El jardín de senderos que se bifurcan


No me gustan demasiado las trifulcas entre intelectuales. Da mucha pereza que la gente, en vez de hostiarse, se lance pullitas en las que, a la vez, pretenda algo imposible: demostrar que no le importa lo que dice el “otro” y que su respuesta es sólo un juego, algo que nos hace bostezar. Tampoco me interesan demasiado las reflexiones sobre la verdad y la ficción, cuando van unidas a polémicas sobre hechos concretos: casi siempre son coartadas para alguien.

Como habrán adivinado, el párrafo anterior es una justificación. He leído los artículos (los últimos) cruzados entre Cercas y Espada. En ellos se habla de muchas cosas, pero no se nos explica cuál es el tema de la conversación (la llamo así, aunque recuerda a aquel estupendo “alguien es un asesino, alguien ha matado a alguien”). Lo que sí sabemos es cuál no es el tema: no hablan de la verdad o la ficción. Eso es evidente, ya que se están (entiéndase en sentido figurado) diciendo “me cago en tu puta madre”. Falta (nos falta) la ofensa (el estímulo original) y, sin eso, poco hay que podamos decir.

Ahora bien, los espectadores de cualquier riña sabemos lo difícil que es parar. Cosa de machos (incluso aunque se trate de machos intelectuales). Así que, siempre habrá quien se pase de la raya.

Eso es lo que ha hecho Arcadi Espada con su columna de hoy. En ella pretende echar una mano a Cercas, hablando bien de él, pero lo hace al modo de los que empiezan diciendo “no es mi estilo contar esto, pero …”. Arcadi ha aireado las andanzas sexuales de Cercas para, supuestamente, criticar las prácticas de ciertos periodistas, pero los antecedentes demuestran que las referencias a su detención en un prostíbulo (repetidas además) no son asépticas.

En su última columna Cercas escribió: el periodismo no es una mera acumulación de hechos sino una interpretación de los hechos. Y toda interpretación exige imaginación, aunque la imaginación necesaria para interpretar la actual revuelta árabe sea distinta de la necesaria para escribir una columna de Millás: esta equivale a la capacidad de inventar hechos; aquella, a la de relacionarlos.

Arcadi Espada parte, como dice Cercas, de hechos que son interpretados al relacionarlos: no conocíamos esos hechos y Arcadi no se limita a mostrarlos, tal cual, sino a interpretarlos, relacionándolos con la práctica periodística que niega que exista interpretación cuando se muestran tal cual, cuando todos sabemos que la elección de qué se cuenta y qué no es ya una interpretación. Sin embargo, no podemos evitar pensar que esa defensa es una excusa para hacer lo que denuncia: contar unos hechos para que se conozcan y que todo lo demás es literatura. Lo demás.

En esta ocasión estoy con Cercas. A Arcadi Espada le absuelve que cuente hechos, y eso es lo que hace el periodista cuando se trata de sucesos como los de la “revuelta árabe” (tal y como afirma Cercas); sin embargo, le condena (en el plano moral) que los hechos den lugar a una interpretación fraudulenta, ya que persigue un fin diferente del que enuncia.

Poco puede hacer Cercas: sólo te puedes defender legalmente de la falsedad (y no siempre). Si, como nos cuenta Espada, fue detenido en un lupanar y se le llevó a comisaría para que se le identificase, no podrá evitar que se repita una y otra vez, aunque sea para decir que Cercas es un hombre bueno, pero, al menos, nos queda a los demás la posibilidad de criticar el comportamiento de Arcadi Espada en este caso.

También los demás podemos interpretar el hecho cierto de que Arcadi Espada ha publicado esa columna.