El picogramo III


Acabo de leer en varios periódicos que la Federación Española de Ciclismo acepta que no hubo negligencia por parte de Contador al consumir clembuterol. Ya veremos si se confirma o no. Para evitar la sanción han tenido que dar por probado que el ciclista se zampó el filete de marras y que eso no es conducta negligente o culposa, ya que las normas invierten la carga de la prueba. Esa inversión, por lo demás, aunque resulta bastante estrambótica en cualquier derecho sancionador, es resultado natural de la histeria sobre el dopaje y la dificultad de probar (en la mayoría de los casos) que el dopaje es voluntario, salvo que te pillen con el carrito del helado. Al fin y al cabo, siempre hay un “filete” (entiéndase como idealtyp) a mano.

Este asunto, por lo demás, hiede. Conozco a gente aficionada al deporte (algunos de bastante edad) y muchos de ellos se metían unas cosas extrañísimas. Ahora cada vez menos: ya que se controla a nuestros simpáticos amigos, los farmacéuticos. Curiosamente, el esfuerzo servía para ganar alguna competición de veteranos de este o aquél deporte. Y no les preguntes si compensa meterse aire comprimido por el culo, que te miran raro.

Así que, cuando se trata de ganar mucha pasta, y de eso va el deporte profesional, resulta difícil observar a los héroes del deporte como abanderados del juego limpio (signifique eso lo que signifique).

Es un asunto que sólo tienen una solución. Simplemente no debería haber controles antidóping. Cada cual debería decidir si quiere correr riesgos para ganar pasta, y la gente debería asumir que, a lo mejor, el que gana es sólo más valiente que el segundo. Todo lo más habría que “prohibir” sustancias, pero a todo el mundo.

Quizás de esa forma el deporte profesional dejaría de ser ese mejunje extraño, mezcla de una peli de Disney y una peli porno, en la que la gente paga a alguien una pasta gigantesca para que ese alguien se comporte desinteresada y deportivamente y luego sonría.

De esa manera los políticos dejarían de tener coartadas con el rollo ese de lo bueno que es el deporte, cuando todo el mundo sabe que el deporte profesional es malísimo para la salud, y dejarían de chupar cámara al lado del gladiador de turno. Y de esa manera quizás el dinero público iría destinado a promover la actividad física moderada del personal, que nos estamos poniendo gordos.

Anuncios