Ah

Ah, algo más.

Compré tres películas juntas (me interesaba una y las tres juntas no costaban mucho). Una noche cogí una, de la que no sabía nada, y la puse. Creí que era el típico bodriocomediadolescente. Cosa del nombre que perpetraron en español: Resacón en Las Vegas. La verdad es que estuve un par de horas descojonándome de risa. Si pueden, véanla. Antes del crimen se llamaba The Hangover.

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Tampoco es para tanto


Me ha llamado la atención un artículo de Rosa Montero de El País de hoy. Léanlo y vean el vídeo:



Yo no cuento con más datos que los que nos da la autora del artículo. Nos dice lo siguiente:

Ahora un juez lo ha condenado a cuatro años y medio de cárcel por “atentado a la autoridad”, aunque ni llegó a rozar a la alcaldesa. No hay ni una sola imagen que pruebe la agresión, aunque en la manifestación había televisiones y fotógrafos. En cambio, hay un vídeo (http://www.youtube.com/watch?v=WNsViZJPs8Q) en el que se ve cómo los policías se abalanzan sobre Simone, lo arrojan al suelo, lo aporrean de lo lindo y se lo llevan esposado. También hay testigos (como una periodista de La Voz que cubría la noticia) que han declarado que no hubo tal ataque. En fin, incluso en el caso de que, en el calor de la refriega, hubiera intentado lanzarle un manotazo a Teófila, ¿no sería una verdadera desmesura condenarlo a cuatro años y medio de cárcel?

Ella afirma que no llegó “ni a rozar a la alcaldesa”. Nos dice que no hay pruebas, que “hay una testigo” (periodista) que niega que existiera “tal ataque”, y que, aunque existiera un intento de lanzar un “manotazo” la pena es desmesurada.

En fin, no sé si asistió o no al juicio la articulista. Imagino que el juez habrá condenado considerando otros testimonios. No sé si serán de la propia alcaldesa o de policías o de alguien que pasaba por allí. Que no existiera el intento de agresión porque no existan imágenes es una gilipollez como una casa. Y la idea de que deba prevalecer el testimonio de una periodista sobre otras pruebas es una de esas cosas que le hacen perder a uno la fe en el periodismo. Así que, hablando en serio, vayamos a la cuestión de fondo.

El código penal dice en su artículo 550: “Son reos de atentado los que acometan a la autoridad, (…)”

El artículo 551 castiga ese delito con penas de dos a cuatro, salvo que la “autoridad contra la que se atentare fuera miembro del Gobierno, de los Consejos de Gobierno de las Comunidades Autónomas, del Congreso de los Diputados, del Senado o de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas, de las Corporaciones locales, del Consejo General del Poder Judicial o Magistrado del Tribunal Constitucional”, supuestos en los que se impondrá la pena de prisión de cuatro a seis años y multa de seis a doce meses.

El delito castiga al que acomete a la autoridad (también al que emplea fuerza contra ellos, los intimida gravemente o les hace resistencia activa también grave, cuando se hallen ejecutando las funciones de sus cargos o con ocasión de ellas). El Tribunal Supremo (Sentencia núm. 72/2002 de 21 enero RJ 2002\1570) nos explica en qué consiste el acometimiento:

Precisamente, el núcleo del delito de atentado está constituido por el ataque a esa función pública que encarna el sujeto pasivo y cuyo respeto es necesario para la convivencia en una sociedad democrática, por eso el delito de atentado responde a la naturaleza de los delitos de pura actividad , que se perfeccionan con el simple ataque en cualquiera de las cuatro formas previstas en el tipo, aunque éste no llegue a consumarse en la persona de los agentes atacados –SSTS de 11 de octubre de 1984 ( RJ 1984, 4824) , 30 de abril de 1987 ( RJ 1987, 3047) y 16 de noviembre de 1987 ( RJ 1987, 8522) –.

En este país de mierda, en el que no se respeta la ley (especialmente por las autoridades que deben velar por ello), nos hemos acostumbrado a que no se respete tampoco a la autoridad, porque no se respeta a la gente. Sólo así se explica que se trate a los policías como se les trata (mal, muy mal), y que se esté pensando en proteger a maestros y médicos y enfermeras, convirtiéndoles en autoridad, a ver si de esta forma evitamos que les den somantas preventivas.

Sólo esa laxitud explica que alguien crea que es un hecho sin importancia el que alguien quiera pegar a una alcaldesa. Claro, ha pasado tantas veces, sobre todo cuando los individuos se convierten en turba, que ahora nos extrañamos. Y sólo así se explica que alguien convierta una detención en un aporreamiento de lo lindo. A veces hay que explicar lo obvio: cuando te detiene la policía hay que quedarse quieto y dejar que hagan su trabajo. No te puedes resistir ni intentar escapar. Si lo haces cometes un delito. Yo veo el vídeo y veo a unos policías que intentan reducir a alguien que se resiste a ser detenido. Bien hecho. Si había o no razones para detenerlo es algo que deben decidir los jueces.

Naturalmente, ya sé que hablo suajili.