Dios mío, están entre nosotros

No me había fijado en Javier Valenzuela hasta hoy. Hoy le he leído unos comentarios en Eskup sobre el asunto libio que me han parecido francamente lamentables. Ya no me lo parecen tanto, ahora que he descubierto que trabajó para Zapatero.

Esta entrada, sin embargo, no pretende comentar las bobadas del señor Valenzuela sobre Libia. Ni siquiera las que aparecen en este artículo que se dice de análisis.

No; me quiero centrar en esta frase del artículo que acabo de enlazar:

Entonces, la política de no intervención adoptada por Francia y Reino Unido supuso que nuestras fuerzas democráticas combatieran en manifiesta situación de desigualdad militar con los franquistas y, en consecuencia, terminaran siendo vencidas.

Es una frase sensacional, porque mediante el simple uso de un “nuestras” y un “los”, resume gran parte de la miseria que hay detrás de eso que, pomposamente, llaman “memoria histórica”, los buenos.

Ellos, los buenos, entrarán en el Reino de los Cielos, porque forman parte del “nosotros”.

Una persona cuerda que recuerde qué hizo en la Guerra Civil dirá: nosotros los republicanos, o los franquistas, o los nacionales, o los comunistas, o los nacionalistas, o lo que sea. Y podrá usar la tercera persona para referirse a los otros. Si además de cuerda es generosa, puede que incurra en el generoso error de incluir en el nosotros a los otros, para hacerlos a todos responsables del horror, del caos y de la injustica (o a lo mejor, puede que lo haga precisamente por eso, para compartir crímenes). Pero eso no es obligatorio.

También una persona cuerda que hable del pasado, de un pasado en el que no intervino, usará la tercera persona para referirse a todos los que vivían en ese pasado, o si es dado a un cierto énfasis, usará la primera persona si habla, por ejemplo, de los españoles o de los europeos, y él es un español o un europeo.

Lo que no puede hacerse es usar la primera persona para unos, los buenos, y la tercera para los otros, los malos. Como si los franquistas no fueran tan españoles como los ¿demócratas? Como si nos hubieran invadido, igualito que esos que aparecen de repente en el pueblo de Amanece que no es poco.

También hay otra explicación para ese uso tan extravagante del idioma (¿se imaginan que alguien dijera nosotros los campesinos explotados no podíamos defendernos de la brutalidad de los reyes?) más allá de la insania: la estafa intelectual. Ya lo dije en cierta ocasión. Lo peor de la cosa de la memoria histórica es la victoria vicaria que quieren conseguir los buenos, los de izquierdas, contra los malos, los de derechas. Da igual que no hubiesen nacido ni los unos ni los otros. Al final, la ideología te salva.

El periodista Valenzuela nació en 1954. Yo siento tener que defraudarle. Él es tan franquista como yo, que nací diez años después. Tanto como es “demócrata” de los demócratas de toda la vida (ya saben, como los demócratas Largo Caballero, Carrillo o Ibárruri). Vamos, lo somos o todo o nada.

Pero hay que ver lo que le gusta a los creyentes saber que forman parte de los elegidos.


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38 comentarios en “Dios mío, están entre nosotros

  1. ese uso tan extravagante del idioma (¿se imaginan que alguien dijera nosotros los campesinos explotados no podíamos defendernos de la brutalidad de los reyes?)
    No me lo imagino, no, lo he visto usado ya.
    Y gente que no reconoce el franquismo como parte de la historia de su propio país, osease, de su propia historia, también, muchos además.

  2. Dice el Grand Royaume Uni:
    El Gran Wyoming cumple un lustro al frente de “El intermedio”, el espacio de La Sexta que analiza la actualidad a través de los medios de comunicación, un sector en el que se dan situaciones “que nunca había visto, ni en la época de Franco”, como la de publicar noticias falsas, asegura el presentador.
    Se ve que no leía entonces los periódicos.

  3. La llamada Ley de Economía Sostenible tiene sorpresas como esta:
    Disposición adicional segunda. Prolongación voluntaria del servicio activo de los funcionarios pertenecientes a los cuerpos docentes universitarios y profesores de investigación del CSIC una vez alcanzada la edad de jubilación forzosa.
    1. El Gobierno, previo informe de las Comunidades Autónomas y del Consejo de Universidades, promoverá la puesta en marcha, en el curso de los próximos seis meses, de mecanismos que faciliten la prolongación en el servicio activo, por un período máximo de cinco años adicionales, de los funcionarios pertenecientes a los cuerpos docentes universitarios y profesores de investigación del CSIC en los que concurran méritos excepcionales.

