Sin un duro


Hace un rato salía de unos juzgados y he ido a pillar un pelas (perdón, coger un taxi). Mientras andaba por la calle para cogerlo en la dirección adecuada, veía como pasaban uno detrás de otro, con la lucecita verde. Y he recordado que un rato antes, delante del Meliá de Capitán Haya, había muchos, muchos taxis parados. Soy un tío despistado, muy despistado, pero claro, el asunto era llamativo hasta para mí. Estaban parados en el carril del hotel y luego salían a la calle y formaban una cola que se extendía incluso al otro lado de la calle Francisco Gervás, detrás del semáforo y esperando. Es verdad que se anunciaba no sé qué congreso de algo y podía deberse a esa circunstancia. El caso es que finalmente he cogido el taxi y el taxista, por ser amable, me ha preguntado que qué tal. No suelo hablar con los taxistas, porque son como borrachos de bar permanentes, con una explicación certera de los misterios de la física cuántica o la lista de los tipos del club Bilderberg al alcance de la mano. Sin embargo, en esta ocasión me ha podido la curiosidad y le he preguntado por lo suyo. Sólo le ha faltado llorar. Mientras circulábamos me iba enseñando todas las paradas de taxis. Todas repletas, muchas con coches en doble fila. “Y en el aeropuerto es peor, hasta cuatro horas para cargar”, me ha dicho. Esto que cuento no es una metáfora de la crisis, claro. Menos mal que podemos evadirnos con cuentos chinos.



Los españoles pensaban que hay cosas gratis. Pronto nos van a imponer un Tratado de Versalles. Nunca es tarde para aprender.

22 comentarios en “Sin un duro

  1. A los cretinos de EP, que en lo de confundir la realidad con sus deseos se parecen al VB de 1944, habría que decirles lo de Clinton y Bush Sr. Ya saben “Read my lips, stupid…”

  2. Valor mucho, aunque sin duda también temeridad. Ya lo comenta alguien, en el articulo.

    Lo traigo porque me impresiona mucho la violencia y corrupción que sigue habiendo en Méjico. Parece que nada haya cambiado desde “Sed de mal”, la pelícua de Orson Welles.

  3. No suelo hablar con los taxistas, porque son como borrachos de bar permanentes, con una explicación certera de los misterios de la física cuántica o la lista de los tipos del club Bilderberg al alcance de la mano.[…] “Y en el aeropuerto es peor, hasta cuatro horas para cargar”, me ha dicho

    Hace usted bien.

  4. ¡Usted no habla con los taxistas porque es un señorito facha que no se junta con el pueblo llano! Ya veo, ya, que usted es de esos que no quieren que tengamos una tercera legislatura de progreso. Pues se va a llevar un chasco, y de los gordos.

    (Algunos taxistas tienen gracia, pero otros son más cargantes que Juan José Millás. Yo, cuando empiezan con el fútbol, me tiraría en marcha.)

    Yo no entiendo el revuelo con lo del chorra del güiquilics. La mayor parte de lo que cuentan no me parece delictivo. Es decir, son informes sobre cosas varias que, imagino, cualquier servicio diplomático hace. Delito es haber robado y transferido esos papeles, ¿no? Por lo demás, tampoco le veo tanta enjundia. ¿Hacía falta esperar a un informe de los EEUU para darse cuenta de que Zapatero es imbécil y abyecto? Debe ser que algunos no habían caído hasta ahora. Y la parte “delictiva”, ay, ¡que me descojono! Decía el Arriba -uy, perdón, El País- en grandes titulares que se habían inmiscuido en los asuntos de la AN. ¡Anda, coño, qué novedad, como si el gobierno no lo hubiera hecho ya mil veces! No, si la gilipollez humana es lo que más se repone últimamente en las estanterías de este bazar en que vivimos.

  5. [7] En la arradio esta mañana han dicho que Hillary Clinton, pidiendo disculpas a algún/a homologo/a de un país creo que europeo, ha recibido esta contestación:

    – No te precocupes, si supieras lo que decimos de vosotros..!

  6. Tratado de Versalles, dice. Se levantó ud. esta mañana de buen humor y optimista, por lo que veo. La que se nos viene va a ser monumental. No es que me guste reirme de las desgracias, pero estoy deseando ver la cara que ponen unos cuantos cuando se implante el copago sanitario, se suba la edad de jubilación y los años para el cálculo de las pensiones.
    Y aún recuerdo a D. José Blanco diciendo aquello de: “Esos del PP que quieren quitar las pensiones a nuestros mayores”.
    ¿Ta difícil es que Zapatero dimita y otro ocupe su puesto sin tener que convocar elecciones? ¿Pero no hay en el PSOE ni siquiera alguien medianamente mejor que Zapatero? Si es algo facilísimo: lo de ser mejor que Zapatero.

  7. Los americanos utilizaban las becas Fullbright para tener información durante la Guerra Fría. De ahí que se celebraran en Suiza o en Austria unos seminarios de dos semanas. Los americanos, profesores-espías impartían cursos sobre cultura americana y entre charla y charla, hablaban con los asistentes y se enteraban de muchas cosas.
    También concedían becas para que hubiera becarios en EEUU. A su vuelta a Europa, y a España, cuando había algún tipo de problema en el país, se les invitaba a tomar café en la sede de la Fundación Fullbright y se charlaba con ellos de los problemas, etc. Eran informantes más o menos inconscientes.

  8. hoy precisamente me ha llegado la tarjeta sanitaria. con una carta en la que me recordaban que todos los servicios sanitarios son *gratuitos*. ah, la gratuidad. bien está.

  9. http://www.elmundo.es/elmundo/2010/11/30/cultura/1291138642.html

    ¡Joder, yo pensaba que la Feria del Libro de Guadalajara era algo serio! Resulta que no. Sin necesidad de darle el premio al machacateclas del Reig (¡qué tipo más inane, coñazo y convencional!) la cosa ya andaba enmierdada por una causa de más enjundia: ¡la coceadora de la lengua española formaba parte del jurado! Los mejicanos ya no son lo que eran, está visto.

  10. “La avaricia de los especuladores”…¿pero en qué mundo de ficción ha permanecido esta señora? Así es la jungla del poder desde el principio de los tiempos…

  11. Bueno…sigo inmerso en mi audición de Glenn Gould en “el clave bien temperado”…ah…qué maravilla…buenas noches…

  12. Los españoles no creen que algunas cosas son gratis. Los españoles quieren que lo de todos lo paguemos entre todos. Y la asistencia sanitaria es “de todos” y para todos, y los que tenemos suerte de no necesitar nada pagamos lo de los desgraciados a los que les persigue la enfermedad.

    Ah, la complacencia de los triunfadores sin “memento mori”.

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