Esta bolsa no es un juguete; no se estrangule con ella


Fumar es malo para la salud. Parece indiscutible …

(aunque uno, que tiene memoria, ya no sabe qué pensar con los estudios indiscutibles. Mi padre tenía gota. Recuerdo escuchar a su médico lo malo malísimo que era el pescado azul y el aceite de oliva para la salud. También se decía del vino. Ahora nos dicen que el omega-3 añadido no sirve pa la cosa del corazón, cuando hasta hace dos días te bajaba el colesterol que no veas)

… y además, el fumeque tiene una característica frente a otros vicios malignos. Bueno, dos. Que hace daño a otros y que además es molesto. Yo, que crecí en una casa que olía permanentemente a puro y con cuatro miembros de la familia que fumaban a toda leche, siempre fui tremendamente tolerante. Como para no serlo, claro.

En fin, no fumo y soy blando con los fumadores, mientras aguanten mis motetes. Sin embargo, no parece muy lógico ser tolerante con los fumadores y no serlo con los que no lo son tanto. Hay gente a la que le molesta mucho el tabaco y es cuestión de simple educación tenerlo en cuenta. Ya sé que muchos dirán que hay otras cosas que tocan mucho las narices. Escojan ustedes su lista particular. Yo soy reo de algunas de ellas: por ejemplo, tiendo a “conversar” a voces, sobre todo cuando me llevan la contraria. Cuando me junto con mis hermanos, la cosa parece talmente una pelea de tugurio portuario. Sin embargo, no use usted, amigo fumador, los vicios de los demás para tapar sus vergüenzas, sobre todo porque el humo del tabaco es nocivo de verdad.

Esto es así, y yo comparto que el principio sea el “in dubio pro no fumador”. Sin embargo, de nuevo se están pasando los amantes de decir a los demás cómo tienen que vivir. He oído a alguien por la tele decir que prohibir fumar en el coche cuando hay menores no es un atentado contra la intimidad, porque el coche no es el domicilio. Me parece una majadería. Si se prohibiese porque conducir fumando es peligroso, podría admitirlo. El fundamento es el mismo que el de no permitir usar el móvil. Sin embargo, la prohibición sólo se dirige a proteger al menor. En tal caso, ¿por qué no prohibir el consumo del tabaco totalmente? Las casa también son lugares cerrados.

Además, la reforma es simplemente hipócrita. Son muchas las cosas que puede hacer un padre con sus hijos, algunas hasta bien vistas, y que a muchos nos parecen altamente perniciosas. Y cada vez que hay algún estudio epidemiológico que “alerta” del peligro, por ejemplo, de los mapaches de goma, alguien se empeña en prohibirlos. Pretenden convertir el mundo y las relaciones entre personas en habitaciones con paredes acolchadas, como las casas de esos padres responsables que meten cachivaches de plástico en los enchufes, ponen en alto la lejía y protegen con gomaespuma las esquinas de los muebles.

Estos reformadores sociales tienen además la funesta manía de pensar en nuestro bienestar, utilizando como modelo sus ideas (casi nunca su propia forma de comportarse). Eso sí, no les verá usted responsabilizarse de las consecuencias de sus experimentos.