  4. Limitándome a la cita, veo que el autor no utiliza el pronombre ‘nosotros’, sino el determinante posesivo ‘nuestras’. Habla de ‘nuestras fuerzas democráticas’, lo que leído sin encono significa sencillamente ‘las fuerzas democráticas de nuestro país’. Mientras no se demuestre que en el programa del Frente Popular figuraba la sustitución de la república democrática por una dictadura del proletariado o cosa similar, parece una denominación bastante adecuada para los que se opusieron al golpe militar, luego convertido en guerra civil. Ahora, que si la cosa va de sentirse parte de los buenos, que no simplifican la verdad histórica, por oposición a los malos, que sí lo hacen, tampoco querría uno arruinarle placer tan virtuoso.

  5. [5] Dos cosas simplemente: ese nuestras es nuestras. No dice nuestro país, sino nuestras fuerzas democráticas. Y si son “nuestras” es que son del periodista que escribe y de otros (y no del país, que es singular) frente a “los” franquistas que son los otros. Porque lo que no parece es que sean también las fuerzas democráticas de los franquistas que también eran “país”. Digo yo.

    En cuanto a los segundo, como el periodista habla de las fuerzas democráticas que combatieron en la Guerra Civil, podemos saltarnos el programa del Frente Popular y ver que hacían esas fuerzas durante la guerra. Digo yo.

    Luego si eso, le leo.

  6. Redacta Valenzuela:
    “El pacifismo a ultranza no es progresista. Sin unas cuantas revoluciones y/o guerras justas la humanidad seguiría en los tiempos de Espartaco.”

    Craso error, Valenzuela, craso error. Seguiría en los tiempos de Craso (Marco Licinio).

  7. [6] No, no se sigue tal cosa. Tuvimos en nuestro país, por esos evos, fuerzas que eran democráticas y antidemocráticas. Los sublevados, ciertamente, estaban en el segundo grupo. Añado que me parece muy bien que el autor, si ese es el caso, sienta simpatía por los demócratas y ojeriza por los que se alzaron en armas contra la república (o apoyaron tal alzamiento). Lo raro, entonces y ahora, es lo contrario.

  8. Ya se sabe que hay dos tipos de gente: los que creen que hay dos tipos de gente y los que no. No hay denuncia de la superioridad moral ajena que no desemboque en la afirmación de la propia; o, si la hay, estamos por conocerla.

  9. La culpa de que cayera la República, según Valenzuela, es de los franceses y de los británicos. No del caos total en que cayó esa República ante los ojos de su propio Presidente Azaña. Bastaría con que se leyera, por ejemplo, la Velada en Benicarló para llegar a entender un poco lo que pasaba entonces.
    Pero estos periodistas que se dicen “de izquierdas” no estudian, ni leen. O no les aprovecha lo que leen.
    Se conforman con el “pensamiento” grupal, el dogma colectivista. El mismo método cognitivo que sirve de base a los racistas: ellos, los malos, y nosotros, los buenos…

  10. Los que no tenemos bola de cristal no sabemos si una república apoyada por las demás democracias europeas habría logrado o no aplastar la sublevación. Es un hecho que no hubo ese apoyo, y que la república perdió la partida. Parece bastante razonable pensar que la actitud de los gobiernos francés e inglés no ayudó a nuestras fuerzas democráticas -y les vino estupendamente a nuestros golpistas.

  11. No hubo ese apoyo, en buena medida, porque esas “nuestras fuerzas democráticas” empezaron a demostrar que no eran democráticas a los cinco minutos de que se desencadenara el golpe de estado. No lo digo yo, que nací doce años después; lo dice Manuel Azaña, que estaba en primera fila de platea…
    Bueno, no es que lo dijera, sino que lo escribió entonces, concretamente en los meses de abril y mayo de 1937, en la “Velada en Benicarló”.

  12. [8] Sí, si se sigue, y la prueba evidente es que usted en [12] dice “nuestros” franquistas. El autor habla por un lado de nuestras fuerzas democráticas y por otro de los franquistas. Él nos dice que los franquistas no son suyos. Yo le digo que sí, que son suyos, como bien hace usted.

    Lo de que fueran democráticas hay que relacionarlo con lo que dice el autor. El Gobierno legítimo y democrático de España sufrió una rebelión ilegítima. La cuestión es si las fuerzas que luchan durante la Guerra Civil contra los franquistas eran democráticas. Yo digo que ni de coña.

