Don Frenando Halo Onso, caballero ahorrador con encomiable pundonor

Don Frenando Halo Onso es caballero de la orden metódica que ha pasado días de zozobra tratando de demostrar lo fácilmente demostrable, y que llegado un punto se ha embarcado en la aventura de tirar por la calle del medio para solemnizar lo obvio.

Don Frenando vive martirizado por la idea de medir: lo mide todo en un sinvivir desmedido. Es una especie de síndrome de Diógenes. Solo que los griegos nunca midieron algo y, a fin de cuentas, no descubrieron el síndrome de Anaxispérides que caracteriza esta perversión.

Don Frenando usa un coche que, por supuesto, mide y no deja de medir. Siempre presto al combate de la salvación del bolsillo don Frenando ha usado el coche para medir cuánto gasta y cuánto cuesta. Siempre con un método metódico don Frenando llena el depósito, tira millas, lo gasta y vuelve a llenar. Sabe que es una opción arriesgada pues con el coche pasado y jorobado gastará más que si estuviera liviano y sediento. Valora, no obstante, la artimaña de no ir tener que ir por la gasolinera en tiempo y estima que con tal proceder se ha ahorrado ya unas cien visitas a la gasolinería.

Don Frenando ha comprobado someramente cuánto tarda el coche en pedir gasoilna: unos 575km dependiendo del pelaje y la condición. Época del año, uso del climatizador, carga, descarga, ciudad o carretera. Esos quinientos kilómetros bastante largos se han llegado a convertir en una mejor marca de setecientos, que es un nada desdeñable 20% más.

Don Frenando podría mostrarles gráficas, figuras e imágenes de cuánto y cómo se gasta pero no quiere aburrirles. Va a hacer uso de sus limitadas posibilidades metricionales para contarles, en el futuro, los resultados de un experimento. Los medidores de los que disponen son: el sentido (no) común, un cuentakilómetros, un caudalímetro fijo alquilado, y un consumímetro móvil. Desgraciadamente no dispone de un caudalímetro móvil que le vaya diciendo cuando va consumiendo. Sí dispone de un consumímetro que es lo mismo pero distinto ya que le dice lo que gasta por unidad de kilómetro. Desgraciadamente no puede hacerlo por unidad de tiempo.

¿Qué va a hacer don Frenando? Don Frenando va a realizar consumir un depósito completo bajo condiciones de conducción ahorrativa y les va a mostrar, aquí, en público cuánto cuesta el placer de conducir. La hipótesis de don Frenando es arriesgada pues, en ausencia de conocimiento empírico preciso, supone que el pedal del acelerador controla una palometa que se abre más o menos según la intensidad de la pedalada y que, consecuentemente, deja pasar más o menos gasolina según se pise más o menos. Lejos de zarandajas de revoluciones, marchas, efectos viscocinemático y radiactividad ambiental, don Frenando piensa que la razón está ahí: a más pistón más consumo. La arriesgada hipóstesis, al parecer, pero esto lo desconoce don Frenando, está soportada por complejos estudios científico-técnios del INTH (Instituto de Técnica Haerohespacial) que concluyen, sin el menor género de dudas, que «cuanto más se pisa el acelerador más gasolina se consume».

Don Frenando, como su alter ego, quiere optimizar la conducción y, para ello, se va a conectar unos electrodos a la planta del pie y un sensor a la altura de la rodilla. Así detectará la inclinación del plano del pie respecto del eje formado por la tibia y el peroné. Si esa inclinación sobrepasa un cierto umbral unos electrodos colocados en sus gónadas superiores le recordarán sutilmente la necesidad de no pisar. Don Frenando, pavloviano de vocación autónoma, espera aprender reflejamente.

Don Frenando pensaba en ir a Köninsberg y volver de seguido pero como es un animal pavloviano y de costumbres realizará un mismo y pequeño recorrido casi todos los días. Será un recorrido mixto (urbano y carretera) que, normalmente y las más de las veces, es un recorrido urbano. Don Frenando, por la cuenta que le trae, va a tratar frenar poco y bien. Igual que su alter ego, don Frenando tratará determinar el toque óptimo que le procure no perder tontamente energía cinética o no gastar tontamente si la parada es inevitable.

Don Frenando presentará sus conclusiones en algunas (pocas) semanas cuando se haya agotado el combustible.

¡¡SABOTAJE!!

12 comentarios en “Don Frenando Halo Onso, caballero ahorrador con encomiable pundonor

  1. Yo conocí al hermano de don Frenando, don Derrapando… iba siempre como loco y era un despilfarrador (siempre estaba de farra).

  2. Acabo de partirme el plexo solar tras oír que Obama es, posiblemente, el Premio Nobel de la Paz que más misiles haya lanzado.

  3. “O la patria de la edad adulta o la muerte”, escribe Espada en su última arenga. El hombre vende dos productos, ambos averiados: el cientificismo de letras y el propio Arcadi Espada. Su versión del primero, con devoción por Dawkins incluida, no pasa el filtro de un Bunge (que considera a Dawkins, con razón, un cantañamanas). Lo segundo es puro humo, como constataron los que invirtieron en bonos-Espada a través de Factual. Chuches para niños, que son los únicos interesados en creer que ya han crecido.

  4. Muy bueno, Mr. Qtyop. Pero creo que es hora de mandarle a usted al extranjero, sin nosotros ni nosotras. Piense en D. Frenando, tan parecido -y tan joven- a y como usted.

  5. Perdón, no sé qué ha pasado. Unas veces tan difícil y otras tan fácil…

    A lo que iba. Decía que, cuando Arcadi habla de Dawkins, me siento como tan superior…..pero cuando otros hablan contra Arcadi, utilizando su apego a Dawkins para descalificarle, entonces, y es entonces, cuando me agarro, con fuerzas, al bolso.

  6. [6] Dudo que su bolso contenga nada de especial interés; no para mí, desde luego. Volviendo sobre Espada, que al menos tiene algún interés, lo infantil es que el hombre se crea del lado de la Ciencia redentora y pragmática, sin darse cuenta de que sus referentes no pasan de ser una secta cientificista, más mediática que otras.

  7. De Eskup:

    fwd @decozar77: Vuelven las explosiones en Trípoli. Hemos oído seis y luego otra vez los disparos de las defensas. Ahora lo único que se oye es un grillo.

    Acojonante.

  8. Doña Olivia quizá se agarre al bolso para contener las ganas de arrearle un bolsazo a alguien.

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