero. En el caso que nos ocupa el uno es el tendero; es decir, el Tendero. Y lo que imposibilita es la Mercancía. Y se señala al Cliente quien, ya se sabe, siempre tiene razón.

Lengua

Hoy es, diu, the international Tag de las lenguas. Les cuento mis últimas anécdotas sin importancia sobre las versiones.

Seguía la serie esa sobre el NCIS (Navy la llaman aquí) y hay allí un tipo llamado DiNozzo. Al principio, cuando pillaba algún capítulo de la serie y entonces lo hacía en castellano, siempre entendía Tiñoso. Me parecía un nombre extraño ma non troppo. Quizá por aquello del Il etait une fois. Ahora la pillo en inglés y Mark Harmonn pronuncia un líquido y sonoro DiNozzo.

En la misma serie pillé un episodio entitulado Chimera. Es decir, Quimera. En el episodio se dialogaba eventualmente sobre la película The Gold Rush. Que en la versión española se titula, curiosmente, La Quimera del Oro. Es decir, en la versión española dirán el título: Quimera. Luego los protagonistas dialogaran sobre la quimera del oro. Sin que tenga nada que ver. El clavo de la página dos no clava el ataúd de la penúltima. Just found in translation.

Finalmente hoy hacía zapping y me encontré con Gilda. No con cualquier Gilda. Me encontré con la famosa escena de su primera aparición en la película. Allá cuando le «presentan» a Johnny. Ya saben esa famosa escena que sólo es menos famosa que el striptease bracial y que el guantazo universal. Esa escena que habrán visto miles de veces porque es aquella en la que Gilda aparece en el plano después de que su marido le pregunte si está visible y lo hace levantándose y echando su cabeza y pelo voluptuosamente hacia atras. Dejémosnos de rollos: es esta que sale aquí.

Habrán oído de fondo el put the blame on mame. El sonido sale aparentemente de una vieja radio que hay en la habitación. Pero eso es sólo en la versión inglesa. En la versión española sale una intrascendente música de pianito. Intranscendente sólo quiere decir que no la he identificado. Supongo que el blame iba embedded con el sonido original and got lost in translation.

Los magistrados del Supremo leen este blog


Intitula El País:

Un magistrado del Supremo discrepa de dos resoluciones contra Garzón

Ajá. Ya tenemos la brecha, la quinta columna. Por desgracia no nos dicen en qué discrepa. ¿Quizás le da la razón a Garzón y a todos los que se indignaban porque el magistrado Varela le daba plazo a los fascistas?

Pues no. Y ahora una de autobombo.

En abril escribí:

2.- Sobre la nulidad de lo actuado: esta parte tiene más chicha. Sobre todo por el hecho de que se trata de acusaciones populares. Por partes.

Yo creo que Varela ha hecho algo discutible procesalmente. Ahora, se está dando por sentado que con esos escritos de acusación el juez puede no abrir el juicio. Y esto no es así. El juez puede abrir el juicio si, a pesar de que sobren calificativos y a pesar de contener excesos, se pueden extraer del escrito de acusación aquellos elementos exigidos por la ley y la jurisprudencia para considerar que la acusación está fundamentada. O lo que es lo mismo: el instructor Varela podía haber aceptado ambos escritos sin más y en su auto de apertura poner a caer de un burro a las acusaciones, dejando claro que abre juicio por a), b) o c), con independencia de que los escritos tengan un montón de grasa que sobre. Esto es, por cierto, lo que haría la mayoría de los instructores (casi siempre, sin dejar claro en su autos de apertura de juicio qué partes de los escritos rechazan claramente). Y por cierto, esto complica mucho la labor de la defensa, que tiene que responder, a veces, a acusaciones no suficientemente perfiladas.

Sin embargo, al optar por exigir a las acusaciones que rectifiquen y dar una oportunidad a la subsanación, el hecho de que no lo hagan le carga de razón para inadmitir. Digo esto porque se está dando por sentado que Varela ayuda a las acusaciones y ésta no es la única interpretación posible.

Más aún: creo que Varela actúa dentro de la ley, no perjudica a Garzón y es garantista. Sin embargo, al caber otra interpretación, le da a Garzón razones para defenderse. La prueba es que estemos hablando de ello.

El escrito es hábil e incide en la naturaleza de las acusaciones (que conforme a la jurisprudencia del TC tienen una posición “debilitada” frente a los perjudicados directos por un delito).