    En cuanto a lo de la superioridad moral no sé qué significa. En cualquier caso, yo no me he sacado de la manga lo de la memoria histórica para echar mierda sobre un montón de españoles de la misma generación que el periodista o la mía, por ejemplo. Alguna importancia tendrá quien empieza. En la mayoría de los ámbitos suele importar.

  13. [13] De su planteamiento se sigue que su comportamiento no había sido antidemocrático antes de que la sublevación los empujara a ello (y quizá tampoco tenga demasiado inconveniente en aceptar que algunos siguieron siendo demócratas, o al menos enemigos del totalitarismo, hasta el final de sus vidas). En definitiva, está por probar que sin la sublevación hubiera desaparecido la democracia, aunque algunos lo den, supersticiosamente, por hecho.

  14. [8] Algo más, sobre la rareza. Ese es un asunto de fondo que nos habla de la calidad de la democracia española durante la Segunda República. Uno de los problemas de la España de entonces es que había pocos demócratas auténticos y, sobre todo, poca gente que creyera en eso de los derechos fundamentales y la libertad individual. No es que la mitad (por hablar burdamente) fuera demócrata y la otra mitad no, que es lo que se quiere vender ahora. Así que, si se trata de simpatizar con los demócratas, la cosa está bastante jodida.

  15. [15] Le reprocha, a cuenta de lo que ha escrito, algo que no ha escrito. Lo mismo hasta encuentra, si el asunto le interesa de veras, algún otro texto del acusado que sí diga eso que le reprocha que piense; entre tanto, hay lo que hay.

  16. [16] Bueno, eso es es historia ficción. Sus planteamientos no eran democráticos; qué habrían hecho, quién lo sabe. Yo no estoy diciendo que la sublevación estuviera justificada y que, sin ella, la República habría desaparecido. Si analizamos situaciones similares en otros países, tenemos ejemplos de lo uno y de lo otro. Y que había demócratas auténticos, no lo dudo. Una buena manera de localizarlos es ver quiénes terminaron perseguidos por Franco y por los que mandaban en las diferentes zonas republicanas.

  17. [17] Tan jodida estaba la cosa que algunos de los que habían sido demócratas conspicuos demostraron que habían dejado de serlo al apoyar la sublevación; por lo que no tiene sentido, como se hace con cierta frecuencia, aducir su testimonio como otra cosa que lo que es: una claudicación que se puede comprender (como la deriva estalinista de otros), pero que no tiene nada de lúcido ni admirable.

  18. [19] Es peor incluso que historia ficción; subyace una creencia supersticiosa en que ése era el destino de la república, que pasó lo que tenía que pasar, y habría terminado pasando antes o después. Una pamema que debería irritar a nuestros neopositivistas, si no estuvieran ocupados en labores de más alcance.

  19. [20] Puede que creyeran sinceramente que era mejor la rebelión militar. Puede que fueran cobardes. Puede que no hubieran sido nunca demócratas. En cualquier caso, la historia de la mayoría de ellos es trágica. Como la de la mayoría de los republicanos que terminaron en la URSS, por ejemplo. Precisamente porque la cosa fue jodida y complicada deberíamos dejar de lado las versiones simplistas del asunto. No digo que sea su caso, pero sí lo es el de mucha gente.

  20. Sostiene Tse:
    “El periodista Valenzuela nació en 1954. Yo siento tener que defraudarle. Él es tan franquista como yo, que nací diez años después.”

    Pues no señor. ¿Cómo vamos a ser iguales nosotros -los del 64, los de los 25 años de Paz- que los franquistas del 54?

    (No sé a qué hostias estamos esperando los nacidos en 1964 para fundar una asociación, a cargo del presupuesto de la Memoria Histórica, que reivindique a los primeros pacifistas tras la guerra civil)

  21. [23] Bueno, a mí me preocupa la deriva neofranquista de parte de nuestra derecha. Que no digo que sea su caso, etc., pero es evidente que ahí está. No se trata en ese caso de adjudicarles algo que no reconocen como propio, sino de un discurso que han asumido o promovido con gusto. Lo cual, claro, se puede vender como reacción inevitable contra los excesos de otro bando; pero la excusa, como en el 36, huele.

