Antología de música clásica occidental (28)

Gilles de Binchois era de familia bien y, cumpliendo con el guión, estuvo al servicio de gente bien que le pagó sus servicios con rentas de esas que te permitían dedicarte a otras cosas. No fue, como muchos otros músicos de la época, un trotamundos a la espera de una oferta mejor. Siempre estuvo cerca de la corte borgoñona, pero eso no le impidió adquirir una fama enorme. Ockeghem le llama le père de la joyeuseté y se le recuerda y admira por sus melodías espontáneas, de engañosa simplicidad.

134: La chanson Dueil angoisseux de Gilles Binchois:



Esta chanson utiliza una obra de Christine de Pisan, una poetisa que trabajó para la corte borgoñona. Esa es otra característica de sus chansons, la calidad de los textos a los que puso música.

135: La chanson Mon cuer chante joyeusement de Gilles Binchois sobre un rondó de Charles D’Orleans:



Sus obras fueron tan famosas que las melodías de Binchois se utilizarán como cantus firmus de muchas obras de músicos contemporáneos y posteriores, y esa era la prueba, en la época, de la fama. La razón de la fama es inmediatamente audible: la enorme facilidad de Binchois para dar con melodías reconocibles, redondas, a veces alegres y cortesanas …

136: La chanson Je me recommande humblementde Gilles Binchois:



… a veces melancólicas y dolientes …:

137: La chanson Amours mercy de trespout non pooir de Gilles Binchois:



Gustave Reese, una de las grandes autoridades sobre el período, curiosamente, al mencionar la sencillez técnica de las obras de Binchois, casi siempre a tres voces, con la voz principal en el superius, y sin apenas cambios contrastantes, advierte que “las cumbres alcanzadas con las mejores ceden su lugar a veces a cierta mediocridad en otras”, y pone como ejemplo de obra “mediocre” Je me recommande humblement. Es cierto que la obra consiste básicamente en una repetición, con pequeñas variaciones ornamentales, de una melodía con cierto aire marcial. Y también lo es que, en los escasos dos minutos que dura en la interpretación instrumental del Ensemble Gilles Binchois, podemos observar la facilidad de Binchois para crear una melodía “pegadiza”, de esas que no se te van de la cabeza y que tarareas sin parar.

Binchois también compuso obra sacra, pero palidece si se la compara con sus chansons y con las misas y motetes de su contemporáneo Dufay. Así que, para terminar por hoy, les dejo con dos obras singulares. La primera, por ser de las pocas en las que el texto se divide entre dos voces, la segunda por ser la única obra a cuatro voces:

138: La chanson Amoureux suys de Gilles Binchois:



139: La chanson Filles a marier de Gilles Binchois, les permite entrar en el enlace del disco Mon souverain desir, del Ensemble Gilles Binchois, y allí, por poco más de nueve dólares llevarse diecisiete chansons de nuestro protagonista de hoy. Y sin gastos de envío.
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12 comentarios en “Antología de música clásica occidental (28)

  1. Excelente Binchois…y eso de componer canciones pegadizas y sencillas no es ningún demérito…es uno de los efectos de la música; lo que se puede memorizar con placer frente a lo aparentemente difícil para el oído y la sensibilidad, ea…

  2. Ya tengo el kindle, Qtyop…mu majo, pero sin funda. Es wifi, se puede leer en muchos formatos y su lectura es bastante agradable…costó, creo, 140 dólares y es mu llevadero…ya le contaré cuando consiga hacerme con sus trucos…

  3. (6)

    Ya es mala hostia, compañero, justo cuando yo voy fuera, con lo que me hubiera gustado insultarle a la cara y no por lo cibernético.
    Veamos:
    Si va usted al Casco Viejo, poco céntrico, pero Bilbao es pequeño, vaya a la Plaza Nueva y entre en cualquiera, creo yo.
    Si está por el centro (metro Abando) empieze en el Iruña y coja la calle Ledesma, entre en el Artajo si le van los tigres (mejillones con tomate).
    Más en el centro todavía, puede ir andando desde Ledesma, en la calle Diputación, 1 tiene Los Candiles (tortilla de patata con cebolla caramelizada) y varios más y si cruca desde allí la Gran Vía, justo al otro lado puede encontrar seguidos El Globo y la Viña, el primero más original, el segundo más clásico (buen jamón).
    Una vez en ese lado, relativamente cerca tiene el Bitoque, Rodríguez Arias 32, creo, con no sé cuántos títulos de Euskal herria, donde se puede comer y tampoco muy lejos el Eme, famoso por sus triángulos.
    Si prefiere ir a (o para por) Indautxu (metro del mismo nombre) en la popular calle Licenciado Poza (dígase Pozas) tiene bares a porrillo, con el añadido de que si sale a la calle y mira hacia el oeste ve San Mamés.
    Muy cerquita, en Alameda Urquijo, 66, está el bar Izaro, pequeñito y con una tortilla de patata espectacular, que ha sido campeona de España, aunque el letrero dice “campeona estatal”. A Carlos Herrera le encanta.
    Bon appétit!

  4. Para los musiqueros: memorable concierto el de La Accademia del Piacere, el grupo de los hermanos Alqhai, el que tuve la suerte de presenciar el sábado. Violas da gamba, tiorbas, clave, etc. y la voz de una soprano de precioso timbre interpretando músicas amorosas de Monteverdi y otros italianos de la época. Emocionante y muy divertido. Si tienen ocasión no se lo pierdan.

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