Sin embargo, en el escrito se pide (y yo comprendo y aplaudo al abogado de Garzón) algo inadmisible: que la nulidad implique que los escritos de acusación se tengan por no presentados (ya que, en un acto de equilibrismo, dicen que lo que hace Varela es nulo, pero que los presupuestos -los defectos de los escritos- son auténticos). Si hay nulidad debería considerarse que esos escritos se presentaron tal cual y debería darse oportunidad al instructor a pronunciarse sobre si con ellos abre o no juicio. Hay aquí algo muy interesante: el auto de Varela sobre Falange cita otro del Tribunal Supremo (dado en el caso Filesa). Y en esa oportunidad el Supremo declaró nula la acusación por estar mal formulada, pero sin dar oportunidad a la acusación (que era del PP) a rectificar. Es un argumento muy bueno para Garzón; sin embargo, hay que precisar que la resolución del caso Filesa analizaba precisamente el escrito de acusación (y después de que el instructor hubiera abierto juicio mucho antes). Es decir, que declara que están mal formulados y por eso no da una segunda oportunidad. Si se pretende reproducir en este caso, no basta con que los presupuestos de la actuación de Varela sean correctos (ya que, además, el no ha dicho que no fuera a abrir juicio): es necesario que la Sala que resuelve decida que, efectivamente, esos escritos no cumplen los mínimos exigibles (al margen de sus excesos). La solución más razonable, en mi opinión, es, si se declara la nulidad, permitir al instructor decidir si, con esos escritos, abre o no juicio.

Naturalmente, el Supremo ha optado por ratificar mi opinión. Aunque, es cierto que hay un voto particular. En él, el magistrado D. Joaquín Giménez García, considera que las resoluciones en las que daba trámite a las acusaciones son nulas, pero que esa nulidad no implica dar por precluido el trámite, sino que Varela, con los escritos originales, debe decidir si abre o no el juicio. Como ven, el voto discrepante simplemente considera la segunda opción que yo daba. Ninguno de los magistrados le da la razón al abogado de Garzón.

No es por enredar, pero Don Baltasar debería de pensar en cambiar de abogado.

Más de putas y putadas


Leo en El Mundo la triste historia de Vicky:

Sin embargo, el comportamiento más común entre los hombres ha sido “humillarla, realizarle tocamientos y arrancarle algunas de las extremidades”.

Es repugnante comprobar hasta qué extremos llegan algunos. Menos mal que la policía, consciente de lo real que estaba siendo el experimento, llevó a Vicky al hospital más cercano.

El caso es que, curioso como soy, me he ido a ver a los autores de este experimento que, por qué no decirlo, ha cambiado el mundo.

Hacen muchas cosas y todas son muy solidarias y comprometidas. No sé si les pasa: yo, cada vez que entro en la web de una ong como ésta, me visualizo como un hombre egoísta y que mira siempre hacia otro lado. He pensado en afiliarme o hacerme socio. Por desgracia, como todas sus actividades están planificadas desde la perspectiva de género, hacerlo sería terriblemente hipócrita.

Así que, al final, me he decantado por la moto.



En El País llevan un tiempo dando la murga con historias de jóvenes la hostia de preparados que pasan terribles necesidades. Te se ponen los vellos como escarpias con algunas de ellas. Uno, que les agradece sus solidaridad con España, en estos tiempos de crisis, les animaría a dejar de hacer sacrificios por este país que tan poco valora el conocimiento: ¡venga chicos, es hora de pirarse por ahí!



Mi primer despacho (¡propio!) estuvo en un edificio de apartamentos, en el barrio de Salamanca. El edificio estaba tan bien que me fui a vivir allí. Además, pensaba, era un lugar decente: casi vecino de un colegio mayor de jovencitas comprometidas con las enseñanzas de San Agustín y con ventanas al patio de un colegio.

Un día, al poco, reunido con unos clientes, vi que uno de mis socios empezaba a balbucir extrañamente. Hasta que se levantó y se fue. Luego me explicó que se escuchaba el chirrido de una cama. Las putas del piso de arriba trabajaban mucho a media mañana y siempre sospechamos que mantenían sin engrasar la cama por razones morbosas. Alguna vez, cuando estábamos solos, jóvenes y crueles como éramos, al escuchar los hierros de la cama, empezábamos a jalear al intrépido al grito de “venga, machote”; y más de uno perdió el empuje, supongo que desconcertado por la presencia de animadores.

También descubrí, al poco, que las vecinas de enfrente de mi propia casa eran putas. Tuve una relación muy cordial con ellas -compartíamos patio-, y llegué a acostumbrarme a la luz anaranjada y a las sombras chinescas.

El día que nos cambiábamos a otra oficina, uno de mis socios se encontró con un amigo. Empujaba la silla de ruedas de su hermano: un accidente de moto. Ya saben, qué tal la familia o el trabajo; lo demás se daba por sobreentendido.