  22. Puestos a dudar, es harto dudoso que alguien que habla, un suponer, de ‘nuestros enemigos’ englobe a éstos dentro de un ‘nosotros’. Si se establece una relación en ese caso, es sólo para negar otra más importante.

  23. Que hubiera o no demócratas entonces no es relevante para los argumentos de Valenzuela, que se saca un esquema “memoriohistórico” de la manga para justificar la guerra de ZP.
    Yo creo que los pocos demócratas que había en activo el 16 de julio de 1936, antes de la sublevación, que fue el 17 y no el 18, estaban ya dominados por los no demócratas del Frente Popular y por los de la CEDA y la Falange. Véase el exilio forzado de Clara Campoamor como uno de los muchísimos ejemplos.
    Mi abuelo era entonces un modesto secretario de tribunales afiliado a Izquierda Unida que se chupó toda la guerra en Madrid. Además era pariente de Azaña por la parte de Lola Rivas. No es que le gustara hablar de todo aquello, pero a veces, cuando los nietos nos poníamos “izquierdistas”, nos decía que no teníamos ni idea de lo burros que podían llegar ser los socialistas y los comunistas, que eran los que cortaban el bacalao desde el 16 de febrero. Mi padre corroboraba y tragaba quina, porque no había podido escapar a México y se tuvo que comer, junto al abuelo, todo el exilio interior, aguantándose los sentimientos democráticos so pena de acabar en la Modelo.
    La llamadas “fuerzas democráticas” quizá fueran “democráticas”, pero lo que no eran es “fuerzas”. Y desde luego muy poco “nuestras”…

  24. [29] Es relevante. Se trata de señalar que cuando las democracias no se apoyan entre sí, o no apoyan a los movimientos democráticos de otros países, se hacen un flaco favor a sí mismas. Esto es cierto, con independencia de que resulte sospechosísimo que Gaddafi se haya convertido de la noche a la mañana de ‘líder libio’ perfectamente asumible en ‘dictador’. Se nos dirá, y es cierto, que antes no había un levantamiento popular contra él, y por tanto no habría sido posible apoyarlo. No hubo tal levantamiento en Irak, por ejemplo. Tampoco se han aducido esta vez evidencias falaces sobre armas de destrucción masiva. La historia, por lo demás, nunca se repite: suceden a menudo cosas parecidas, pero en combinaciones siempre distintas.

  25. Mi abuelo a lo se había afiliado fue a Izquierda Republicana, por supuesto. Y, según él, los burros de la “izquierda” eran, por este orden, los anarquistas, los socialistas, (largocaballeristas) y, en menor medida porque eran cuatro gatos, los comunistas. A estos se lea añadieron a última hora algunas juventudes socialistas (“nuestras Pajines”, habría podido decir el abuelo, …)

  26. [29] Supongo que con la evidencia de que los republicanos, tomados en bloque, no fueron criaturas arcangélicas, y hubo entre ellos totalitarios y hasta psicópatas, se podrán hacer varias cosas. Una de ellas es deducir que la república tuvo el final que merecía y que la victoria de los sublevados fue un mal menor. Ahora, sostener eso y al mismo tiempo reclamarse demócrata, como que no.

  27. [33] No sé si el aducir el testimonio familiar va en el sentido de que todos tenemos que remitirnos al testimonio de nuestra familia (que cabe suponer variopinto) o si la idea es que todos debemos atenernos al testimonio de la de Vd. Si no, lo que queda es que su abuelo no simpatizaba con los sectores a la izquierda de su partido; lo cual se entiende sin problema y no sorprende mucho.

  28. Este domingo, por cierto, estuve en la cuesta de Moyano y vi que una señora de cierta edad preguntaba a gritos si podía pagar con tarjeta de crédito. Al replicarle el encargado que sí, señaló uno de los libros de Moa y declaró, para que todos lo supiéramos, que estaba contentísima de poder llevárselo a casa. Bostezamos y seguimos. Supongo que la defraudamos.

  29. En Moyano siguen teniendo libros estupendos. ‘Lorca, poeta maldito’, de Umbral, por unos euracos. Tenían también (pero no lo compré) ‘Larra, anatomía de un dandy’.

  30. (35) No se acuerda usted, AI59, de que he empezado por citar al propio Manuel Azaña. Luego me he pasado a mi abuelo, pero no le recomiendo que tome usted un comentario de urgencia por una tesis doctoral. Me parece más jucioso que se lea la “Velada”, y que luego siga con la extensísima bibliografía que hay sobre la guerra civil y la República.

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