Katjuscha/Stalinorgel o “El organillo de Stalin”

El organillo...

El sábado pasado estuve visitando el “Deutsch-Russisches Museum” de Berlín en el encantador barrio de Karlshorst. Llevo unos cuantos años visitando esta ciudad, creo conocer todos los lugares de necesaria visita para aquellos interesados en la historia alemana del siglo XX, sin embargo, desconocía esta importantísima villa. En el U-Bahn de la línea 8 aparecía hace unos meses publicidad del museo, y tras el timo de visita del sábado anterior en el  “El Búnker” , fui con escasas expectativas. No obstante, la visita a esta fundamental villa me reconcilió con la calidad, profundidad e interés que siempre tienen este tipo de exposiciones en Berlín.

El museo se encuentra en el mismo edificio en el que el 8 y 9 de mayo de      1.945 se firmó la capitulación de Alemania en la II WW. Me enteré del dato nada más llegar al ver la placa a la entrada del museo. Fue emocionante volver a sentir la sensación extraordinaria de saberse en un lugar tan importante, tan fundamental, tan extraordinaria de nuestra historia más reciente. Todos esos relatos, todas esas películas, escenarios imaginados que de pronto adquieren una realidad. Sí, existen.

El museo alberga, como todos los museos de esta ciudad, una cantidad ingente de documentación, y profusos textos que describen cada objeto expuesto con un detalle y rigor de tesis doctoral en el “seminario de Friburgo”. Un análisis de las relaciones rusas y alemanas desde la primera guerra mundial, pasando por la DDR, caída de la Unión Soviética y situación actual. Por cierto, fue también el edificio donde el Mariscal Zhukov tenía su despacho tras la guerra. Antes de que Stalin le diera su particular jubilación.

Llama la atención la dureza y crueldad de los carteles publicitarios de uno y otro bando durante la II Guerra Mundial. La inmensa mentira que desde los dos bandos se voceaba a diestro y siniestro, el llamamiento al derramamiento de sangre, la absoluta falta de compasión con el enemigo, la brutal llamada al aniquilamiento y la destrucción total. Las caricaturas de el perverso y malvado Capital, representado por un señor viejo con cara de malísimo perverso, de frak y sombrero de copa, que mueve como a marionetas a la iglesia, el ejército, los nazis y hasta la nobleza contra la Revolución bolchevique liberadora. O las caricaturas representando al Capital, el ejército nazi, y la iglesia con las mismas intenciones para con los trabajadores del mundo unidos (¡Ay!, Forges. ¡Ay!, Público).

Y lo mismo en el otro lado del espejo: un Estado nazi bueno y justo amenazado por las perversas fuerzas del mal y de la muerte.

Y, cómo no, el judío, el malvado y perverso judío, con una mano pidiendo y en la otra la hoz y el martillo.

Aquí un cartel que anuncia la destrucción de la amenaza nazi por los aliados en el que, ojo al dato, no aparece por ninguna parte la bandera de la infaticable lucha en la resistencia de la querida Francia.

 

Eso sí: el museo pasa de puntillas sobre el tema de las violaciones de mujeres alemanas en Berlín tras la liberación de la ciudad por las tropas rusas. Simplemente dos pequeñas fotos de un soldado soviético quitándole una bicicleta a una mujer alemana y otra, espeluznante, de dos soldados rusos de aspecto grotesco y gesto aterrador, intentando levantarle las faldas a una joven y delgada alemana que esconde el rostro con gesto aterrorizado. Muy lejos todo del ambiente civilizado en el que se firma una capitulación (aquí ya sí con la querida Francia).

Y les dejo estas palabras del Dr. Goebbels en un cartel publicitario que también me llamaron mucho la atención pero que no sé qué quieren decir. Si es que ya lo decía el periodista de Barcelona…

ALLES kann in diesem Kriege möglich sein, NUR NICHT dass wir jemals KAPITULIEREN. Dr. Goebbels.

 

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37 comentarios en “Katjuscha/Stalinorgel o “El organillo de Stalin”

  1. [2] En realidad, desde el punto de vista del artillero, el sonido es mucho más potente y profundo y parece que “se te mete dentro” y te oprime el pecho.

