Don Eulogio, santo, beato, siervo de dios y mártir

Don Eulogio hubo comprado un kindle antes que yo. Me avisó de las artes ocultas que rodeaban al aparato y me siento en la obligación de soltar un rollo con lo que aprendí.

Al parecer, por esta piel de toro, muchos piensan que tener un libro electrónico es volver a vivir de lo ajeno. Y esa es la sensación que uno tiene desde el principio: se ve bombardeado con ofertas de páginas donde hay libros (gratis) o de programas que crackean DRM. Las enlazan en los blogs o te las envían por correo privée.

Libros gratis hay claro, y a porrillo. En general todos los que tienen una venerable edad y no tienen caducados sus derechos de autor. Digamos que si tuviera que volver a leer las obras que tuve que leer durante la primaria y secundaria, la mayoría se podría leer por el morro en un libro digital. Suponiendo que aún perviviera esa costumbre.

Otra cosa son los libros protegios por derechos de autor mediante un DRM (digital right management). Al parecer la gente piensa que el DRM es aquello que “evita” que puedas “copiar” (técnicamente llamado una copia de seguridad o copia privada) o “prestar” el libro electrónico a cualquiera. Dicho así el DRM tiene una maligna connotación similar a la que tendría una cerradura de una puerta: es aquello que evita que pueda esconderme de un oso asqueroso que me persigue por un pasillo estrecho y largo.

Visto de otra forma el DRM no “evita” si no que “permite”. Permite que se puedan vender libros electrónicos ya que de otra forma nadie los vendería. Y a mí me parece bien que se vendan libros electrónicos, porque es beneficioso para mí y para mi egoísmo.

La idea de que un libro electrónico es como un libro de papel y que uno puede hacer con él lo que quiera es pueril y hastia discutirla. Uno compra un aparato como kindle y no trae ningún libro (no es un libro); uno compra un libro electrónico y no puede leerlo en ninguna parte. Necesita un aparato para leerlo. Un libro electrónico tiene diferencias respecto de uno en papel sustanciadas en ventajas e inconvenientes. Para mí las ventajas superan ampliamente a los inconvenientes y por eso los consumo. Si no lo creyera así no compraría libros electrónicos, compraría libros en papel.

Pensar que comprar un libro electrónico te da derecho a leerlo donde quieras, cuando quieras y como quieras pertenece al caso del señor listillo que cree que los contratos se firman con dos tintas: la normal, y la invisible. Con la normal se redacta el contrato normal que especifica que la parte contratante de la primera parte adquiere bla, bla, bla y que solo puede bla, bla, bla. Con la tinta invisible se escribe la carta a los Reyes Magos que dice: con *mi* libro puedo hacer lo que *me* da la gana.

Pero además, en el caso concreto de mykindle sufro de una pequeña enfermedad. Estoy enamorado del aparato y del servicio que propociona amazon. En general no concibo la relación cliente-proveedor como la de un opresor-oprimido; en particular en el caso de yo y amazon no podría estar más en desacuerdo con dicha visión.

He comprado un kindle porque me ha dado la gana. Principalmente lo he comprado porque Amazon me simplifica la vida si uso kindle en vez del método tradicional. Ya si no existiera Amazon no habría leído muchos libros o habría tenido que buscarlos en un oscuro rincón de una librería. Les compraba porque me daba la gana y aceptaba pagar un mínimo de 8 dólares por transporte y demora de, al menos, de 15 días: nótese que no aceptaba pagar 30 euros por el transporte y tenerlo a los dos días. Ahora, con voluntaria resignación, recibo libros en un segundo. Ahorro tiempo y dinero. Leo más cómodamente. Y hasta puedo escribir un documento, mandármelo al kindle gratuitamente y leerlo cómodamente.

Todas mis compras electrónicas están registradas en una cuenta personal en Amazon. Si tengo algún problema con un libro electrónico (lo borro, se corrompe) puedo bajarme otra copia de ese libro electrónico (es una ventaja respecto del terror de que, por ejemplo, y por error, arroje un libro tradicional por el desagüe del retrete). Además, puedo bajarlos a un ordenador y verlo con la aplicación kindle (aunque la aplicación no está disponible para Linux y es a mí me jode sobre todo sabiendo que el sistema operativo del kindle es Linux). Podría bajarlo a un iphone. Y hasta mantenter todo sincronizado. Dicen. Leer en el metro con el iphone y en casa con el kindle, abierto por donde tenía que abrirse. Dicen.

Sé que la dirección de correo asociada a mi cuenta de amazon es la que manda. Hace unas semanas tuve un problema con mi cuenta porque inadvertidamente creé otra con otra dirección de correo electrónico y hubo una pequeña mezcolanza gracias a las galletas saladas de los ordenadores. Estuve en un tris de perder la “buena”; es decir sus registros acumulados. Pude contactar por correo electrónico con amazon (en inglés, por supuesto). ¡¡Y me contestaron!! ¡¡Y me lo arreglaron!! Y todo en un plazo razonable: ¡¡un día!!. Por comparar: aún no sé a dónde enviar un correo electrónico para resolver un problema con movistar.

La cuenta es un almacén, una biblioteca donde se guarda todo. Incluso si pierdo o rompo mykindle podría seguir volver a descargarlos y leerlos. Después de comprar otro kindle desde la misma cuenta, imagino. Lo cual también me parece ventajoso: esa coartada llamada es que necesito hacer una copia de seguridad por si acaso se va al garate. Y además, uno obtiene mucho más que lo que la coartada da: ¿quién tiene copias de seguridad en lugares diferentes?

Es posible que todo eso cueste dinero. Que cueste dinero hacer las aplicaciones, mantenerlas, responder al público. Incluso dar un servicio eficiente: no equivocarse de direcciones, que no te carguen cargos superfluos. O mantener la legión de abogados de guardia. Es posible que por ello (y por el legítimo interés en ganar algo de dinero que pudieran tener Amazon, el editor, el autor y otros) exijan dinero a cambio del libro electrónico. Pero es posible que esté equivocado y todo se mantenga por el arte de los Reyes Magos.

Dicho todo esto, resumo, Amazon me proporciona eficientemente servicios que se ajustan como un guante a lo que pido. ¿Por qué razón habría de quebrar la confianza que ella deposita en mí y romper el DRM del libro electrónico que me proporciona en contraprestación a mi dinero?

Don Eulogio, en fin, me contó que hace unos años nació una empresa con un lema que parecía sacado de la ficción científica. Un lema que, en general, ha mantenido con el paso del tiempo a pesar de que se ha hecho grande y poderosa. Una empresa que ha propocionado grandes servicio bajos las condiciones que el populacho demanda: gratis total. El lema es don’t be evil (no seas malo).

“¿Por qué no te lo aplicas?” concluyó.

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