    No quiero ni pensar cómo suena dede el punto de vista del objetivo.

  2. Funes, amigo mío, no sabe cómo me alegro de que pudiera volver.
    Lo cierto es que Bilbao está irreconocible y aunque nos vence la nostalgia de la juventud no queda sino aceptar que el cambio ha sido para bien.
    Los directores de cine y los fotógrafos echan de menos los contenedores y las grúas donde ahora está el Guggenheim, todo aquéllo de la ciudad dura, industrial, en blanco y negro.
    El aficionado normal se acuerda también de la crisis de la industria, el humo, la batalla campal de los astilleros bajo el Puente de Deusto.
    Dentro de treinta años volvemos a hablar.

  3. Otras acepciones:
    Cisne: ave inspiradora de cuentos y películas.
    Codorniz: antigua revista de humor.
    Pavo real: pavo que no es imaginario.
    Faisán: cosa chunga donde las halla…

  4. Los habría mandado a todos fusilar, Tse, pero no sólo Stalin, a mí me acojonaría mucho esa puesta en escena en plan grupo de San Francisco setentón que aparecían vestiditos de soldados.

    Una lástima haberle dado al dedito y haber borrado unos carteles en los que bolcheviques y nazis, cada uno en sus respectivos países, publicitaban a su sociedad civil lo buenos y maravillosos, los muy amigos, que eran los bolcheviques y los nazis. La gran afinidad, el hermanamiento legendario, el amor total.

  5. ¡Ah!, y también creo que perdí fotos en prensa de amor total con Gorbi y los políticos de aquellos años tras la caída del muro. Y aquí no pasa ná.

  6. [4] Funes: No quiero ni pensar cómo suena dede el punto de vista del objetivo.

    Mi abuelo divisionazulista me contó cuatro cosas de la guerra -no hablaba demasiado del asunto. Una de ellas, lo que acojonaba que te cayera encima una traca de los órganos de Stalin (él no decía ‘organillos’, que no era ni Pichi ni un paraca bujarroski de esos). Y sí, daba miedito, aunque él siempre se quejó más de los morteros de toda la vida. Parece que cuando la bomba cae en vertical es un poco más jodido todavía esconderse de ella.

    Como siempre nos pasa con los muertos, ahora lamento no haberme sentado con él unas cuantas tardes con un casete para que me contase algunas hazañas bélicas. Su exuberante botín de guerra fue una placa de identificación, un papel con la concesión de una Cruz de Hierro de 2ª y una manta mugrienta que utilicé de alfombra en mi primer piso de soltero. Todo un saqueador, el tío.

  7. Querido Emilio sigue marcando la agenda política y económica del país. Hasta el viernes leía yo a esos de la izquierda quejarse de que los bancos gobernaran España. Desde el sábado, cuando querido Emilio le dijo al Presidente del Gobierno (que yo creo que en solidaridad con los parados españoles, también ellos lo están) aquello de que no especulara con su relevo en el Gobierno, en el partido y demás, desde ese día no he escuchado yo a las izquierdas quejarse de que un banquero dirige el Gobierno de España.
    O yo no los sintonizo bien (que seguro que será eso) o callan como… como han callado, o hablado con la boquita pequeña, cuando la acción humantaria defensiva en Libia.
    Respecto a esto de la guerra y demás, he de reconocer que van aprendiendo. Poquito a poquito (muy poquito a poco) irán aprendiendo eso de si vis pacem, para bellum. Otra cosa es que lo interpreten a su manera.

  8. Reconozcamos que Zaptaero se lo ha montado mejor que Aznar. Aznar acudía al palco del Real madrid, o lo invitaban, para que allí hubiera conchabeo de capitalistas y se cerraran operaciones tratos, etc. Se cuetna que algunas leyes que el Gobierno de Aznar aprobó tuvieron su origen en distendidas charlas en el palco del Real Madrid.
    Zapatero no lo ha hecho. Ha invitado a Florentino y a otros empresarios a la Moncloa para que le digan lo que tiene que hacer.

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